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¿Qué cosa cuenta realmente en mi vida?

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I Domingo de Cuaresma C

I C Tentaciones - 3El Papa Benedicto XVI dedicó su catequesis del Miércoles 13 de febrero, a la contemplación de la escena evangélica de las tentaciones de Jesús en el Desierto que consideramos en este primer Domingo de Cuaresma. Demos paso a la enseñanza del Papa, ¡Qué mejor Maestro!.

Queridos hermanos y hermanas:

…. En esta catequesis quisiera reflexionar sobre este momento de la vida terrena del Señor [las tentaciones en el desierto], que leeremos en el Evangelio del próximo domingo.

Antes que nada, el desierto donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre está privado de los apoyos materiales y se encuentra ante las preguntas fundamentales de la existencia, está destinado a ir a lo esencial y por ello es más fácil encontrar a Dios. Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay agua no hay tampoco vida, y es el lugar de la soledad, en el que el hombre siente más intensa la tentación.

Jesús va al desierto y allí experimenta la tentación de dejar el camino indicado por el Padre para seguir otros caminos más fáciles y mundanos (cfr Lc 4,1-13). Así Él  carga con nuestras tentaciones, porta consigo nuestra miseria para vencer al maligno y abrirnos al camino hacia Dios, el camino de la conversión.

Reflexionar sobre las tentaciones a las que es expuesto Jesús en el desierto es una invitación para cada uno de nosotros a responder a una pregunta fundamental: ¿qué cosa cuenta realmente en mi vida? En la primera tentación el diablo propone a Jesús cambiar una piedra en pan para calmar el hambre. Jesús responde que el hombre vive de pan, pero no sólo de él: sin una respuesta al hambre de verdad, al hambre de Dios, el hombre no se puede salvar (cfr vv. 3-4).

En la segunda tentación, el diablo propone a Jesús el camino del poder: lo conduce a lo alto y le ofrece el dominio del mundo; pero no es éste el camino de Dios: Jesús tiene bien claro que no es el poder mundano el que salva al mundo sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor (cfr vv. 5-8).

En la tercera tentación el diablo propone a Jesús lanzarse del pináculo del Templo de Jerusalén y hacerse salvar por Dios con sus ángeles, cumplir así cualquier cosa sensacional para poner a prueba a Dios mismo. Pero la respuesta es que Dios no es un objeto al que se le impone nuestras condiciones: es el Señor de todo (cfr vv. 9-12).

¿Cuál es el núcleo de las tres tentaciones que experimenta Jesús? Es la propuesta de instrumentalizar a Dios, de usarlo para los propios intereses, para la propia gloria y para el propio éxito. Y entonces, en esencia, ponerse uno mismo en el lugar de Dios, sacándolo de la propia existencia y haciéndolo parecer superfluo. Cada uno debería preguntarse entonces: ¿qué lugar tiene Dios en mi vida? ¿Es Él el Señor o lo soy yo?I C Tentaciones - 2

Superar la tentación de someter a Dios a sí y a los propios intereses o de ponerlo en un ángulo y convertirse al justo orden de prioridad, dar a Dios el primer puesto, es un camino que cada cristiano debe recorrer siempre de nuevo. “Convertirse”, una invitación que escucharemos muchas veces en Cuaresma, significa seguir a Jesús de modo que su Evangelio sea guía concreta de la vida, significa dejar que Dios nos transforme, dejar de pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia, significa reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y sobre todo “perdiendo” nuestra vida en Él podemos ganarla.

Esto exige hacer nuestras elecciones a la luz de la Palabra de Dios. Hoy ya no se puede ser cristianos como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas: también quien nace de una familia cristiana y es educado religiosamente debe, cada día, renovar la opción de ser cristiano, es decir dar a Dios el primer lugar ante las tentaciones que una cultura secularizada propone continuamente, ante el juicio crítico de muchos contemporáneos.

