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¿Luego, tú eres Rey?»

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Domingo XXXIV Tiempo Ordinario

Jesucristo Rey del Universo

Ciclo B

Rex

Diseño: ZKL – Francisco José


El Texto

+ Del evangelio según san Juan (18, 33-37)

En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo.

Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.  Palabra del Señor.

Para la reflexión

Con la celebración de la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo concluye el año litúrgico. Este año, llevados de la mano de san Marcos, caminamos con Jesús, junto con sus disciípulos y aprendimos de Él, de sus palabras, gestos y acciones, a vivir como hijos de Dios.

Para concluir este camino, la Iglesia pone delante de nosotros la imagen de Cristo Rey, que ha sido contemplada por los cristianos a lo largo de la historia. Hoy consideramos la escena de Jesús delante de Pilatos en el pretorio de Jerusalén.

Aparecen contrapuestos dos reyes; uno, el emperador romano, representado por Pilato, detenta en Judea el poder más grande, era el único capaz de aplicar la pena de muerte; el otro es Jesús, atado como si fuera un malhechor, pero presentándose, en medio de la ignominia de un juicio injusto, dueño de la situación, con la dignidad de una víctima inocente.

El dialogo de Pilato y Jesús en el relato es extenso. Hoy consideramos sólo en uno de los interrogatorios, en el que se entrelazan tres preguntas:  «¿Eres tú el Rey de los judíos?»(18,33), «¿Qué has hecho?» (18,35), «¿Luego, tú eres Rey?» (18,37). La pregunta inicial pone en primer plano el tema principal: el reinado de Jesús, que fue el objeto principal de las acusaciones contra Él. De esta pregunta se siguen las otras que lo llevan a asumir la responsabilidad de su misión y a explicar el tipo de su realeza.

Primera pregunta: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Esta pregunta Jesús la responde con otra pregunta: «¿eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros»; al responder así confronta la actitud Pilato, quien antes de indagar los hechos asume como cierta la acusación. Un juez que se precie de ser justo no puede juzgar de oídas sino a partir de la certeza moral de que algo es cierto. Pilato debe responderse a sí mismo si  lo que dice procede de su propio conocimiento o simplemente está repitiendo lo que otros dicen. De fondo aparece ya el tema de la verdad; con su respuesta, Jesús lo primero que hace es cuestionar la autoridad del juzgador.

Segunda pregunta: «¿Qué has hecho?»

Pilato se defiende con una pregunta: «¿Acaso soy yo judío?»,  como queriendo deslindar su responsabilidad  sobre las valoraciones de los demás. Está claro que él no es judío y que pretende eludir la responsabilidad de asumir como verdadero lo que otros han dicho como acusación.

Dando un paso adelante en su interrogatorio Pilato pregunta lo que debía haber hecho desde el principio, concediendo al acusado la posibilidad de hacer su propia declaración.

«¿Qué has hecho?» Jesús no enumera las actividades de su ministerio, sino que hace una presentación global de su obra, repitiendo en tres ocasiones «Mi Reino no es de este mundo» Con ello Jesús deja claro que no es enemigo del César, que su reino no tiene que ver con territorio, ni con leyes, ni con impuestos, ni con nada que signifique sometimiento, poder o uso de la fuerza. Prueba de ello es que no ha opuesto resistencia para ser capturado y nadie ha combatido para evitarlo.

Tercera pregunta: «¿Luego, tú eres Rey?»

Jesús ha descrito que tipo de Rey no es y lógicamente se sigue la cuestión sobre cuál es el tipo de su realeza. A ello Jesús responde afirmando con contundencia: «Soy Rey» y enseguida explica la naturaleza de su Reino: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad» e invita a acoger su reinado: «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz»

Jesús ha nacido para ser testigo de la verdad y en esto consiste su obra como Rey. Sólo puede dar testimonio quien tiene conocimiento, experiencia directa de lo que declara. La verdad que Jesús declara no es cualquier verdad, es la verdad sobre Dios y lo puede hacer porque lo conoce, está en relación con Él, le pertenece, vive en íntima comunión con Él.

El Rey de un Pueblo, al igual que un Pastor, tiene como tarea hacer posible la vida de su pueblo, preocupándose para que sus condiciones de vida sean lo mejor posible. La obra de Jesús, Rey y Pastor, que da testimonio de la verdad, es abrir a todas las personas el camino de la plenitud de vida, más allá de toda posibilidad humana. Jesús ejerce su reinado desde la Cruz y desde allí nos atrae a la verdad de Dios de la que es testigo desde toda la eternidad y nos sumerge en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo.

Con el testimonio de la verdad, Jesús, Rey crucificado, hace verdaderas las palabras «Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10)»

Nota histórica

En 1925 el papa Pio XI instituyó la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, como un gesto simbólico en medio de las difíciles situaciones que atravesaba la humanidad después de la I Guerra Mundial y el ascenso de ideologías como el comunismo, el nazismo y el fascismo y la compleja situación de la economía mundial que preludiaba a la caída de la bolsa de Wall Street en 1929. En nuestra Patria, en 1921 el episcopado mexicano decidió colocar en el cerro del Cubilete, centro geográfico del país, en el el estado de Guanajuato, una imagen monumental de Cristo Rey; la colocación de la primera piedra valió la expulsión del país del delegado apostólico Ernesto E. Filippi, los trabajos fueron suspendidos y el lugar fue dinamitado. Los catolicos de entonces hicieron el monumento de Cristo Rey en sus corazones y con sus vida defendieron su fe y la libertad religiosa en la conocida epopeya de la guerra cristera, muriendo muchos de ellos, como el adolescente martir San José Sanches del Río, al grito de ¡Viva Cristo Rey! Recobrada la calma después de la tempestad, en 1944 se reanudó el proyecto del monumeto que hoy conocemos y que fue bendecido el 11 de diciembre de 1950.

