Ecos de la Palabra

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Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados..

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Jueves después de Epifanía

Textos

† Del evangelio según san Lucas (4, 14-22)

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura.

Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Contemplamos una escena extraordinaria de la vida de Jesús, el punto de partida de su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por el impulso del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por todas partes .

En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en el programa de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar; con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: « Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír ».

Jesús es el Cristo porque es el Ungido del Espíritu; el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos lo reconocen. La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos; el amor misericordioso de Dios actúa liberando, redimiendo de toda esclavitud, particularmente la causada por el sufrimiento, la marginación, la exclusión y el estigma; la tentación de quienes sufren es pensar que Dios los ha olvidado, la acción de Jesús demuestra la contrario y ese amor misericordioso es algo que tendrán que apropiarse sus discípulos.

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 184-185.

El Espíritu del Señor… me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva

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Tiempo Ordinario

Lunes de la XXII semana

Textos

† Del santo Evangelio según san Lucas (4, 16-30)

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado.

Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura.

Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó.

Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él.

Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír”.

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?” Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’ ”.

Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra.

Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón.

Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo.

Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Con este pasaje evangélico comienza la lectura continua del tercer evangelio, que nos acompañará hasta terminar el año litúrgico. Se trata del primer episodio de la vida apostólica de Jesús que narra el evangelista san Lucas. El autor sagrado sitúa al Señor en el norte, en la región periférica de Palestina, en Nazaret. Allí empieza Jesús su predicación.

Se presenta en la sinagoga el sábado durante la oración habitual, en la que toman parte las autoridades religiosas del lugar y las personas devotas. No era la primera vez que Jesús entraba allí. El evangelista señala que era «su costumbre». Leyó el pasaje del profeta Isaías en el que se habla de la liberación de los prisioneros, de la devolución de la vista a los ciegos y de la evangelización de los pobres.

Era la buena noticia que anunciaba Isaías. Pero cuando enrolló el volumen , Jesús empezó su primera predicación con un adverbio: «Hoy». Y continuó: «se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír». El auditorio reaccionó con hostilidad.

En realidad Jesús había pronunciado palabras que eran válidas para todos y que pedían a todos no un cambio genérico de corazón, sino una adhesión total a él. Pero ¿cómo era posible que un conciudadano suyo, al que además conocían y al que habían visto crecer, pudiera pretender ser su salvador?

A eso es a lo que se resisten los habitantes de Nazaret. Y esa es su incredulidad, no aceptar que Dios hable y actúe en la vida de cada día. Él proclamaba un «año de gracia», es decir, el fin de todas las injusticias creadas, el fin de las opresiones de unos sobre otros. Y ese «año de gracia» empezaba aquel día. Pero los habitantes de Nazaret rechazaron aquel anuncio y continuaron siendo prisioneros de su necedad.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 334-335.

Profecía cumplida

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10 de enero o jueves después de Epifanía

Textos

† Del evangelio según san Lucas (4, 14-22)

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura.

Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Contemplamos una escena extraordinaria de la vida de Jesús, el punto de partida de su actividad pública y de evangelización en Galilea, caracterizada por el impulso del Espíritu Santo, por el entusiasmo de la gente que lo rodea y por su fama, que se difunde por todas partes .

En la sinagoga de Nazaret precisamente, Jesús lee e interpreta la palabra de Isaías 61,1-2, aplicándola a su persona. Traduce en presente la profecía de Isaías, que se convierte en el programa de toda su actividad mesiánica. Con él inicia, en efecto, el año de gracia o año jubilar; con él ha bajado a la tierra el Espíritu de Dios que traerá la salvación a la humanidad: « Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír ».

Jesús es el Cristo porque es el Ungido del Espíritu; el Reino que él anuncia es la verdad, la libertad y la novedad del mundo que Jesús hace nacer en los que lo escuchan y lo siguen. La gente queda maravillada por las palabras que proclama y todos lo reconocen. La liberación que Jesús trae está destinada de modo especial a los pobres, a los oprimidos, a los prisioneros y a los ciegos; el amor misericordioso de Dios actúa liberando, redimiendo de toda esclavitud, particularmente la causada por el sufrimiento, la marginación, la exclusión y el estigma; la tentación de quienes sufren es pensar que Dios los ha olvidado, la acción de Jesús demuestra la contrario y ese amor misericordioso es algo que tendrán que apropiarse sus discípulos.

 

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 2, 184-185.