Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: IV Domingo Ordinario B

Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos

0

Tiempo Ordinario

Domingo de la IV semana

Textos

† Del evangelio según san Marcos (1, 21-28)

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda GalileaPalabra del Señor

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Después de abandonar el desierto de Judá y volver a Galilea , Jesús elige Cafarnaún como su morada habitual. El evangelista Marcos subraya la autoridad con la que Jesús hablaba y las consecuencias de ello: todos en la sinagoga «quedaban asombrados de su doctrina , porque les enseñaba como quien tiene autoridad , y no como los escribas». 

No se podía permanecer indiferente ante esa nueva enseñanza. Los que le escuchaban se veían como forzados a decidir entre seguir a Jesús y su sueño, o bien encerrarse en su propio mundo pequeño. La predicación de los escribas, cuyas palabras estaban llenas de reglas y mandatos, no llegaba al corazón y dejaba a la gente a merced de sí misma. 

Hoy vivimos una situación similar . Nuestras ciudades están como inmersas en una profunda crisis de valores y comportamientos. Lo que parece prevalecer en todas partes es un individualismo exasperado que lleva a la gente a encerrarse y a preocuparse solo de sí mismos. Cada uno parece tener su dios, su templo, su escriba, su predicador, de modo que se puede hablar de ciudades politeístas; pero al final lo que queda es un solo «dios», el propio yo. 

Hay quienes hablan del nuevo culto, la egolatría, el culto al propio yo, en cuyo altar se sacrifica todo, incluso lo más querido. Sin embargo, cuando uno se concentra solo en sí mismo, ese es presa de los innumerables «espíritus inmundos» que en las ciudades contemporáneas se multiplican constantemente.

Estos espíritus, que continúan amargando la vida de nuestras ciudades, no pueden soportar ser perturbados en su dominio, y gritan contra la predicación del Evangelio. «¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret?» De hecho, hay una oposición a la predicación del Evangelio para que no perturbe esa concentración en ellos mismos, que divide y envenena la vida de nuestras ciudades; pero el Evangelio es decisivo para salvar a los hombres y a las mujeres de la esclavitud de una vida llena de miedos y violencia. 

«Cállate y sal de él». Es necesario que las comunidades cristianas y los discípulos salgan de sí mismos y de sus costumbres, incluso las pastorales, para emprender la nueva misión de expulsar a los diversos espíritus que subyugan a muchos en nuestras ciudades; para que se afirme en cambio una nueva cultura, la de la misericordia, la acogida, el encuentro y la ayuda mutua. 

El papa Francisco no deja de recordárselo a todos los discípulos, de hecho, es urgente que toda la Iglesia, cada creyente y toda la comunidad eclesial redescubran el valor de volver a proponer el Evangelio sine glossa , sin añadidos, como decía Francisco de Asís. Esta es la única autoridad que «manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen» .


[1] V. Paglia, Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día. 2021

La admiración por Jesús, puerta de entrada de una gran aventura

0

Domingo IV del Tiempo Ordinario – Ciclo B

AnuncioDespués de haber contemplado a Jesús recorriendo Galilea, llevando el anuncio de la cercanía amorosa de Dios y el llamado de los primeros discípulos, hoy nos encontramos con una interesante escena que nos permite darnos cuenta de cómo reaccionaba la gente ante el anuncio del Reino de Dios. Podríamos decir que en esta escena se condensa el evangelio. Pues la admiración de unos y el rechazo de otros será hará el contrapunto del ministerio de Jesús.

