Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: II Viernes de Adviento

La sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras

0

Adviento

Viernes de la II semana

Textos

Del libro del profeta Isaías (48, 17-19)

Esto dice el Señor, tu redentor, el Dios de Israel: “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye en lo que es provechoso, el que te guía por el camino que debes seguir.

¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos! Sería tu paz como un río y tu justicia, como las olas del mar. Tu descendencia sería como la arena y como granos de arena, los frutos de tus entrañas. Nunca tu nombre hubiera sido borrado ni arrancado de mi presencia”. Palabra de Dios. 

† Del evangelio según san Mateo (11, 16-19)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Isaías se concentra en la revelación del Señor como Dios de Israel; su acción salvífica, que manifiesta la santidad de Dios, se realiza en la formación del corazón del pueblo, para que pueda seguir el camino de la alianza y para que logre conocer el designio amoroso, salvador, gratuito, de Dios con la humanidad.

Esta realidad lleva al profeta a hacer una especie de balance de la historia pasada de la alianza, como tiempo en el que la falta de escucha de la Palabra divina y la transgresión de su ley de vida han arrastrado a Israel lejos de la prosperidad de las promesas incluidas en la alianza. Pero ahora Dios da nuevamente su Palabra eficaz para que  escuchándola y obedeciéndola produzca efectos profundos y duraderos, llevando a Israel a vivir en la justicia derramada por Dios al pueblo, garantizando el cumplimiento de la promesa hecha a los padres.

El evangelista nos trasmite un dicho de Jesús acerca de la incapacidad de sus contemporáneos a aceptar la novedad del Reino.. Son como niños caprichosos que ante un juego,  no saben lamentarse ni divertirse. La parábola presenta dos grupos de niños en conflicto entre ellos, porque el segundo grupo ha perdido interés en el juego, incluso antes de haberlo comenzado. La doble reacción de los contemporáneos con el Bautista y con Jesús, su mala voluntad manifiesta, les asemeja a los niños caprichosos de la parábola.

La sabiduría de Dios no se legitima por la aceptación caprichosa ni por el contentillo de quienes reciben el mensaje; Mateo es claro en afirmar: «la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras» y Jesús es la sabiduría de Dios. El evangelista quiere sacudir las conciencias de quienes reciben su evangelio, disponiéndoles a la escucha para que sepan acoger la “hora desconocida de Dios”.

Hemos contemplado hasta ahora la disposición de Dios para salir a nuestro encuentro; sin embargo, esta voluntad suya poco efecto tiene en nuestra vida si no lo recibimos, escuchando su Palabra. El adviento nos pide disposición para acoger y escuchar la Palabra, sin pretextos ni actitudes convenencieras, con un gran amor a la verdad; no podemos domesticar la Palabra, por el contrario, debemos dejarla que despliegue en nuestro interior y en toda nuestra vida todo su potencial transformador.

[1] Cfr. G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 137-139.

Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye en lo que es provechoso

0

Adviento

Viernes de la II semana

Textos

Primera Lectura

Del libro del profeta Isaías (48, 17-19)

Esto dice el Señor, tu redentor, el Dios de Israel: “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye en lo que es provechoso, el que te guía por el camino que debes seguir.

¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos! Sería tu paz como un río y tu justicia, como las olas del mar. Tu descendencia sería como la arena y como granos de arena, los frutos de tus entrañas. Nunca tu nombre hubiera sido borrado ni arrancado de mi presencia”. Palabra de Dios.

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

La profecía de Isaías que leemos hoy está precedida de breves palabras de auto presentación del profeta: «Y ahora el Señor me envía con su espíritu». Sobre la base de la conciencia que tiene de si mismo el profeta se apoya el mensaje que consideramos. Encontramos tres ideas fuertes.

Primera idea: Cómo se presenta Yahvé

Yahvé no se presenta a partir de conceptos teóricos sino a partir de la experiencia histórica que se ha hecho de él, es «el redentor», sin embargo, su acercamiento a la historia humana en la que se inserta no le quita su trascendencia, Él es «el Santo de Israel».

Yahvé no aparece en función de si mismo sino del pueblo que es «su pueblo», por eso afirma que es «de Israel»; porque es fiel a la Alianza sellada con su pueblo se lo educa como padre, lo enseña como maestro, lo guía como jefe.