Las pruebas a las cuales la sociedad actual somete al cristiano, de hecho, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior, no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, como el aborto en el caso de un embarazo no deseado, la eutanasia en caso de enfermedad grave o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. La tentación de poner aparte la propia fe siempre está presente y la conversión se vuelve una respuesta a Dios que debe ser confirmada más veces en la vida.

Son ejemplo y estímulo las grandes conversiones como la de San Pablo en el camino a Damasco, o la de San Agustín, pero también en nuestra época de eclipse del sentido de lo sagrado la gracias de Dios actúa y obra maravillas en la vida de muchas personas. El Señor no se cansa de tocar a la puerta del hombre en contextos sociales y culturales que parecen infestados por la secularización, como sucedió con el ruso ortodoxo Pavel Florenskij.

Luego de recibir una educación completamente agnóstica, tanto así como para probar verdaderamente la propia hostilidad hacia la enseñanza religiosa impartida en la escuela, el científico Florenskij se descubre exclamando: “¡No, no se puede vivir sin Dios!” y cambia completamente su vida, tanto así que se hace monje.

Pienso también en la figura de Etty Hillesum, una joven holandesa de origen judío que murió en Auschwitz. Inicialmente lejana a Dios, lo descubre mirando en profundidad dentro de sí misma y escribe: “Un pozo muy profundo hay dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. Tal vez logre alcanzarlo, aunque lo cubren con frecuencia la piedra y la arena Dios está sepultado. Hace falta de nuevo que lo desentierre” (Diario, 97).

En su vida dispersa e inquieta, reencuentra a Dios en medio de la gran tragedia del novecientos, la Shoah. Esta joven frágil e insatisfecha, transfigurada por la fe, se transforma en una mujer llena de amor y paz interior, capaz de afirmar: “Vivo constantemente en intimidad con Dios”.

La capacidad de oponerse a las adulaciones ideológicas de su tiempo para así elegir la búsqueda de la verdad y abrirse al descubrimiento de la fe es testimoniada por otra mujer de nuestro tiempo, la estadounidense Dorothy Day. En su autobiografía confiesa abiertamente que ha caído en la tentación de resolver todo con la política, adhiriéndose a la propuesta marxista: “Quería ir con los manifestantes, ir a la cárcel, escribir, influenciar a otros y dejar mi sueño al mundo. ¡Cuánta ambición y cuánta búsqueda de mí misma había en todo esto!”

I C TentacionesEl camino hacia la fe en un ambiente así secularizado era particularmente difícil, pero la Gracia obra, como ella misma subraya: “es cierto que sentí más frecuentemente la necesidad de ir a la iglesia, de arrodillarme, de poner mi cabeza en oración. Un instinto ciego, se podría decir, porque no era consciente de rezar. Pero iba, me ponía en la atmósfera de oración…” Dios la ha conducido a una adhesión consciente a la Iglesia, en una vida dedicada a los desheredados.

En nuestra época no son pocas las conversiones intensas como el retorno de quien, luego de una educación cristiana con frecuencia superficial, se ha alejado por años de la fe y luego redescubre a Cristo y su Evangelio. En el libro del Apocalipsis leemos: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo” (3, 20). Nuestro hombre interior debe prepararse para ser visitado por Dios y por ello no debe dejarse invadir por las ilusiones, las apariencias, las cosas materiales.

En este tiempo de Cuaresma, en el Año de la Fe, renovemos nuestro esfuerzo en el camino de conversión, para superar la tendencia de cerrarnos en nosotros mismos y para hacer, en vez de eso, espacio a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana. La alternativa entre cerrarnos a nuestro egoísmo y la apertura al amor de Dios y los demás, podríamos decir que corresponde a la alternativa de las tentaciones de Jesús: alternativa entre el poder humano y el amor de la Cruz, entre una redención vista solo en el bienestar material y una redención como obra de Dios, al que debemos dar el primado en la existencia.

