Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: IV Viernes de Pascua

Nadie va al Padre si no es por mí

0

Jesús Camino 

IV Viernes de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (14, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.

Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Nadie va al Padre si no es por mí”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

Comenzamos una nueva etapa en nuestro itinerario bíblico, la última, en nuestro caminar pascual con Cristo resucitado.  A partir de hoy, leeremos una de las secciones más bellas del evangelio de Juan: el “discurso de despedida de  Jesús” que se encuentra en los capítulos 14 al 17 de este evangelio. Contemplaremos el amor de Jesús por los suyos y la manera como teje una  profunda relación con ellos. Es un discurso extenso, profundo y emocionante.

Para entender mejor el texto recordemos la situación. Jesús anunció a sus discípulos que se irá y que la comunión de vida, la convivencia, la amistad sostenida durante tres años entre ellos llega a su fin con su muerte en la cruz: ya no lo verán. A la hora de despedirse, en medio las lágrimas, tratando de aprovechar con intensidad los últimos instantes que les quedan juntos, las palabras de la despedida se van convirtiendo poco a poco en palabras de consolación.

Jesús les explica a sus amigos que no se separa de ellos para siempre sino que su separación marca una nueva etapa en la vida del discipulado.  No se trata del fin sino de un giro importante y decisivo en la manera de seguir a Jesús, que tiene como finalidad la creación de lazos de amor todavía más fuertes, profundos e indestructibles que los anteriores.

El pasaje de hoy nos introduce de lleno en este tema. Los tres puntos principales del texto son: la confianza en el Maestro; contemplar el misterio pascual y hacer el camino para entrar en la casa del Padre.

Confiar en el Maestro. Los discípulos se sienten turbados por el anuncio de Jesús, Él mismo se conmovió interiormente y se puso a llorar. Esta conmoción interior es la sensación que tiene una persona a quien todo se le vuelve oscuro, que pierde todas las seguridades, es la desagradable sensación que se tiene ante la partida de los seres que amamos. Ante esta sensación, Jesús ofrece un poco de confianza: “Si creen en Dios, crean también en mi”.

Contemplar el misterio pascual. Para Jesús, la muerte es un retorno a la casa del Padre. De esta manera, exaltado y glorificado, él estará para siempre en la comunión perfecta con el Padre. Jesús resucitado es, el nuevo Templo en el cual se “habita” en Dios. Jesús no es un templo vacío: Él viene, toma consigo a aquellos que han entablado una profunda relación con él y los lleva a la comunión eterna consigo y con el Padre.

Hacer el camino para entrar en la “casa”. Pero el don de Jesús, que se acaba de describir, pide nuestra participación, nuestro compromiso. Y eso es lo que Jesús quiere decir con la imagen del “camino”. Hay que ponerse en movimiento por el camino que es Él mismo: sus palabras, sus obras, todo lo que supone la convivencia amistosa con él. Se trata de un camino que conduce a la verdad y a la vida, es decir, al conocimiento pleno del misterio de Dios y a una relación con Él, que genera de vida eterna.

Permanecer unidos a Jesucristo es la garantía para recorrer el camino para llegar al Padre que está en los cielos, para amar la verdad en la que radica la libertad y para tener vida abundante.

 

 

Yo soy el camino, la verdad y la vida

0

Camino

IV Viernes de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (14, 1-6)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.

Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Nadie va al Padre si no es por mí”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús, después de haber dado a los Apóstoles el mandamiento del amor les dice que les dejará y los discípulos, al oírle hablar así, se entristecen. Jesús sigue hablándoles con palabras de consuelo: « No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones … Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo».

Jesús es el primero que desea que los lazos de amistad no se rompan, sino que duren eternamente, tanto que añade: «para que donde yo esté, estén también ustedes». No les abandona, quiere que estén con él para siempre. El va delante para preparar a cada uno de nosotros un lugar en la casa grande del Padre.

Con estas palabras, Jesús nos abre una pequeña ventana hacia nuestro futuro. ¡Cuántas veces nos hemos interrogado sobre la vida después de la muerte y sobre qué les ha sucedido a los amigos ya fallecidos, a aquellos a quienes hemos amado y por quienes quizá hemos trabajado y sufrido! El Evangelio no nos deja sin una respuesta para estas preguntas. Al contrario, casi queriendo hacemos tocar con la mano la consolación, nos habla del más allá como de una casa amplia, espaciosa, habitada por nuestros amigos, los cercanos y los lejanos.

Un camino seguro nos conduce hasta ellos y hasta ese lugar, es Jesús mismo. De hecho, es en el vínculo con él donde está la garantía de que nada de nuestra vida se pierde: ningún pensamiento, ningún gesto de cariño es vano, sino que todo se recoge y se conserva como un tesoro precioso e iluminado por la luz del anuncio de la victoria de la vida sobre la muerte que hemos recibido en Pascua. Jesús parece convencido de que los discípulos han comprendido la verdad sobre lo que hay después de la muerte, hasta el punto de decir: «Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy».

En realidad no era así, como tampoco es así para nosotros hoy. Tomás, en nombre de todos, pregunta cuál es el camino, y Jesús, una vez más, se expresa con claridad: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». Permanecer unidos a él es la garantía para recorrer el camino adecuado para llegar hasta el Padre que está en los cielos.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 191-192.