Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: óbolo de la viuda

Ella, en su pobreza, ha dado todo

0


Tiempo Ordinario

Lunes de la XXXIV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (21, 1-4)

En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

Jesús, que todavía está en el templo, acaba de precaver a quienes le escuchan del comportamiento de los escribas que hacen ostentosas oraciones pero oprimen a las viudas. Mientras está hablando observa a algunos ricos que hacen su exigua ofrenda con gran pomposidad. En un momento dado llega una pobre viuda que, casi a hurtadillas, echa al tesoro del Templo solamente dos monedas.

El gesto y la pequeña suma de aquella pobre mujer parecen totalmente irrelevantes respecto a lo que han dado los ricos. No obstante, aquel gesto, que es insignificante para la mentalidad de este mundo, es eterno para el Señor. Su gesto no es el resultado de un cálculo protagonista sino únicamente del amor por su Dios. Aquella viuda ama realmente a Dios con toda su alma, con todas sus fuerzas, con todo su ser, hasta dar lo que tiene para vivir. Y el amor hizo inmortal aquel gesto, del mismo modo que hace inmortal toda palabra y toda acción buena que tenemos con los débiles y los pobres.

Cabe destacar que las limosnas que se echaban en las arcas del templo se utilizaban para la organización del culto, para el mantenimiento de los sacerdotes y para ayudar a los pobres. Aquella pobre viuda, pues, se sentía responsable de ayudar al culto y a los pobres. Es un matiz importante para evitar una falsa concepción que divide a quien da y a quien recibe. La pobre viuda se siente responsable de ayudar también ella a quien tal vez es más pobre que ella. Nadie es tan pobre como para no poder ayudar a otro que es más pobre que él. Así pues, hay una circularidad en el ayudarse entre quien tiene más y quien tiene menos.

El amor no nos divide en categorías sino que, al contrario, nos une en una solidaridad circular en la que ya se sabe quién ayuda y quién recibe. Esto es evidente en aquellos lugares de caridad donde quien tiene más bienes sabe darlos a quien tiene menos: aquí todos reciben y todos dan. Y es una gran verdad la que vemos en esta escena evangélica: poniendo a esta pobre viuda como ejemplo para todos Jesús afirma que los pobres nos evangelizan.

Sí, los pobres nos hacen comprender, a nosotros que nos consideramos sanos, nuestra debilidad, nuestra pequeñez y, sobre todo, lo que somos ante Dios: pobres mendicantes de amor. Los pobres nos lo recuerdan. Del mismo modo que son también ellos, los que nos abren las puertas del cielo. Gregorio Magno, y con él toda la tradición de la Iglesia, nos recuerdan que los pobres a los que hemos ayudado son nuestros más poderosos intercesores ante Dios.

En su pobreza ha dado todo lo que tenía para vivir…

0

Tiempo Ordinario

Domingo de la XXXII semana

Ciclo B

Textos

† Del evangelio según san Marcos (12, 38-44)
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso”.
En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir”. Palabra del Señor.

Descargar los textos en PDF

Mensaje

Estamos llegando al final del año litúrgico y comienza la conclusión del evangelio de Marcos que nos acompañó domingo a domingo durante este ciclo litúrgico.

En este evangelio la formación de los discípulos concluye con el llamado «discurso escatológico» que tiene la intención de llamar a quienes siguen al Señor a vivir en permanente vigilia, descubriendo los signos del resucitado en la historia.

La constante en esta sección es el llamado a la vigilancia. El preámbulo una instrucción a los discípulos a quienes coloca frente a tres personajes para que se evalúen y se pregunten en qué medida han alcanzado la estatura del discípulo del Reino, es decir, del discípulo que está en verdadera sintonía con el Hijo.

Los tres personajes son: los escribas –expertos en la Ley de Dios-, los ricos generosos y una viuda pobre. Tienen en común que se consagran a la causa de Dios. Los primeros con la enseñanza de la ley, los segundos con sus limosnas generosas para el sostenimiento del Templo y la viuda –sin el prestigio de los anteriores- que se da a si misma dando como ofrenda lo que tiene para vivir.

Los escribas

Sobre los primeros personajes, los escribas, hay una advertencia: ¡Cuídense! Con ella se invita al discípulo a mirar el comportamiento de los maestros de la ley, a reflexionar sobre él y distinguir el tipo de comportamiento que no corresponde a los valores del Reino, trabajando para evitarlo o, si es el caso, purificarlo.

El comportamiento de los escribas es descrito por el evangelista con cuatro actitudes: 1) la exhibición del ropaje considerado signo de nobleza; 2) la búsqueda de la honra debida a los maestros llamando la atención en los espacios públicos; 3) la búsqueda de los puestos de honor y 4) la apropiación del dinero de las viudas so pretexto de asistencia religiosa.

Con las tres primeras actitudes descritas, los escribas hacen valer “los derechos” que le corresponden a un Maestro de la Ley. Sin embargo, Jesús, al destacarlas, deja ver la motivaciones internas de quienes, estando al servicio de Dios, explotan su posición para propio provecho.

La cuarta actitud de los escribas describe un abuso inaceptable. Las viudas dependían de ellos para que les redactaran documentos, defendieran sus derechos de herencia frente a los hermanos o acreedores del difunto esposo o incluso frente a los hijos que reclamaran anticipadamente la herencia; los escribas, aprovechándose de la situación, terminaban por quedarse con parte de la herencia que tenían la oblación de defender. Este exceso los hace acreedores de «una sentencia más rigurosa».