Convertirse significa no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio, de la propia posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad y la fe en Dios y el amor se conviertan en la cosa más importante.

 

…y fue tentado por Satanás (Mc 1,12-15)

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 Primer domingo de cuaresma – ciclo B

La cuaresma

La cuaresma es el tiempo propicio para «progresar en el conocimiento de Cristo, abrirse a su luz para llevar una vida más cristiana». Es un camino de renovación interior que nos lleva a celebrar existencialmente la Pascua. La Iglesia, en la liturgia cuaresmal nos ayuda poniendo a nuestra contemplación  algunas de las más bellas páginas de la Biblia invitándonos a meditar en diversas etapas de la historia de la salvación en las que Dios forma, educa y hace alianza con su pueblo, alianza que se renovará de manera definitiva en Jesús de Nazaret y de la que nosotros participamos por el bautismo.

Cada año, el primer domingo de Cuaresma nos lleva a contemplar a Jesús, en el desierto, tentado por el demonio. Esta emocionante escena es el preludio de todo el ministerio de Jesús y también de los caminos que el discípulo está llamado a recorrer en el seguimiento del Maestro. Contemplando esta escena la pedagogía cuaresmal nos ubica al inicio del camino de renovación espiritual, en la lucha que se da en el corazón del discípulo de Jesús para permanecer fiel a la alianza que en el bautismo se ha hecho con Él.

… el Espíritu le empujó al desierto, 

Una vez que Jesús ha asumido el proyecto del Padre como suyo, los primeros pasos de su camino lo llevan a la consolidación de la experiencia vivida. El Espíritu lo conduce al desierto, el espacio de la maduración, de la formación, de la escucha. Curiosamente el Espíritu no lo ha conducido inmediatamente a la misión, sino a la experiencia del combate con el maligno.

Para el hombre de la biblia el desierto es una imagen ambivalente. Al mismo tiempo que evoca un lugar inhóspito, peligroso, silencioso, lugar de penurias y donde habita el mal, es también el lugar de la purificación, de la renovación de la alianza, de la experiencia del cuidado amoroso de Dios que hace sentir de manera palpable su fidelidad.

… y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás.

A diferencia de Mateo y Lucas, el relato de Marcos es muy austero. No describe con detalle la experiencia de Jesús ni nos dice en qué consisten las tentaciones pero nos hace entender que duran los 40 días y que lo que está a prueba es la fidelidad de Jesús al camino trazado por el padre. No se trata pues de momentos puntuales y aislados en la vida de Jesús, sino de una constante que también se reproducirá, como punto de partida para la misión, en la vida de sus discípulos.

Las tentaciones atraviesan la vida de Jesús y en todas ellas Jesús constantemente renueva su fidelidad al proyecto del Padre. El evangelio es elocuente al presentarnos a Jesús en la disyuntiva de elegir un camino distinto al trazado por Dios para su Mesías. Así sucede cuando los fariseos que le piden demostraciones de poder (cfr. Mc 8,11-13); cuando Simón que acaba de confesarlo como Hijo de Dios vivo intenta apartarlo del camino (Mc 8,33); cuando siente inminente su muerte y pide a Dios que aleje de él esa prueba (Mc 14,35) y cuando quienes lo crucificaron lo desafían a bajarse de la cruz (Mc 15,30).

…estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.

Llama la atención que la escena ubica a Jesús entre los animales del campo. El desierto es un lugar en el que la gente corría peligro al verse a merced de los animales salvajes. El estar entre ellos, conviviendo pacíficamente, evoca el ideal mesiánico anunciado por Isaías según el cual, cuando llegara el Mesías, animales tan diferentes como el lobo  y el cordero, la vaca y la osa, estarían juntos, simbolizando así el fin de la violencia.