El pueblo regresa de la dura prueba del exilio y debe darse cuenta de que puede hacer este camino gracias a la acción poderosa de Yahvé. Esta toma de conciencia es el punto de partida de una percepción de la presencia “real” de Dios en la vida. A Yahvé le preocupa la vida de su pueblo; y porque lo ama, busca su maduración.

Segunda idea: Cómo se presenta el pueblo

El pueblo es visto en tres dimensiones:

Primera dimensión: Es un pueblo terco, que no es dócil, que no ha sido fiel a Yahvé, razón por la cual fue al exilio.

Segunda dimensión, Es un pueblo amado, que es rescatado por Yahvé de esa situación y lo condice hacia la madurez: «el que te guía por el camino que debes seguir».

Tercera dimensión. Es un pueblo llamado a ser grande y fuerte; es la promesa que Dios hizo a Abraham y que sigue vigente y se realizará en plenitud: «Tu descendencia sería como la arena y como granos de arena, los frutos de tus entrañas».

Cuarta dimensión; Es un pueblo que debe aprender a leer la historia y sacar provecho incluso de los momentos críticos: «¡Ojalá hubieras obedecido mis mandatos!».

Tercera idea: Lo que sucede cuando el pueblo se deja guiar por Dios.

La docilidad para dejarse conducir por Dios es la prueba más fuerte del camino bíblico espiritual. Por eso, en forma de promesa, Yahvé motiva a su pueblo para que deje sus resistencias internas y acepte ordenar su vida conforme a los mandatos del Dios, entonces: «sería tu paz como un río y tu justicia, como las olas del mar».

Cuando se toma en serio la Palabra del Señor vienen muchas bendiciones. Todas ellas comenzando por un cambio profundo de vida que trae «paz» y dicha» continua -lo contrario a opresión y zozobra. Luego la vida en la justicia de Dios permite ver muchas realizaciones: «como las olas del mar».

En Jesús se realiza la profecía

No sólo el Israel del Antiguo Testamento batalló con lo docilidad a Dios; también para la generación de Juan el Bautista y de Jesús fue algo muy difícil. La comparación de los niños caprichosos que desbaratan juegos comunitarios y se pelean entre sí, muestra las dificultades para tomarse en serio la predicación de la Buena Nueva.

Pero así como Yahvé se acreditó recorriendo con su pueblo el camino de liberación, también Jesús puede decir «la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras». Jesús confía en que el pueblo comprenderá.


[1] Oñoro, F. Es hora de tomar a Dios en serio: Isaías 48, 17-19. CEBIPAL/CELAM.

La sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras

0

Jesús y fariseos

Adviento

Viernes de la II semana

Textos 

† Del evangelio según san Mateo (11, 16-19)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: ‘Tiene un demonio’. Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1] 

La Palabra de Dios sigue preparando nuestro corazón para acoger al Señor Jesús que va a nacer. También para nuestra generación ha llegado el momento de dejarse tocar el corazón por el Evangelio.

Es fácil ceder a la tentación de poner excusas para evitar acoger la exhortación a volver al Señor de corazón. Por desgracia, cuántas veces se puede decir también de nosotros: «Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado».

Cada uno de nosotros -sobre todo en momentos de dificultad- se inclina instintivamente a pensar sólo en sí mismo, a considerar sólo lo que le toca y le afecta: es la única melodía que conocemos de memoria y seguimos. Apartamos todo lo que perturba nuestra tranquilidad. En definitiva, nos fiamos sólo de nosotros mismos y de nadie más. Pero la fe, aunque ciertamente necesita la razón, pasa por el corazón, es decir, por confiar en Dios, por acoger el Evangelio como palabra viva que ilumina y calienta.

Pero, también para nosotros, como le ocurrió a Juan Bautista y a la gente de su tiempo, llega el momento de decidir si seguimos a Jesús o si continuamos yendo detrás de nosotros mismos. Y es una decisión que no podemos posponer más y que la cercanía de la Navidad nos ayuda a realizar.

La verdadera «sabiduría » que debemos tener en este tiempo es acoger el gran misterio de la Navidad: un Dios que nos ama hasta hacerse niño para estar cerca de nosotros. La Navidad es la extraordinaria «obra» de amor de Dios. Por esto es bello esperar a aquel Niño que va a llegar, para que cada uno de nosotros se deje enternecer por él y lo acoja en su corazón.

 

[1] Cfr. V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 26-27.