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Las mujeres… corrieron a dar la noticia a los discípulos.

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mujeres 2Lunes de la Octava de Pascua

Textos 

† Del santo Evangelio según san Mateo (28, 8-15)

Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron.

Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.

Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido.

Estos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de dinero a los soldados, con estas instrucciones: “Digan: ‘Durante la noche, estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo’. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les evitaremos cualquier complicación”.

Ellos tomaron el dinero y actuaron conforme a las instrucciones recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Las mujeres acaban de recibir el anuncio: ¡Jesús ha resucitado!, y el ángel les invita a ir donde los discípulos. Ellas «partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos».

Jesús sale a su encuentro y repite casi las mismas palabras del ángel: «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán». Jesús resucitado quiere que los discípulos vayan a Galilea, la región periférica donde había comenzado su predicación. La Pascua representa un nuevo inicio.

No faltan quienes desean bloquear la Pascua y su fuerza de cambio para que todo siga como siempre. Así, los sumos sacerdotes, asustados por el relato de los soldados, los sobornan para que mientan: mientras ellos dormían, los discípulos robaron el cuerpo de Jesús. El mundo quiere las tumbas cerradas y se sirve de la mentira y la corrupción para que no se difunda la noticia de que él ha resucitado.

Desde aquella primera Pascua, quien anuncie esta noticia podrá ser llevado ante reyes y jueces para ser condenado, y por desgracia hoy son muchos los cristianos que sufren por la Pascua. A veces padecen atentados cuando se reúnen a celebrar el domingo. Es esa cultura de la muerte que sigue golpeando a los cristianos mientras celebran el misterio central de su fe, la Pascua de resurrección, la victoria del bien sobre el mal.

Esta cultura de la muerte fomenta el desprecio por toda vida, droga a los vivos, los embrutece, los esclaviza y justifica el comercio de la muerte: se oculta el alimento a los hambrientos, se ofrece droga a los resignados, se venden armas a los violentos; y se muere, se muere en muchos países y de muchos modos creyendo que esto sucede por motivos diferentes, pero el plan es el mismo, es el plan de la cultura de la muerte que quiere que los hombres, desde jóvenes, sean estúpidos y egoístas.

Quieren hacer callar también a sus discípulos. ¡No tengamos miedo! El Evangelio de Pascua nos muestra que bastan dos pobres mujeres obedientes al Evangelio para vencer las intrigas de los sumos sacerdotes y activar en la historia el dinamismo de amor de la resurrección de Jesús.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2019, 162-163.

Se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron.

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Lunes de la Octava de Pascua

Textos

† Del santo Evangelio según san Mateo (28, 8-15)

Después de escuchar las palabras del ángel, las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron.

Entonces les dijo Jesús: “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.

Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron parte a los sumos sacerdotes de todo lo ocurrido.

Estos se reunieron con los ancianos, y juntos acordaron dar una fuerte suma de dinero a los soldados, con estas instrucciones: “Digan: ‘Durante la noche, estando nosotros dormidos, llegaron sus discípulos y se robaron el cuerpo’. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos arreglaremos con él y les evitaremos cualquier complicación”.

Ellos tomaron el dinero y actuaron conforme a las instrucciones recibidas. Esta versión de los soldados se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La Iglesia, como si no quisiera que salgamosde la Pascua, nos mantiene en el día de la resurrección. Las mujeres acaban de recibir el anuncio de la resurrección de Jesús por el ángel que les invita a acudir de inmediato a los discípulos y «se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos.». Mientras corren hacia la casa donde se encontraban los discípulos, Jesús va a su encuentro y les habla casi con las mismas palabras del ángel: «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán».

El Maestro quiere que el Evangelio de la resurrección sea anunciado a los discípulos que él llama «sus hermanos», como queriendo subrayar el deseo de una nueva familiaridad. La Pascua debe representar un nuevo renacimiento para todos los discípulos.

Sin embargo, no faltan quienes desearían bloquear la Pascua y su fuerza de cambio, para que todo siga como siempre. El evangelista narra que los jefes religiosos, asustados por el relato de los guardias, les corrompen con el dinero y les convencen para que mientan: el cuerpo de Jesús fue robado por los discípulos mientras ellos estaban dormidos.

Así, el Evangelio presenta dos testimonios opuestos: el de dos pobres mujeres contra el de los guardias, mucho más creíble. El mundo quiere las tumbas selladas y usa la mentira y la corrupción para que no se difunda la noticia de que ha resucitado. Desde aquella primera Pascua, cualquiera que anuncie esta noticia podrá ser llevado ante reyes y jueces para ser condenado. Por desgracia, hoy hay muchos cristianos que sufren por la pascua.

Este es el sentido de los atentados que a veces golpean a los cristianos que se reúnen en la celebración del domingo. Es aquella cultura de muerte que sigue emergiendo de cualquier forma y que golpea a los cristianos en su corazón, el de la Pascua. A partir de esta cultura de muerte se refuerza el desprecio por toda vida. La cultura de la muerte droga a los vivos, les embrutece y apaga para que sean esclavos, y justifica el comercio de la muerte: se oculta la comida a los hambrientos, se ofrece la droga a los resignados y se venden las armas a los airados.

Se muere en muchos países y de muchos modos, en la creencia de que esto sucede por motivos diversos, pero el diseño es el mismo: el de la cultura de muerte que quiere que los hombres sean siervos estúpidos y egoístas desde que son jóvenes. La intimidación y la corrupción quieren silenciar el Evangelio de la vida: no pudieron silenciar al Señor Jesús y le mataron. Quieren silenciar también a sus discípulos. El Evangelio de Pascua nos muestra que bastan dos pobres mujeres, obedientes en todo al Evangelio, para vencer la intriga de los jefes y para hacer correr en la historia el dinamismo de amor de la resurrección de Jesús.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 160-161.