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Encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre

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25 de diciembre

La Natividad del Señor

Textos

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 1-14)

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” Palabra del Señor.

Audio

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Lucas es el evangelista que narra el nacimiento de Jesús; su relato gira entorno al mensaje central: el salvador prometido por Dios está presente aquí y ahora, su venida se ubica en la historia y tiene significado para ella. 

Jesús entra en la historia universal

José y María viajan a Belén presionados por el edicto del emperador romano Augusto; de esa manera, y por una providencia histórica, el nacimiento de Jesús se realiza en la ciudad de David, lo que inmediatamente lleva a pensar en el cumplimiento de la promesa mesiánica.

La mención de personas como el emperador Augusto, el gobernador Quirino y de eventos conocidos por todos, como el censo, el viaje a la ciudad de origen, indican que el Mesías vino al mundo en un momento concreto de la historia universal. Así confluyen la historia humana y la historia de la salvación. Sin embargo, la referencia al contexto histórico preciso no es circunstancial; el evangelista establece un contraste que el lector del evangelio debe desentrañar e interpretar.

El emperador Augusto, mencionado al inicio de la narración es el dominador del mundo, el que tiene sometida políticamente a Palestina; a él se le han dado los títulos de “príncipe de la paz”, “salvador del pueblo”, “garante del orden y bienestar”. En el evangelio de Lucas los títulos que el recién nacido recibe el día de su nacimiento son: Salvador, Mesías, Señor, portador de la paz. No es una coincidencia que sean los mismos del emperador. De entrada el evangelio hace una opción, señalando a quien reconoce como rey y señor.

Jesús nace en la humildad

El evangelista se preocupa por describir las circunstancias del nacimiento. Jesús comienza su camino en la tierra en debilidad y pobreza. El alumbramiento se da en las condiciones más precarias: María y José son pobres, se las arreglan como pueden e improvisan una cuna. Estaban en una casa en la que no encontraron lugar para hospedarse y se vieron obligados a pernoctar en donde se resguardan los animales; la cuna del niño será el pesebre donde estos comen.

Jesús nace sin tener un lugar digno para reclinar su cabeza, sólo tiene a su madre quien lo cuida y lo protege: «lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre». Lucas se detiene en esta escena y subraya los gestos del amor maternal de María, que se convertirán en señal para reconocer al Mesías.

El anuncio del nacimiento

El nacimiento de Jesús es anunciado con solemnidad. El esplendor de la luz de la gloria celestial envuelve la noche se escucha el pregón del Ángel; los destinatarios de su anuncio son los pastores, que representan al mundo pobre y marginado. El Ángel los invita a la alegría desbordante y anuncia que se trata del nacimiento de Jesús, quien es el “Salvador”, “Mesías” y “Señor”. Esa es la gran dignidad del recién nacido.

Jesús es el Salvador.  Es un título que sólo encontramos en este evangelio. Quiere decir que la obra que Jesús viene a realizar tiene como resultado la “salvación”. Ser salvador es en el antiguo testamento un atributo de Dios, aunque también se denominaba así a otros personajes tales como dioses, filósofos, estadistas y reyes. Jesús se distingue claramente de los mal llamados “salvadores” de su época y realiza plenamente el atributo de Dios. Con este título reconocemos a Jesús como liberador que rescata a los seres humanos del mal, sea físico, político, cósmico o moral.

Jesús es el Mesías (Cristo). Quiere decir que Jesús es el “ungido” de Dios que se dedica al servicio, la protección y la liberación del pueblo. Como tal, es el esperado. En tiempos de Jesús los distintos grupos religiosos se imaginaban al Mesías de manera distinta: unos lo esperaban como “rey” semejante a David, otros como un “sacerdote”, otros como sacerdote y rey al mismo tiempo. Por es el título era ambiguo. Sólo después de su muerte se va a clarificar el significado de este título: «Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras…» (1 Cor 15,3)

En el evangelio, san Lucas nos mostrará como el mismo Jesús va dejando conocer poco a poco que Él es el Mesías sufriente, que va a la gloria pasando por la muerte. Sus seguidores se van a identificar de tal manera que tomarán su mismo título: «cristianos» (Hech 11,26)

Jesús es el Señor. El nombre más común de Dios en el antiguo testamento, Yahvé fue traducido al griego como “Kyrios” que en español se dice “Señor”. Por eso llamar a Jesús Señor es equipararlo a Yahvé. Sin embargo, ni él mismo ni los primeros cristianos lo confundieron con el Abbá-Padre. En el mundo grecorromano en el que fue proclamado el evangelio, este titulo se le aplicaba al emperador y a otros grandes personajes divinizados. En los escritos de san Lucas el título de “Señor” es el que mejor expresa la dignidad de Jesús como resucitado. 