Jesús entra en la Sinagoga de Cafarnaúm uno de los pueblos más importantes de Galilea, que era un punto estratégico de comunicación con Damasco. El evangelista no se entretiene en decirnos que fue lo que Jesús enseñó, nos dice cuál fue la reacción de su auditorio: «Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas»

Los escribas eran gente preparada, no hablaban por hablar. Se formaban en el conocimiento de la Ley y de los Profetas durante muchos años. Pero su enseñanza decía poco a la gente, ya que no aportaban nada nuevo, repetían lo que habían aprendido y parecían no capaces de tener ideas propias. Jesús en cambio asombra por que hablaba con autoridad. Hablaba de Dios, no para darle gusto a la gente, sino del Dios a quien Él experimentaba como Padre amoroso, que invadía con su Espíritu su corazón para llevar a todos la alegría del Evangelio. Marcos no nos dice qué era en concreto lo que provocaba la admiración de quienes lo escuchaban. Es probable que no lo haga, para despertar la curiosidad del lector que inicia la lectura del evangelio y animarlo a seguir leyendo con interés.

Después de describir la aprobación y admiración de muchos, el evangelista nos narra el rechazo o desacuerdo de uno que escucha y reacciona protestando. Se trata de un endemoniado que reconoce a Jesús, lo llama Santo de Dios y le reclama con disgusto «¿Has venido a acabar con nosotros?». Parece claro que Jesús ha venido a imponerse sobre el poder de Satanás. Quien está leyendo el evangelio, no puede olvidar que pocos versículos antes, el evangelista presentó a Jesús salir victorioso de las tentaciones del demonio en el desierto.

Hay mucha gente de nuestro tiempo que prefiere no hablar de diablo, que duda de su existencia o que prefiere referirse a su acción perniciosa con otras palabras. Para nuestro evangelista, el anuncio del Reino, supone la batalla entre el bien y el mal. Los espíritus inmundos son descritos con dos rasgos importantes: a) se les atribuye los casos de enfermedad más complicados y que no tienen respuesta o solución conforme a la medicina de la época; b) expresan la oposición radical al plan de Dios, lo reconocen, y protestan por la actividad de Jesús.

Jesús tiene el poder de expulsar demonios y los discípulos reciben de Él este mismo poder, con la advertencia de que algunos son difíciles de enfrentar y que para vencerlos se requiere de ayuno y oración. No es difícil notar que para Marcos los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios, sino los hombres que se cierran al anuncio del Reino y que son quienes terminarán crucificándolo.echa-demonios

Expulsado el demonio, liberado el endemoniado, la atención en la escena se concentra en los presentes en la sinagoga, quienes, si inicialmente no cabían en su admiración por la autoridad con la que Jesús hablaba, ahora están estupefactos al ver que además tiene poder sobre los espíritus inmundos. «¿Qué es esto ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea»

Hemos contemplado dos reacciones contrastantes ante Jesús, su palabras y hechos, una de admiración, otra rechazo. Estas actitudes las encontraremos en todo el evangelio. El lector del evangelio o quien lo escucha en este momento se encuentra ya en un dilema ¿cuál será su reacción ante Jesús? ¿de que lado se pondrá?. No se vale anticipar la respuesta. Hay que hacer el camino. Hay un momento en el que quienes inicialmente lo siguieron con entusiasmo, más tarde  «todos lo abandonaron».

Hagamos el camino del evangelio. Quedémonos en la admiración inicial, que es como la puerta de entrada para la gran aventura del discipulado, que precisamente inicia con la pregunta ¿Quién es éste? ¿Por qué sus palabras tocan mi corazón? ¿por qué habla con autoridad?. Todo el evangelio de Marcos está estructurado para que quien hace el camino vaya respondiendo a esta pregunta, hasta identificarse con el centurión romano que contemplando a Jesús colgado de la Cruz dirá «verdaderamente éste es el Hijo de Dios»

Aprendamos de Jesús cómo se proclama la Buena Nueva. También nosotros hemos de hacerlo. El beato Pablo VI lo sintetizó con maestría en las siguientes palabras de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi que conviene traer al corazón:

testimonio«La Buena Nueva debe ser proclamada en primer lugar, mediante el testimonio. Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización.» (No. 21)

Cualquier gesto de nuestro testimonio cristiano tiene el potencial de suscitar en otros la admiración por Jesús, y esta admiración es la puerta abierta para vivir la gran aventura del Evangelio.