Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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Itinerario espiritual del Adviento

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Un recurso fundamental: la Palabra de Dios [1]

El Adviento nos ofrece un itinerario espiritual de renovación de la vida cristiana, de sus  virtudes y actitudes fundamentales; la fuente de esta renovación es la contemplación del cumplimiento de la promesa de Dios en la Encarnación de su Hijo, nacido de María Virgen para nuestra salvación.

El recurso fundamental para la contemplación del cumplimiento de la promesa de Dios es la escucha de la Palabra de Dios; los textos de la liturgia de este tiempo han sido cuidadosamente seleccionados para avivar en nosotros un sentido profundo de esperanza y para ponernos en movimiento para ir al encuentro del Señor que viene, con actitudes de vigilancia, conversión, oración, gozo, disponiblidad, acogida.

La Palabra de Dios que se proclama en el Adviento resume las esperas y búsquedas de la humanidad, iluminando cuanto se agita en la mente y en el corazón de los creyentes, invitando a perseverar en la espera y a la vez anunciando el cumplimiento de la promesa de Dios.

Testigos del adviento

Cuatro son los testigos del Adviento que como pedagogos salen a nuestro encuentro: Isaías, Juan Bautista, María y José.

Isaías: es el profeta que expresa la esperanza de Israel, suscita la espera del hombre anunciado su próximo cumplimiento en el Salvador. No hay motivo para dudar de Dios: cumplirá sus promesas, no tardará. Él, creador de cielo y tierra, tiene poder de redimir a Israel creando un nuevo éxodo. La salvación será una nueva creación.

Juan Bautista: el último de los profetas, resume en su persona y palabra la historia de Israel justo en el momento del cumplimiento de la promesa. Se presenta con la misión de preparar los caminos del Señor, de ofrecer a Israel el «conocimiento de la salvación» consistente en «el perdón de los pecados»; a él corresponde señalar a Cristo presente en medio de su pueblo; cede el lugar a Cristo, que debe crecer, mientras él debe menguar: él es la voz potente que despierta sanas inquietudes en las conciencias adormecidas de los hombres.

María realiza en su persona lo que los profetas habían dicho de la «hija de Sión». En ella culmina la espera mesiánica de todo el pueblo de Dios del Antiguo Testamento. Asumiendo el proyecto de Dios y pronunciando su «» al ángel, inaugura el tiempo del cumplimiento y el hijo de Dios entra en e mundo como el «nacido de mujer»; así salva al mundo desde el interior mismo de la realidad humana. Las genealogías de Jesús y la anunciación nos recuerdo el misterio de la “asunción” de lo humano por parte de Dios y la “inmersión” de lo humano en Dios.

José, el esposo de María, hombre justo, de la estirpe de David, es el signo del cumplimiento de la promesa de Dios a su antepasado real: «mantendré después de ti el linaje salido de tus entrañas, y consolidaré su reino». Es el eslabón que, a través de David del que desciende, une a Cristo con la gran “Promesa”, es decir, con Abrahán. Por ser legalmente «hijo de José» Jesús puede llamarse y ser saludado con el título mesiánico de «hijo de David».

Los textos bíblicos de los Domingos

En las eucaristías de los domingos de adviento, la atención se centra en la venida de Cristo, anunciada por los profetas, realizada en su nacimiento en Belén y prometida para llevar a plenitud la historia.

Cada domingo está marcado por un acento que caracteriza al Señor que viene; cada domingo encontramos un testimonio, se propone una actitud y una exhortación.

En el siguiente cuadro se puede ver esquemáticamente lo anterior secuencia correspondiente a los domingos de adviento del ciclo C, que durante el mes de diciembre de 2018.

Adviento Lecturas Domingos Ciclo C

Los textos bíblicos de las misas entre semana o ferias de adviento

Para apropiarnos el mensaje de los textos que se proclaman en la liturgia no  debemos prescindir del contexto litúrgico, especialmente en los llamados «tiempos fuertes» como es el caso del adviento.

En las lecturas bíblicas entre semana, o días feriales, del adviento, los textos de la primera lectura y la del evangelio están relacionados en la dinámica «anuncio-cumplimiento».  Por ello se lee progresivamente el libro del profeta Isaías y el evangelio casi siempre es de san Mateo, que es el evangelista que se preocupa por subrayar cómo las Escrituras se cumplen en Jesús. El anuncio de Isaías (primera lectura) se cumple en Jesús (evangelio).

Es interesante notar la pedagogía de los textos. No comienzan con «denuncias», sino anunciando la belleza de las promesas de Dios con todo lo que tienen de positivo, para suscitar la esperanza y el deseo de salir al encuentro del Señor; después vendrán los textos que invitan a la conversión.

Una mirada de conjunto ayuda a comprender lo anterior, la podemos hacer en los siguientes cuadros, que se ofrecen como un recurso para preparar la oración personal o la predicación, que se enriquecerá sin duda alguna cuando a la dinámica «anuncio-cumplimento», cada persona o grupo añada la actualización proponiendo actitudes concretas de esperanza, conversión y compromiso.

Adviento Lecturas primera semana

Adviento lecturas segunda semana

Adviento - Lecturas tercera semana

Adviento - Cuadro Ferias Privilegiadas

Actitudes

Siguiendo el modelo de los testigos, apropiándonos los anuncios proféticos y su complimiento, siguiendo el itinerario espiritual que nos ofrece la liturgia de la Palabra del tiempo de adviento, las actitudes que se proponen para preparar la venida del Señor, son las siguientes:

Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración, con una apertura atenta y dispuestos a reconocer los “signos” de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos de la vida y al final de loa tiempos.

Caminar por el camino trazado por Dios, dejar las sendas tortuosas; “convertirse”, para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

Testimoniar el gozo que nos trae Jesús Salvador, con la caridad afable y paciente con los demás, abiertos a cualquier iniciativa buena, por las que ya se constituye el Reino futuro en el gozo sin ocaso.

Tener un corazón pobre y vacío de sí, imitando a José, a la Virgen, a Juan Bautista, a Jesús, el Hijo de Dios que ha venido a salvar a los hombres.

Participar en la liturgia eucarística de este Tiempo de adviento significa acoger y reconocer al Señor que viene continuamente a nosotros, seguirle en el camino que conduce al Padre: para que en su venida gloriosa al final de los tiempos nos introduzca a todos en el reino, para «hacernos participes de la vida eterna» con los bienaventurados y santos del cielo.

[1] Esta nota se elaboró con información de: G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 15-26