Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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Más allá del estigma

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11 de enero de viernes después de Epifanía

Textos

† Del evangelio según san Lucas (5, 12-16)

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra.

Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”. Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús encuentra un leproso y lo cura, enseguida lo envía al sacerdote para que haga la ofrenda por la purificación y para que sirva de testimonio de la manifestación del amor de de Dios. El estigma social y religioso y físico, que entre los.judíos pesaba sobre las personas que vivían con lepra, hacía que su curación fuera considerada uno de los signos de la venida del Mesías. El estigma social excluía al enfermo de la comunidad de Israel, con la curación entra de nuevo a formar parte de ella; el estigma religioso lo hacia ver y sentir como maldito de Dios impisibilitado para rendir culto a Dios, la curación le hace experimentar el perdon y la misericordia de Dios y lo lleva de regreso al templo a presentar su ofrenda; el estigma físico tocaba directamente su autoestima al percibir con todos su sentidos la pudrición de su propia carne, la curación de Jesús lo cura, lo limpia, le devuelve la seguridad.

La curación realizada por Jesús es descrita con algunos elementos típicos: la súplica del enfermo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme»; la respuesta positiva de Jesús, que tocando al leproso realiza la curación: «Quiero, queda limpio»; el envío al sacerdote: «ve, preséntate al sacerdote…». Es de notar el valor que tiene a los ojos de Jesús la súplica del enfermo, oración humilde que se hace desde la vulnerabilidad; es notable también el gesto de Jesús, que toca al leprso a pesar de la prescripción legal que lo prohibía; Jesus actúa con libertad  por encima del estigma y pagará las consecuencias; en efecto, Marcos insinúa que después de la curación “no podía entrar en la ciudad”; notable también que la acción de Jesús no separa ni aisla, por el contrario incluye e integra.

Además de curar a los enfermos, Jesús se retira a lugares solitarios para orar. En esto reside la fuerza de Jesús y su irresistible atractivo: en su coloquio filial con el Padre. La oración no sólo lo sostiene frente a las muchas incomprensiones que experimenta en su ministerio público, sino que le permite sobre todo verificar su misión en la lógica de la voluntad de Aquel que lo envió al mundo a dar testimonio de su amor.

 

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 163-164.

Profecía cumplida

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10 de enero o jueves después de Epifanía

Textos

† Del evangelio según san Lucas (4, 14-22)

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura.

Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Contemplamos una escena extraordinaria de la vida de Jesús, el punto de partida de su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por el impulso del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por todas partes .

En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en el programa de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar; con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: « Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír ».

Jesús es el Cristo porque es el Ungido del Espíritu; el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos lo reconocen. La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos; el amor misericordioso de Dios actúa liberando, redimiendo de toda esclavitud, particularmente la causada por el sufrimiento, la marginación, la exclusión y el estigma; la tentación de quienes sufren es pensar que Dios los ha olvidado, la acción de Jesús demuestra la contrario y ese amor misericordioso es algo que tendrán que apropiarse sus discípulos.

 

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 184-185.

¡No teman!

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Textos

† Del evangelio según san Marcos (6, 45-52)

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar. Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Animo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento.

Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Tras la multiplicación de los panes Jesús ordena a sus discípulos partir solos con la barca, mientras él se retira al monte para orar. La oración de intimidad con el Padre no lo aisla, ni eclipsa el cuidado de sus discípulos. Éstos, en efecto, se encuentran en dificultades remando sobre el mar de las pruebas de sus vidas: la noche los sorprende, el viento contrario hace difícil su camino. Entonces Él va a su encuentro caminando sobre el mar. Jesús no quiere imponérseles con su milagro e « parecía que iba a pasar de largo». Sin embargo, ante su turbación, pues creían ver un “fantasma” se les acercaó, calmó el viento y les dijo: «¡Animo! Soy yo; no teman».

El estupor de los discípulos, unido a la falta de fe en Jesús les hace llenarse de pánico, porque no habían comprendido el signo de los panes ni la identidad misma de su Maestro, corno Mesías e Hijo de Dios. Las perspectivas de Jesús y las de sus discípulos son diversas: «tenían la mente embotada», corno sucedió en otro tiempo, cuando Israel atravesaba el desierto.

Los discípulos reconocieron al Maestro cuando escucharon su palabra que les hacia entender que lo que veían no era una visión de ultratumba sino una manifestación de Dios para que acabaran de entender en medio de sus incertudiumbres y miedos. Si el discípulo no está familiarizado con la Palabra del Maestro no lo reconocerá cuando en medio de la prueba salga a su encuentro para sostenerlo.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 177.