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¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César?

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Tiempo Ordinario

Martes de la IX semana

Textos

† Del evangelio según san Marcos (12, 13-17)

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?” Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”.

Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”.

Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados. Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

«¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César o no?». Este era un tema muy sensible en la época de Jesús. Con aquella pregunta querían desacreditar a Jesús ante los romanos –si decía que no había que pagar el tributo– o ante la gente –si decía que había que hacerlo–. 

Jesús, «notando su hipocresía» contesta a la pregunta pidiendo que le lleven primero una moneda del tributo. Y pregunta de quién es la efigie grabada: «¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?». Tras su respuesta, Jesús replica con la conocida afirmación: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Al César había que devolverle su moneda.

Jesús se opone a una concepción nacionalista de la religión: pagar el impuesto al emperador no violaba los derechos de Dios. Pero añade que hay que reconocer los derechos que tiene Dios. 

Jesús pide una decisión sobre esta segunda cuestión: dar a Dios lo que es de Dios. ¿Y qué es de Dios? Si abrimos la primera página de la Biblia veremos que se habla del hombre y de la mujer, que fueron creados a imagen de Dios. Para ser más exactos, la imagen es «colectiva»: «Creó Dios al ser humano a imagen suya… varón y hembra los creó» (Gn 1, 27). 

Cada persona y toda la familia humana, conjuntamente, tienen grabada la imagen de Dios. Por eso deben volver a Dios. Junto a toda la creación. Así pues, existe un destino común que debemos reconocer y que afecta a todos los pueblos y también a los cielos y la tierra que estos habitan. 

«Dar a Dios lo que es de Dios» significa no solo reconocer el destino común, sino también definir la vocación del hombre y de la mujer: trabajar para que la historia humana se encamine al cielo, a la Jerusalén celestial con los cielos nuevos y la tierra nueva de los que habla del Apocalipsis. Eso es lo que debemos poner por delante de todo. 

A los cristianos se les invita a «dar al César lo que es del César», es decir, a trabajar por una convivencia pacífica entre todos, pero al mismo tiempo estamos llamados a la responsabilidad de comunicar el Evangelio a todos los pueblos para que comprendan el destino común hacia el Reino de Dios y trabajen para que llegue cuanto antes.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2021, 242-243.

¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César?

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Dar al cesarTiempo Ordinario

Martes de la IX semana

Textos

† Del evangelio según san Marcos (12, 13-17)

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?” Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”.

Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”.

Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados. Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

Marcos nos presenta ahora a los fariseos y a los herodianos, que le plantean a Jesús la cuestión del tributo al César. Su falsedad es manifiesta desde el inicio. Adulan a Jesús para tenderle una trampa. Pero no se puede entrar en el Evangelio con ardides.

Ante la disyuntiva que le plantean para hacerle caer en la trampa, Jesús cambia de plano, pide que le traigan una moneda y responde con una pregunta: «¿De quién son esta imagen y la inscripción?». Tras escuchar la respuesta, Jesús replica: «Lo del César devuelvánselo al César, y lo de Dios a Dios».

Al César hay que devolverle su moneda. Y a Dios hay que devolverle todo lo que es de Dios. Jesús pide una decisión sobre esta cuestión: dar a Dios lo que es de Dios. ¿Y qué es de Dios, sino el hombre? En el hombre, efectivamente, está grabada su imagen. El hombre, todo hombre, incluso el más pequeño e indefenso, pertenece a Dios y a Dios debe volver.

Dios tiene la primacía absoluta sobre la vida del hombre, y esa primacía hay que defenderla por encima de todo, del mismo modo que se debe respeto a la sociedad civil y a sus leyes. Esta página evangélica debe ayudar a promover el respeto y la tolerancia, sin perder de vista que nadie puede herir ni humillar la vida del hombre. Solo Dios es Padre y Señor de todos.

Los cristianos, pues, están llamados a obedecer las leyes y a colaborar de buena gana con las autoridades legítimas. Pero la invitación de Jesús de dar a Dios lo que le corresponde nos recuerda también nuestra responsabilidad de testimoniar el Evangelio y de vivir las enseñanzas de la Iglesia con libertad y conciencia para que la vida de los hombres y las mujeres sea defendida y protegida en nuestras sociedades.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 237.