Ecos de la Palabra

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Vengan conmigo… para que descansen un poco

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Tiempo Ordinario

Sábado de la IV semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (6, 30-34)

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo.

La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Los apóstoles vuelven con Jesús después de la misión y le cuentan lo que han hecho y lo que han enseñado a la gente que encontraban. Es una hermosa imagen que ilustra la familiaridad de los apóstoles con Jesús, y el gusto de poder contarle al Maestro todo lo que les había sucedido. La misión es fuente de alegría: cuando se acepta salir de uno mismo e ir al encuentro de los demás, especialmente los pobres, los necesitaods y quienes sufren, con el firme propósito de hacerles el bien. Sin embargo, esta alegría debe consolidarse. 

La fuerza de la palabra de Jesús, que cambia, que cura y salva del mal, necesita momentos vividos en compañía de Jesús; de otro modo corre el riesgo de quedarse en un entusiasmo pasajero. Nos exaltamos, y después nos deprimimos o nos desanimamos. Por esto Jesús no se contenta con que las cosas hayan ido bien, y dice a los discípulos: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Ese reposo es el reposo de la escucha y de la oración.

 «Vengan conmigo» es la invitación cotidiana de Jesús a estar con él. Estar con Jesús es la primera tarea de quien es llamado a ser su discípulo. Toda iniciativa, aunque sea admirable, si no tiene su fundamento en la escucha y la oración no llevará consigo la fuerza que viene del estar con Jesús. Por ello es necesario preguntamos cuánto tiempo de nuestras jornadas pasamos con el Señor, rezando, en la meditación de la Palabra de Dios ante la Eucaristía o en la oración común. 

La Iglesia nos ofrece muchos modos de «estar con Jesús», y no podemos decir que nos falta tiempo, porque para nosotros y para nuestras cosas siempre encontramos tiempo. Sólo aquellos que están con Jesús tendrán el pan necesario para dar de comer a la multitud de necesitados de nuestro mundo; de otro modo permanecerán impotentes y sin respuestas.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 85-86.

Se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor

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Jesús Pastor

Tiempo Ordinario

Sábado de la IV semana

Textos 

+ Del evangelio según san Marcos (6, 30-34)

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer. Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo.

La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El Evangelio dice que «eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer».  Jesús dice a los discípulos: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco».

Estar «aparte» no era una fuga, sino más bien un momento para fortalecer y afinar la compasión. Se trata de escuchar ante todo al Señor, dejar entrar en el corazón las palabras de la Escritura; estas son como un respiro más grande en el que puede reposar la mente; o, dicho de otro modo, representan una bocanada de aire puro que todos necesitamos para pensar mejor, para sentir de manera más generosa, para recuperar fuerzas.

Al llegar al otro lado del lago está la gente esperándole. Tal vez han visto el recorrido de la barca, han intuido el lugar en el que va a tocar tierra, han ido corriendo y han llegado antes. En cuanto Jesús baja de la barca se encuentra otra vez rodeado por la gente. Escribe Marcos: «vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor».

En las últimas palabras evangélicas podemos percibir toda la tradición veterotestamentaria sobre el abandono de la gente por parte de los responsables del pueblo de Israel. El profeta Jeremías lo grita con claridad: «Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos». Será el mismo Señor quien se ocupe de su pueblo: «Yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tomar a sus pastos».

El secreto de todo se esconde en la compasión del Señor por su pueblo. Esta compasión, que llevó a Jesús a enviar a los Doce a anunciar el Evangelio y a servir a los pobres, continúa llevándole, apenas bajar de la barca, a reanudar inmediatamente su «trabajo». Y es eso mismo lo que continúa pidiendo a los discípulos de todos los tiempos.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 288-289.