Ecos de la Palabra

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Como el Padre me ama, así los amo yo

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Jueves V de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (15, 9-11)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

¿Cuál es el fundamento del amor de Jesús por los suyos? El texto responde a esta pregunta. Todo tiene su origen en el amor que hay entre el Padre y el Hijo. A esta comunión hemos de reconducir todas las iniciativas que Dios ha realizado en su designio de salvación para la humanidad: «Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a vosotros. Permanezcan en mi amor».

Ahora bien, el amor que Jesús alimenta por los suyos requiere una pronta y generosa respuesta. Ésta se verifica en la observancia de los mandamientos de Jesús, en la permanencia en su amor, y tiene como modelo su ejemplo de vida en la obediencia radical al Padre hasta el sacrificio.

Las palabras de Jesús siguen una lógica sencilla: el Padre ha amado al Hijo, y éste, al venir a los hombres, ha permanecido unido con él en el amor por medio de la actitud constante de un «sí» generoso y obediente al Padre.

Lo mismo ha de tener lugar en la relación entre Jesús y los discípulos. Éstos han sido llamados a practicar, con fidelidad, lo que Jesús ha realizado a lo largo de su vida. Su respuesta debe ser el testimonio sincero del amor de Jesús por los suyos, permaneciendo profundamente unidos en su amor.

El Señor pide a los suyos no tanto que le amen como que se dejen amar y acepten el amor que desde el Padre, a través de Jesús, desciende sobre ellos. Les pide que le amen dejándole a él la iniciativa, sin poner obstáculos a su venida. Les pide que acojan su don, que es plenitud de vida. Para permanecer en su amor es preciso cumplir una condición: observar los mandamientos según el modelo que tienen en Jesús.

[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., IV, 302-303.

Como el Padre me ama, así los amo yo

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ultima cena

14 de Mayo

San Matías apóstol

Textos

† Del evangelio según san Juan (15, 9-17)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo.

Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos.

Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre.

Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el pasaje del evangelio que consideramos vemos la centralidad de Jesús: de qué manera él nos “pertenece” y cómo se le “pertenece” a Jesús. Lo cierto es que si esto sucede, su vida en nosotros comenzará a producir el fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas.

El amor recibido es el que nos hace capaces de amar. Es así como Jesús nos cuenta el secreto de su vida, de su alegría, de su fecundidad misionera, Él dice: soy amado. «Como el Padre me ama así los amo yo». Por tanto, la experiencia fundamental del discípulo es saberse amado.

Al decir esto, Jesús se refiere a tres cosas: 1. Al origen del amor: viene del corazón del Padre, desciende a través del Hijo y llega a los discípulos. 2. El modelo del amor: el amor del Padre por el Hijo es la fuente y el modelo del amor de Jesús por sus discípulos. 3. La intensidad del amor: el “así como” con el cual Jesús comienza su frase, implica el amor entrañable del Padre y del Hijo, es el amor que Jesús ofrece a sus discípulos.

El amor pide reciprocidad. Para la amistad se necesitan dos. Por eso, la frase siguiente de Jesús: «permanezcan en mi amor» es una invitación a responder al amor. Jesús se refiere a tres decisiones que debe tomar el discípulo con relación a él: 1. Dejarse amar. Permanecer en su amor es insertarse en ël, es entrar en una estrecha comunión de vida con él, acogiendo todos los signos de su amor, es decir, dejándose amar tal cómo ha querido hacerlo con nosotros. 2. Actuar según el querer de Dios. Permanecer en su amor es querer lo que Él quiere. Al amor primero se le responde con obediencia porque se ha captado el mensaje del amor y se entra en una increíble sintonía en la acción. 3. Ser como Jesús. Permanecer en su amor es darle solidez a todas nuestras relaciones, dándoles la fuerza interna del amor del Hijo que permanece en el amor del Padre.

La vida cristiana es una vida de alegría que tiene su raíz en la certeza de ser plenamente amados, mucho más de lo que nos podemos imaginar o esperar, y en el abandono de la vida  en los brazos de Dios. Brota entonces un gran sentido de confianza, de seguridad, de plenitud y fortaleza interior. Es la alegría de Jesús en la nuestra, como lo está su vida en la nuestra, como está su amor en nuestro amor.

Esta alegría da entusiasmo, genera creatividad y valentía para realizar nuevos proyectos. De repente somos capaces de renuncias que para otros resultan humanamente inexplicables. Porque nos sabemos muy amados por Dios, nos sentimos impulsados a amar mucho más, muchos temores se desvanecen y la vida entonces se llena de sentido en el gastarse por los demás. ¡En todo lo que hacemos, el fuego del entusiasmo arde por dentro!