Los ricos generosos

En el Templo de Jerusalén, en el llamado «atrio de las mujeres« se localizaba el «arca del Templo» con sus trece recipientes de bronce para recibir dinero para diferentes propósitos. 

Jesús, cuidadoso observador, «miraba cómo echaba la gente» sus limosnas en las alcancías. Para el Maestro no pasa desapercibido que «muchos ricos echaban mucho»  el evangelista lo destaca como haciendo notar que el gesto de unos se diluía el gesto de los otros, en contraste, lo que no diluye es el gesto de una viuda pobre, que llama la atención al depositar su pobre donativo sin tanto estruendo.

La generosidad de los ricos un signo elocuente de su religiosidad al consagrar a Dios parte de sus riquezas, sin embargo, Jesús destaca que «dan de lo que les sobra», es decir, que dan sin ver alterada su vida y su riqueza.

La viuda pobre

El tercero de los personajes es la viuda pobre. Jesús pone a los discípulos frente al testimonio de esta mujer que sólo «echó dos moneditas» en la alcancía del Templo. Un donativo insignificante, contrastante con lo mucho que daban los muchos ricos que llevaban su ofrenda al Templo. Para Jesús este gesto reviste un gran valor; el Señor ve lo que no es notable a simple vista: la proporción de la ofrenda en relación a lo que cada uno tiene, en otras palabras la mayor o menor capacidad de dar.

En relación a la viuda Jesús puntualiza que dio: «todo lo que necesitaba», «todo cuanto poseía»«todo lo que tenía para vivir». En otras palabras, se dio a si misma.

Mientras la viuda dio «lo que necesitaba» los ricos daban «lo que les sobraba». La capacidad de dar no se mide por la cantidad que se entrega, sino por lo que no se entrega. Por eso la viuda dio más que ninguno, porque «dio todo lo que tenía para vivir», sin reservarse nada par así.

Con su gesto la viuda hace un verdadero acto de culto entregando su propia vida como ofrenda. Con ello expresa su confianza en Dios, entregándole todo, para hacer depender su vida, de manera radical, absoluta e íntegra de Él, de la misma manera como lo hizo Jesús, «el Hijo» durante toda su vida y particularmente en la Cruz.

La enseñanza para el discípulo es clara. Seguir a Jesús implica hacer a un lado las apariencias actuando de manera ostentosa para ser vistos presumiendo una visible religiosidad. El Señor ve la intención del corazón que se manifiesta en los gestos y en las actitudes de la vida ordinaria. Dios no nos pide que le demos lo que nos sobra, el único culto que le es agradable es el que hacemos de nosotros mismos, al entregarle todo lo que tenemos para vivir, es decir, nuestra propia vida.

Esa pobre viuda ha dado más que todos

0

obolo de la viuda
Tiempo Ordinario
Lunes de la XXXIV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (21, 1-4)

En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

Jesús, que todavía está en el templo, acaba de precaver a quienes le escuchan del comportamiento de los escribas que hacen ostentosas oraciones pero oprimen a las viudas. Mientras está hablando observa a algunos ricos que hacen su exigua ofrenda con gran pomposidad. En un momento dado llega una pobre viuda que, casi a hurtadillas, echa al tesoro del Templo solamente dos monedas.

El gesto y la pequeña suma de aquella pobre mujer parecen totalmente irrelevantes respecto a lo que han dado los ricos. No obstante, aquel gesto, que es insignificante para la mentalidad de este mundo, es eterno para el Señor. Su gesto no es el resultado de un cálculo protagonista sino únicamente del amor por su Dios. Aquella viuda ama realmente a Dios con toda su alma, con todas sus fuerzas, con todo su ser, hasta dar lo que tiene para vivir. Y el amor hizo inmortal aquel gesto, del mismo modo que hace inmortal toda palabra y toda acción buena que tenemos con los débiles y los pobres.

Cabe destacar que las limosnas que se echaban en las arcas del templo se utilizaban para la organización del culto, para el mantenimiento de los sacerdotes y para ayudar a los pobres. Aquella pobre viuda, pues, se sentía responsable de ayudar al culto y a los pobres. Es un matiz importante para evitar una falsa concepción que divide a quien da y a quien recibe. La pobre viuda se siente responsable de ayudar también ella a quien tal vez es más pobre que ella. Nadie es tan pobre como para no poder ayudar a otro que es más pobre que él. Así pues, hay una circularidad en el ayudarse entre quien tiene más y quien tiene menos.

El amor no nos divide en categorías sino que, al contrario, nos une en una solidaridad circular en la que ya se sabe quién ayuda y quién recibe. Esto es evidente en aquellos lugares de caridad donde quien tiene más bienes sabe darlos a quien tiene menos: aquí todos reciben y todos dan. Y es una gran verdad la que vemos en esta escena evangélica: poniendo a esta pobre viuda como ejemplo para todos Jesús afirma que los pobres nos evangelizan.

Sí, los pobres nos hacen comprender, a nosotros que nos consideramos sanos, nuestra debilidad, nuestra pequeñez y, sobre todo, lo que somos ante Dios: pobres mendicantes de amor. Los pobres nos lo recuerdan. Del mismo modo que son también ellos, los que nos abren las puertas del cielo. Gregorio Magno, y con él toda la tradición de la Iglesia, nos recuerdan que los pobres a los que hemos ayudado son nuestros más poderosos intercesores ante Dios.