El Papa invitaba entonces a los creyentes de todo el mundo a “restaurar todo en Cristo”, y lo mismo hicieron los obispos mexicano indicando con ello que los graves problemas de la humanidad y de nuestra nación encontrarían solución construyendo la convivencia social, la política y la economía, sobre las bases de la verdad, en la justicia, en el amor y en la paz.

Pio XI quiso que la fiesta de Cristo Rey se celebrara el último domingo de octubre, pero después de la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, se ubicó el último domingo del año liturgico para coronar, de alguna manera, el camino anual de los fieles que durante el año litúrgico celebran, domingo a domingo, los grandes misterios de la Encarnación y de la Redención.

 

Tú lo has dicho, Soy Rey (Jn 18,33-37)

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Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

Con la celebración de la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo llegamos al término del año litúrgico. Contemplamos el dialogo de Jesús con Pilato en el Pretorio de Jerusalén. Dos reyes están contrapuestos. Pilato representa al emperador romano y detenta en Judea el poder más grande, en efecto, él es el único capaz de aplicar la pena de muerte. Frente a Pilato está Jesús, atado como si fuera un malhechor, pero presentándose a sí mismo como un Rey, de un tipo distinto al que representa Pilato.

La confrontación de Pilato y Jesús en el relato de la Pasión tiene gran extensión. Hoy nos detenemos sólo en uno de los interrogatorios, que se desarrolla a partir de tres preguntas:  «¿Eres tú el Rey de los judíos?»(18,33), «¿Qué has hecho?» (18,35), «¿Luego, tú eres Rey?» (18,37) que provocarán un triple pronunciamiento de Jesús.

La pregunta inicial pone en primer plano el tema principal: el reinado de Jesús, que fue el objeto principal de las acusaciones contra Él. De esta pregunta se siguen las otras que lo llevan a asumir la responsabilidad de su misión y a explicar el tipo de su realeza.

Primera pregunta: «¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Esta pregunta Jesús la responde con otra pregunta: «¿eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros», de esta manera, al responder confronta a Pilato sobre su actitud. Un juez que se precie de ser justo no puede juzgar por oídas sino a partir de la certeza moral de que algo es cierto. De ahí que la respuesta de Jesús confronte a Pilato acerca de si lo que dice procede de su propio conocimiento o simplemente está repitiendo lo que otros dicen. Aparece ya de fondo el tema de la verdad.

Con su respuesta Jesús interpela a su acusador. Pilato tiene la obligación de verificar las acusaciones. Lo primero que hace Jesús es con sencillez poner en cuestión la autoridad del Juez.

Segunda pregunta: «¿Qué has hecho?»

Pilato se defiende haciendo ver que no tiene responsabilidad sobre las valoraciones de los demás. Está claro que él no es judío y con ello pretende eludir la responsabilidad de asumir como verdadero lo que otros han dicho como acusación.

Dando un paso adelante en su interrogatorio Pilato pregunta lo que debía haber hecho desde el principio, concediendo al acusado la posibilidad de hacer su propia declaración y así evitar ser considero un juez injusto que juzga sumariamente.

«¿Qué has hecho?» Jesús no enumera las actividades de su ministerio, sino que hace una presentación global de su obra, repitiendo en tres ocasiones «Mi Reino no es de este mundo» Con ello Jesús trata de dejar en claro que no es enemigo del César, que su reino no tiene que ver con territorio, ni con leyes, ni con impuestos, ni con nada que signifique sometimiento, poder o uso de la fuerza. Prueba de ello es que no ha opuesto resistencia para ser capturado y nadie ha combatido para evitarlo.

Tercera pregunta: «¿Luego, tú eres Rey?»

Jesús ha descrito que tipo de Rey no es y lógicamente se sigue la cuestión sobre cuál es el tipo de su realeza. A ello Jesús responde afirmando con contundencia: «Soy Rey» y enseguida explica la naturaleza de su Reino: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad» e invita a acoger su reinado: «Todo el que es de la verdad, escucha mi voz»

Jesús ha nacido para ser testigo de la verdad y en esto consiste su obra como Rey. Sólo puede dar testimonio quien tiene conocimiento, experiencia directa de lo que declara. La verdad que Jesús declara no es cualquier verdad, es la verdad sobre Dios y lo puede hacer porque lo conoce, está en relación con Él, le pertenece, vive en íntima comunión con Él.

El Rey de un Pueblo, al igual que un Pastor, tiene como tarea hacer posible la vida de su pueblo, preocupándose para que sus condiciones de vida sean lo mejor posible. La obra de Jesús, Rey y Pastor, que da testimonio de la verdad, es abrir a todas las personas el camino de la plenitud de vida, más allá de toda posibilidad humana. Jesús ejerce su reinado desde la Cruz y desde allí nos atrae a la verdad de Dios de la que es testigo desde toda la eternidad y nos sumerge en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo.

Con el testimonio de la verdad, Jesús, Rey crucificado, hace verdaderas las palabras «Yo he venido para tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10)»