Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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¡No teman!

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caminar-sobre-el-agua 9 de enero o miércoles después de Epifanía

Textos

† Del evangelio según san Marcos (6, 45-52)

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar. Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Animo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento.

Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Tras la multiplicación de los panes Jesús ordena a sus discípulos partir solos con la barca, mientras él se retira al monte para orar. La oración de intimidad con el Padre no lo aisla, ni eclipsa el cuidado de sus discípulos. Éstos, en efecto, se encuentran en dificultades remando sobre el mar de las pruebas de sus vidas: la noche los sorprende, el viento contrario hace difícil su camino. Entonces Él va a su encuentro caminando sobre el mar. Jesús no quiere imponérseles con su milagro e « parecía que iba a pasar de largo». Sin embargo, ante su turbación, pues creían ver un “fantasma” se les acercaó, calmó el viento y les dijo: «¡Animo! Soy yo; no teman».

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús les hace llenarse de pánico, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, corno Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: «tenían la mente embotada», corno sucedió en otro tiempo, cuando Israel atravesaba el desierto.

Los discípulos reconocieron al Maestro cuando escucharon su palabra que les hacia entender que lo que veían no era una visión de ultratumba sino una manifestación de Dios para que acabaran de entender en medio de sus incertudiumbres y miedos. Si el discípulo no está familiarizado con la Palabra del Maestro no lo reconocerá cuando en medio de la prueba salga a su encuentro para sostenerlo.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 177.

¿Cuántos panes tienen?

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cinco panes y dos pescados 8 de enero o martes después de Epifanía

Textos

† Del santo evangelio según san Marcos (6, 34-44)

En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. El les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” El les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”.

Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”. Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.

Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús es presentado como pastor compasivo que se conmueve ante la muchedumbre que lo sigue porque son como «ovejas sin pastor»; como un nuevo Moisés, primero instruye al pueblo con su palabra y después la alimenta multiplicando los panes y los peces. En esta tarea incluye también a sus discípulos: «denles ustedes de comer». El tema teológico que está en el trasfondo de todo el relato es la formación del nuevo pueblo de Dios, que será cuidado y alimentado por Dios, como lo fue el pueblo de Israel en el desierto; la mediadora será la comunidad de discípulos y el alimento la Eucaristía. Los discípulos no pueden desentenderse de las necesidades humanas; Dios se manifiesta en la compasión y no se puede predicar la Palabra del Señor si quien lo hace no es capaz de conmoverse ante las necesidades de los demás, compadecerse y hacer algo para remediarlas.

Otro detalle. Cinco mil hombres comieron hasta saciarse y sobraron «doce canastos llenos de trozas de pan y de pescado». Nada debe perderse de la mesa preparada por Jesús, debe alcanzar para todos y se debe pensar también en los que no están en ese momento allí. Los discípulos no se maravillan tanto del poder milagroso de su Maestro, cuanto del poder que tiene para dar a los hombres lo necesario para vivir bien cada día. Las palabras que dice y los hechos que Jesús realiza a favor de la humanidad no son sólo hermosas palabras o cosas teóricas, sino realidades que inciden sobre la vida y la historia de las personas y las transforman abriendo el horizonte ilimitado de la comunión con Dios.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 170.

¿De dónde me conoces?

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felipe y natanael 

5 de enero

Texto

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan (1, 43-51)

En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y encontrándose a Felipe, le dijo: “Sígueme”. Felipe era de Betsaida, la tierra de Andrés y de Pedro.

Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quién escribió Moisés en la ley y también los profetas.

Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres del Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”.

Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El encuentro con Jesús no limita ni restringe, ni mucho menos empobrece la vida de quien se acerca a él. Más bien nos abre los ojos y el corazón. Jesús nos hace salir de una vida cerrada para introducirnos en un horizonte más grande. Es una visión opuesta a la de quien sigue pensando que Jesús pide privaciones, limita la libertad o frena la alegría.

A veces la vida evangélica se ha presentado de una forma gris y triste, llena de renuncias. Pero el Señor dona una vida llena de sentido, y, con frecuencia, detrás de las objeciones que se hacen a las exigencias del Evangelio, se esconde el deseo de permanecer prisioneros de una vida pequeña. Pero el Señor  tiene un proyecto ambicioso: confiarnos su diseño de salvación. Y ya estas primeras páginas del Evangelio de Juan nos lo muestran

A partir de aquellos pobres pescadores comienza la historia de esa singular fraternidad que se ha creado en tomo a Jesús, y que todavía hoy continúa en el mundo. Después del encuentro con Andrés, Juan y Pedro, el tumo es de Felipe. También a él le dice Jesús: «sígueme». Y así sucedió. A su vez, Felipe cuenta a Natanael el encuentro que ha tenido con el Rabí de Nazaret: «Hemos encontrado al Mesías».

Natanael replica con su habitual honestidad y perspicacia, actitud que Jesús alaba, pero que no es suficiente para salvarlo. Sólo el encuentro con Jesús de Nazaret -aunque se piense que de Nazaret no puede venir nada bueno- ilumina el corazón de ese justo que se siente conocido en profundidad. Jesús le promete que verá cosas mucho mayores que las que acaba de ver. Es el proyecto de este peculiar Maestro hacia aquel pequeño grupo de seguidores. Tal vez ellos ni siquiera se den cuenta, pero el Señor les confía su misma misión. Más adelante dirá a Pedro y a todos los discípulos que le siguen que recibirán cien veces más de cuanto han dejado.

En el discipulado cristiano  no es el discípulo quien busca al mejor maestro para nutrirse de su sabiduría y prestigio; por el contrario, es el maestro quien elige al discípulo, lo conoce, sabe cuáles son sus límites y posibilidades y así, lo llama y  lo incorpora a compartir su vida.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 49-50.