Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivo de la etiqueta: El Cuerpo y la Sangre del Señor

Comieron todos y se saciaron

0

multiplicación de los panes

Jueves posterior a la solemnidad de la Santísima Trinidad

El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 11-17)

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos. Cuando caía la tarde, los doce apóstoles se acercaron a decirle: “Despide a la gente para que vayan a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario”. El les contestó: “Denles ustedes de comer”. Pero ellos le replicaron: “No tenemos mas que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”

Eran como cinco mil varones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente.

Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

La celebración del “Cuerpo y la Sangre del Señor”, también llamada del “Corpus Christi”, nos sitúa una vez más en el plano de la amistad con Jesús y nos invita a tomar conciencia del hecho que esta amistad tiene una dimensión sacramental que se realiza en el misterio Eucarístico, que Él mismo Jesús instituyó.

Fue Jesús mismo quien dijo de qué manera permanecería en medio de sus discípulos y cómo continuaría la comunión comenzada en el discipulado de los caminos de Galilea, el cual tuvo su culmen en el amor total expresado por el Maestro con los brazos abiertos en la Cruz.

Este año, san Lucas nos ayuda a profundizar en el misterio eucarístico desde su propia perspectiva teológica y catequética. Así vamos comprendiendo poco a poco el fundamento y las implicaciones de la “comunión” con Jesús significada en la Eucaristía, la celebramos agradecidos y nos comprometemos con ella.

La comunidad de Jesús encuentra su identidad en la Eucaristía

La importancia y la centralidad de la celebración Eucarística se percibe claramente en el énfasis que el evangelista Lucas pone en ella: instituida por el mismo Jesús la instituye en la Última Cena y la celebración gozosa de la mesa del pan partido y la copa compartida en un ambiente gozoso por los discípulos de Jesús, es la respuesta a su mandato: “Hagan esto en memoria mía”.

Los primeros discípulos hicieron de la mesa compartida una costumbre con la que se identificarían porque proviene del mismo Jesús. El Maestro, como nos lo muestra el evangelio de Lucas, se reunía con frecuencia con diversas personas para compartir los alimentos. En el oriente las comidas son expresión de convivencia, de paz, de alegría, de confianza mutua y de comunión; en torno a la mesa se tejían y tejen las relaciones comunitarias.

En Lucas, los relatos de la multiplicación de los panes (9,12-17) y de la cena en Emaús (24,28-32), hacen eco a la  Última Cena (22,19-20), en la cual Jesús expresa el sentido último de su misión. No es sino mirar cómo se repiten  los mismos 4 verbos eucarísticos: “tomar” (el pan), “bendecir” (agradecer), “partir” y “dar”.

En torno a estos movimientos se proclama la doble verdad de la Eucaristía: primero, que Jesús está allí presente; Él se identifica con el pan y el vino, haciéndolos su Cuerpo entregado y su Sangre derramada por amor en la Cruz; segundo, que en la comunión con su Cuerpo y con Sangre, Jesús invita a sus discípulos a sellar con Él una nueva Alianza, una nueva manera de ser comunidad a partir de la inmensa y sólida comunión con su Persona y su misión.

En torno al pan partido y compartido Jesús forma su comunidad

El texto que contemplamos es el de la multiplicación de los panes. Los discípulos regresan de la misión; Jesús los lleva aparte a Betsaida, vinculando así esta experiencia a la confesión de fe de Pedro que se describe enseguida.  La gente busca a Jesús y él la recibe hablándoles del Reino y curando a los enfermos.

Los apóstoles, al acabar el día, se plantean dos necesidades generalizadas: la gente que los sigue necesita alimento y hospedaje; la exponen al Señor, señalando su propia precariedad para una solución que alcance para todos, como deslindándose de cualquier compromiso. Jesús les pide que sean ellos quienes resuelvan el problema: “Denles ustedes de comer“. La solución que ofrece Jesús parece imposible, lo que tienen, con dificultad alcanzaría para ellos y en aquella multitud había más de cinco mil hombres.

Jesús se pone al frente de la situación poniendo en primer plano el servicio que prestan los discípulos. Ellos acomodan a la gente: respondiendo así a la necesidad de acogida-alojamiento; y sirven la comida: respondiendo así a la necesidad del alimento del huésped. Los apóstoles –como totalidad de Doce (=comunidad apostólica)- se ponen al servicio del servicio de Jesús.

Los apóstoles obedecen de manera puntual. Dice Jesús: “hagan que se sienten en grupos como de cincuenta”. Los apóstoles obedecen: “Así lo hicieron, y todos se sentaron”. Aunque quien obedece el mandato de Jesús, en última instancia es la gente, vale destacar aquí la acción de los apóstoles. Con el gesto de acomodar, están acogiendo para “formar comunidad”. El número “como de cincuenta” parece querer evitar la masificación y promover la integración. ¡Qué imagen tan bella de comunidad! Que se insista que todo se sentaron, nos hace ver  que la comunidad es un espacio que “incluye” a todos sin excepciones.

Así Jesús hace una muchedumbre anónima, de la masa, un verdadero pueblo, el “pueblo” querido por Dios.

Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados…”. Jesús sigue siendo el protagonista de la acción. Ahora se comporta como un padre de familia cuando se sienta a la mesa con todos los de su casa: normalmente se coloca a la cabeza de la mesa, da inicio a la cena con una oración y toma la iniciativa en la distribución de los alimentos.

El evangelio no omite ningún detalle esencial sobre la manera como se realiza la cena. Cada uno de los verbos nos recuerda la Última Cena de Jesús con sus discípulos, si bien hay que aclarar que aquí Jesús no pronuncia las palabras que identifican el pan con su Cuerpo.

Llama la atención el gesto de Jesús quien “levantando su mirada al cielo”, lo que se refiere evidentemente a una actitud de oración que ambienta la escena, realiza las acciones solemnes de  “tomar” los panes y los peces –con lo cual se da comienzo oficial a la cena-, “bendecir” -agradecer- a Dios por el alimento, “partir” –que hace pedazos los panes y los peces mientras Jesús esta pensando en alimentar a todos- y  “dar” a los discípulos, de manera que ellos pongan cada uno de los bocados en las manos de la gente.

Este momento cumbre de la escena quiere mostrar la capacidad que Jesús tiene para solucionar las necesidades fundamentales de su pueblo. Recordemos cómo se había dicho que “todos” fueron acogidos en la mesa, y cómo ahora se enfatiza el hecho de que “Comieron todos y se saciaron”.

Por su parte los apóstoles aparecen como aquellos que son capaces –gracias a Jesús- de hacer por el pueblo lo que el pueblo no podría hacer por sí: este es el sentido de su liderazgo en el servicio. El papel jugado por los apóstoles aparece destacado en la frase final, según la cual cada uno de los Doce parece portar una canasta durante la recolección de las sobras.

Al final de texto no se dice qué pasó después con la gente. Pero sí sabemos qué pasó con los discípulos de Jesús: fueron interrogados sobre la identidad de Jesús. La respuesta de Pedro, deja entender que alguien que ofrece el pan de esta manera no puede ser otro que el Mesías. De hecho, no hay que perder de vista que el milagro se realizó ante todo a los ojos de los apóstoles.

El que dio el pan de esta manera –formando un pueblo-comunidad que acoge y le participa a todos el don de la vida- es el mismo que se dio a si mismo en la muerte por muchos y quien continúa presente con sus discípulos cada vez que repiten el gesto de la “Fracción del Pan”.

 

[1] F. Oñoro, La Eucaristía: Jesús amor multiplicado para todos, Lectio de Lucas 9, 11-17. CEBIPAL/CELAM.