El pregón del nacimiento

Es himno cantado por los ángeles que proclama el significado de este nacimiento tanto para Dios como para la humanidad.

El nacimiento de Jesús da gloria a Dios. La venida de Jesús es una iniciativa del amor misericordioso del Señor por medio de ella Dios se glorifica a si mismo dándose a conocer como Dios salvador.

El nacimiento de Jesús trae “paz a los hombres”. La paz es el regalo de Dios para la humanidad: a través de Jesús, Dios concede su paz a todos los hombres. Se trata de una paz que se fundamenta en la “complacencia”, en el amor de Dios.

En contraposición con el engaño del emperador Augusto, que ofrecía una paz basada en el dominio militar, Jesús viene como verdadero príncipe de la paz y quien lo recibe en su humildad de niño en el pesebre, recibe por medio de Él el amor definitivo y total de Dios que transforma completamente la vida y la hace don para los demás, fermento de justicia en la comunidad y en el mundo entero.

Conclusión

El evangelio parece invitarnos a incluirnos en la escena que contemplamos, a alegrarnos con el nacimiento del Niño Jesús que con su presencia nos dice que somos amados tal cual somos, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras debilidades. Nos hace pregoneros como los pastores del gran anuncio:  «hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor».


[1] Oñoro, F. , Dios en la fragilidad y pequeñez de un recién nacido: Lucas 2, 1-14. CEBIPAL/CELAM.

Hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías

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NAVIDAD

25 de diciembre

La Natividad del Señor

 Textos:

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 1-14)

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con

María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman.

Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiria (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adónde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo».

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo. Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz», el que, verdadero héroe de Israel cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» . He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido», un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

Sobre el fondo de los anuncios proféticos, Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, comprende tres momentos.

  • Primero, la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera.
  • Segundo, el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación y,
  • Tercero, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros.

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que reciben con respeto el anuncio gozoso del acontecimiento y con el obsequio de su fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre».

Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

El mensaje de este día se sintetiza en las palabras paz y la alegría, en efecto, la Navidad ofrece a los creyentes la certeza que Dios vive entre nosotros y Él es para nosotros seguridad y fortaleza que no intimidan, sino que enternecen al manifestarse en la fragilidad de un Niño, nacido para la salvación de la humanidad; Él es luz que disipa nuestras tinieblas y esperanza de redención.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 27.29.

Paz y alegría

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Natividad 25 de diciembre

La Natividad del Señor

Textos

Lectura del libro del profeta Isaías (9, 1-3.5-6)

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín. Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: “Consejero admirable”, “Dios poderoso”, “Padre sempiterno”, “Príncipe de la paz”; para extender el principado con una paz sin límites sobre el trono de David y sobre su reino; para establecerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará. Palabra de Dios.

Evangelio

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas (2, 1-14)

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!” Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiria (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adónde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el goza» .

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo. Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz», el que, verdadero héroe de Israel cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» . He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido», un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

Sobre el fondo de los anuncios proféticos, Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, comprende tres momentos. Primero, la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera; segundo,  el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación y, tercero, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros.

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que reciben con respeto el anuncio gozoso del acontecimiento y y con el obsequio de su fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre». Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

El mensaje de este día se sintetiza en las palabras paz y la alegría, en efecto, la Navidad ofrece a los creyentes la certeza que Dios vive entre nosotros y Él nos ofrece una seguridad y fortaleza que no intimidan sino que enternecen al manifestarse en la fragilidad de un Niño, nacido para la salvación de la humanidad; Él es luz que disipa nuestras tinieblas y esperanza de redención.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, pp. 27.29.