Por otra parte el servicio de los ángeles evoca la protección de Dios, indicando así que Dios está junto a su Hijo en los momentos de fidelidad y de qué lado está en los conflictos de la historia. Se presenta a Jesús como un nuevo Adán, prototipo de una humanidad nueva en la que se encarna y en la que forma a sus discípulos que, al seguirlo, están llamados a identificarse con Él.

¿Cómo actúa Satanás?

El enemigo hace, en quien permite que el mal se anide en su corazón, que se olvide de que es imagen de Dios y de que tiene la dignidad de Hijo de Dios. La persona se encierra en su ego, es feliz aislándose, porque desconfía de los demás; justifica todo con tal de tener lo que considera necesario para una vida plena. Pierde la capacidad de ver en la creación la presencia de Dios; en las cosas, en las criaturas y en las personas ve objetos que puede manipular para llenar sus necesidades.

Sin embargo el mal es débil, no tiene existencia por sí mismo, sólo puede subsistir engañando y tomando prestada la existencia que le concedamos en nuestras vidas. Este es el testimonio de los santos, que vivieron como nosotros los embates del mal y nos enseñan que el mal no tiene fuerza en sí, sobrevive por la fuerza que el ser humano le proporciona.

San Ignacio en una de las reglas para el discernimiento de espíritus subraya que el enemigo es flaco por fuerza y solamente fuerte por grado, es decir, débil por naturaleza y envalentonado cuando nos apocamos. Para san Ignacio la única manera de vencerlo es darle la cara, enfrentarlo, desenmascararlo, ponerlo al descubierto, pues ante la resolución de quien ha descubierto sus trucos, el demonio no tiene poder.

El mal es descrito como un parásito que no tiene existencia real más allá de la que cada quien le adjudique con sus pensamientos, actitudes y acciones egoístas. Pero no por eso es menos peligroso: actúa conquistando la conciencia, haciéndonos creer que somos seres egoístas y crueles, haciendo que el corazón de carne con el que Dios nos creó se convierta en un corazón de piedra, insensible al hermano.

El mal se anida en los pensamientos del ser humano y se manifiesta en las actitudes que Pablo describió en sus cartas como «obras de la carne»: injusticia, perversidad, codicia, maldad, envidia, homicidio, pleitos, engaños, malicia, difamación, traición, odio de Dios, ultrajes, altanería, habilidad para hacer el mal, insensatez, etc. (Rom 1, 29).

La presencia del mal en la vida humana es bastante más compleja y sutil que sus manifestaciones más obvias. Su acción destructiva no es siempre perceptible ya que puede enmascararse de múltiples formas, hasta en los más altos ideales. Pero en cualquier caso, deja en quien lo padece una sensación de vacío interior, sinsentido, aislamiento y desánimo, más allá de las alegrías efímeras que proporcionan los satisfactores materiales o intelectuales que se procura.

Si reconocemos que el mal actúa así en nuestra vida y reconocemos que presentamos los síntomas de sus obras, ¿cómo podemos ser liberados de él? Precisamente la respuesta existencial a esta pregunta, centrada en el encuentro con Cristo, es el centro y meta de toda la mistagogía cristiana. De aquí la importancia de no sólo preparar para el bautismo, sino de formar en la perseverancia, para que los signos elocuentes de la experiencia bautismal tengan un significado existencial.

El discípulo de Jesús debe saber que pasará por las pruebas de su Maestro. La cuaresma es un tiempo propicio para confrontar la verdad de la propia vida con el proyecto de Dios, para revisar las formas sutiles en las que el maligno enemigo ha logrado engañarnos, de fortalecernos en la certeza de que Dios siempre es fiel y que con su auxilio podemos salir victoriosos del asedio de Satanás.

Hagamos la experiencia del desierto cuaresmal, a ello nos ayudan la oración, el ayuno y la penitencia. Que renovada, con la ayuda de Dios, la fidelidad a nuestra identidad fundamental podamos vivir y permanecer en la dinámica de la Pascua, de la vida que Dios nos da en su Hijo Jesucristo.