Ecos de la Palabra

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Me voy, pero volveré a su lado

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utlima cena 3Martes de la V semana de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (14, 27-31)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden.

Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí,pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el capítulo que leemos, Jesús corrige uno a uno los malos entendidos que los discípulos tienen sobre su partida y les revela cómo deben entenderla: reconocer su muerte como regreso al Padre y como el comienzo de una nueva forma de presencia en medio de ellos y del mundo.

Su partida no es una desgracia, al contrario, trae nuevas bendiciones y promesas que habrá que acoger con atención y amor.  El “ser discípulo”, supone básicamente escuchar, acoger y observar estas enseñanzas con un confianza total.

Ayer escuchamos las dos primeras promesas de Jesús. Detengámonos hoy en las consecuencias. La primera es el don de la paz: «La paz les dejo, mi paz les doy». Se trata de la paz de Jesús, que es seguridad y protección que proviene de Él.

Esta paz se basa en la comunión del Padre y del Hijo que nos habita y la presencia del Espíritu Santo que nos guía. Esta paz brota en la vida de quien vive en presencia de Dios y orienta su vida por el camino del evangelio. Quien acoge la presencia del Padre y del Hijo en su vida y camina bajo la guía del Espíritu Santo, enfrenta la vida de manera distinta: con paz.

La segunda consecuencia es que Jesús comparte su alegría: «Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo.» La mayor alegría es la del amor; el amor de los discípulos debe transformarse en alegría porque Jesús llega a la plenitud de la bienaventuranza y porque ello es garantía de que sus discípulos también la alcanzarán.

 

No pierdan la paz ni se acobarden

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Martes de la V semana de Pascua

Textos 

† Del evangelio según san Juan (14, 27-31)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden.

Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Este pasaje, con el que concluye el primer coloquio de Jesús con los suyos, es un fragmento compuesto, y contiene palabras de despedida y de consuelo por parte del Maestro, que deja su comunidad y vuelve al Padre.

Jesús, al despedirse de los suyos, les desea la «paz», el shalom, que es el conjunto de los bienes mesiánicos, un don que viene de Dios y que Jesús posee. El motivo del consuelo debe prevalecer sobre el temor y la inquietud: él, Jesús, es la paz.

Por eso añade Jesús una exhortación a la alegría. Aunque estén tristes por el alejamiento y el temor de quedarse solos, la separación de los discípulos respecto a Jesús es el paso hacia un bien mejor. Jesús va al Padre porque «el Padre es más» que él, es la plenitud de su gloria.

Ahora bien, la vuelta del Hijo al Padre está unida de manera inseparable al escándalo de la cruz. Jesús, con las predicciones que les ha hecho sobre su próxima muerte, no sólo pretende sostener la fe de los discípulos en el momento de la pasión, sino que quiere mostrar que los hechos que van a tener lugar forman parte del proyecto de Dios. En consecuencia, los suyos no deberán desanimarse: la fe será su fuerza y su único consuelo.

El tiempo terreno del Maestro está ahora a punto de concluir, le quedan pocos momentos para conversar aún con sus discípulos, «porque se acerca el príncipe de este mundo». Aunque se acerca Satanás, no tiene ningún poder sobre Jesús. Éste no tiene pecado y Satanás no tiene posibilidad de atacarle. La vida de Jesús está bajo el signo de la voluntad del Padre y se entrega libremente a la muerte en la cruz para que el hombre conozca la verdad.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., IV, 291-292.