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Santiago, hijo de Zebedeo

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Santiago-el-Mayor-El-Greco 25 de julio

Santiago, Apóstol

Textos

† Del evangelio según san Mateo (20, 20-28)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición.

El le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?”.

Ellos contestaron: “Sí podemos”.

Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús había conocido a Santiago a orillas del mar de Galilea y lo había llamado a seguirle, junto a su hermano Juan. Santiago llamado el «mayor», para distinguirlo del otro Santiago, empezó su camino de discípulo cuando respondió de inmediato a la invitación de Jesús a seguirlo.

Como todos los demás, no siempre comprendió el plan de amor del Señor para su vida y también él, como los demás, se dejó vencer por la tentación de pedir un lugar, un papel. En realidad, ser discípulo requiere ante todo escuchar al Maestro y no procurarse un lugar. Por desgracia es muy fácil caer en la tentación de ser maestro de uno mismo. Y a veces pasa de manera sutil, cuando intentamos realizarnos a nosotros mismos, como se suele decir.

¡Para realizarnos a nosotros mismos tenemos que salir de nosotros mismos, y no ponemos en el centro u ocupar los primeros puestos! El discípulo escucha ante todo al maestro para hacerse similar a él y para recibir de él la misión que debe llevar a cabo.

Ser discípulo requiere estar siempre con atención cerca del Señor, escuchar continuamente la Palabra de Dios. En ese sentido, no se puede ser discípulo de una vez por todas. Hay que decidir cada día escuchar la Palabra y seguirla. El episodio que narra Mateo pone de manifiesto la dificultad que tenemos cada uno de nosotros para seguir al Señor.

La madre de aquellos dos hijos no hizo nada ingenuo al pedir un lugar para ellos a la diestra de Jesús. Y la reacción celosa de los demás no se hace esperar. Jesús, con paciencia, corrige y continúa hablando con todos ellos.

El encuentro con Jesús resucitado y la acogida del Espíritu Santo en su corazón hicieron de Santiago un testigo del Evangelio hasta derramar su sangre. Según la tradición fue el primer apóstol que sufrió el martirio. Aquel día Santiago probó el mismo cáliz que bebió Jesús. Su vida se había igualado a la del Maestro: la había gastado para los demás. Es lo que le había pedido su Señor. Y obedeciendo hasta el final, Santiago llevó a cabo la misión que Jesús le había encomendado.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 291-292.