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¿De dónde me conoces?

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Tiempo Ordinario

San Bartolomé, apóstol

Textos

† Del evangelio según san Juan (1, 45-51)

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”.

Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.  Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”.

Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Al celebrar la fiesta de San Bartolomé apóstol, leemos el Evangelio del primer encuentro de Jesús con Natanael, a quien la tradición identifica con Bartolomé. El evangelio nos remite junto con él a su experiencia vocacional.

En su primer día como discípulo, Natanael recorre un camino de conocimiento progresivo del Señor que lo lleva a hacer el primer acto de fe de todo el evangelio de Juan. 

Para Natanel, el rostro de Jesús se va desvelando progresivamente, así: Primero.  Jesús es la Plenitud de las Escrituras. Es el testimonio que Felipe le da a Natanael, quien no lo hace usando definiciones abstractas, sino que afirmando que en Él se ha cumplido lo que la Ley y los Profetas habían anunciado. Por lo tanto el mensaje para Natanael es: “si tú quieres permanecer fiel al Antiguo Testamento, a todo el proceso histórico de la revelación de Dios, debes reconocer a Jesús, quien es su máxima realización”. Segundo: Jesús es el Hijo de Dios. Tercero. Jesús es el Rey de Israel.

En un primer momento, la reacción inicial de Natanael ante el testimonio de Felipe es de escepticismo, incluso prejuicio:  “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?”.

Pero Felipe no se pone a convencerlo con muchos argumentos y pruebas, no le sigue el juego a la discusión. Es cierto que cuando hay prejuicios las palabras no sirven. Por eso simplemente lo invita: “Ven y lo verás”.  El verdadero conocimiento de Jesús no puede venir sino del encuentro con Él.  De ahí que la invitación de Felipe a Natanael puede sonar así: “Deja aparte tus ideas y tus prejuicios, y confía en el encuentro con Jesús, después saca tus propias conclusiones”.

Entonces llega para Natanael el momento decisivo. Su encuentro personal con Jesús es un don y no conseguirá reponerse más del estupor: descubre que Jesús conoce su corazón. Jesús sabe que Natanael es un israelita en quien no hay falsedad, un hombre “de una sola pieza”, honesto: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”.

Entonces escuchamos la reacción:  “¿De dónde me conoces?”. Jesús le hace saber que conoce algunas cosas suyas estrictamente personales: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”.

La expresión “te vi cuando estabas debajo de la higuera”, cualquiera que sea la explicación de lo que fue visto, lo importante es que se trata de algo muy personal.  El hecho es que Jesús lo conoce y que este conocimiento lo une más estrechamente a él.  El conocimiento profundo y personal es la base de grandes amistades.

La reacción de estupor de Natanael culmina en su confesión de fe: “Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Natanael llega más lejos que los discípulos anteriores. Al hacerle caer en cuenta que lo que ha dicho es una expresión de fe, Jesús acoge a Natanael como su discípulo: “mayores cosas has de ver” y lo comienza a vivificar como hijo de Dios.  El sentirse conocido y amado le ha abierto los ojos a Natanael.  El discipulado es una dinámica de vida basada en el conocimiento y el amor.

Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez

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bartolome24 de agosto

San Bartolomé, Apóstol

Textos

† Del evangelio según san Juan (1, 45-51)

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”.

Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.  Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”.

Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Hoy la Iglesia celebra al apóstol san Bartolomé. Era originario de Caná de Galilea y el cuarto evangelio lo identifica con el nombre de Natanael que significa Dios ha dado.

Su amigo Felipe lo llama y lo lleva donde Jesús, que al verlo dice de él: « Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez». Pero el encuentro con el joven profeta de Nazaret -como ya había pasado con Andrés y Felipe- es decisivo para Natanael. Decide cambiar de vida. Deja su casa y a sus familiares y se pone a seguir a Jesús que lo llamará a formar parte de los Doce.

Después del día de Pentecostés, Bartolomé fue a predicar el Evangelio a India y Armenia, según la tradición, donde le arrancaron la piel y murió mártir. Su cuerpo reposa en la Basílica romana de San Bartolomé de la Isla, santuario de los Nuevos Mártires del siglo XX.

El Evangelio de hoy narra su encuentro con Jesús. Felipe, que ya conocía al joven profeta de Nazaret, le explica a Natanael la extraordinaria fuerza de este joven profeta. Natanael plantea objeciones desde el prejuicio y el realismo de quien ya no espera nada bueno de la vida: «¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?». Felipe no intenta aclarar o resolver la duda de Natanael, sino que lo invita a conocer a Jesús. La fe no es fruto de razonamientos sino de conocer personalmente a Jesús. Y mientras Natanael se acerca, oye que Jesús dice palabras buenas sobre él. Y el joven profeta de Nazaret le hace comprender que lo amaba incluso desde antes de conocerle: «Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera».

Jesús ilumina el corazón de aquel hombre justo, que siente que el Señor le conoce profundamente y dice: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel». Y Jesús, ante esta confesión de fe, le promete que verá cosas mucho mayores.

Los ángeles que «suben y bajan sobre el Hijo del hombre», el antiguo sueño de Jacob, son el sueño de Jesús para sus discípulos, y recuerdan a Natanael-Bartolomé y a los discípulos de todos los tiempos que el sueño de Dios para la humanidad no ha terminado. Cada vez que dejamos que la palabra del Evangelio toque nuestro corazón vuelven a abrirse los cielos sobre este mundo.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 323-324.