Ecos de la Palabra

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¿Qué va a ser de este niño?

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Nacimiento de Juan Adviento

Ferias Mayores

23 de diciembre

Textos

+ Del evangelio según san Lucas (1, 57-66)

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño.

El pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos, y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Juan Bautista, el último de los profetas, reúne en sí toda la tradición profética del Antiguo Testamento que está orientada por completo al misterio de Jesús. La Carta a los Hebreos lo recuerda: «Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo». Podríamos decir que el Bautista es el último «favor de Dios», el último de los profetas antes de que el Señor hablase directamente con su Palabra a los hombres.

El evangelista Lucas subraya que su nacimiento es obra de la intervención de Dios que ha hecho fecundos a Zacarías e Isabel. El evangelista muestra la alegría de Zacarías, que reconoce lo extraordinario del nacimiento de ese niño ocurrido por obra del Señor. Después del momento de incredulidad, Zacarías manifiesta su fe en la Palabra de Dios que es fuerte y eficaz. Se ha convertido en creyente. Ha dejado de ser mudo, su lengua se desata y puede hablar; su corazón está lleno de alegría por ese hijo, fruto de la escucha de la Palabra de Dios.

El nacimiento de Juan provoca la maravilla no sólo en la casa de Zacarías, sino también entre los vecinos, como siempre sucede cada vez que el Evangelio es escuchado y puesto en práctica: los efectos de amor provocados por el Evangelio crean siempre un clima nuevo entre la gente, un clima de fiesta, de estupor por los acontecimientos que suscita.

La escucha del Evangelio es el camino para la transformación del mundo. No es un camino banal y superficial: es profundo, interior, lleva el mundo hacia el cielo. Estamos a las puertas de la Navidad, de la Palabra que se hace carne para salvar el mundo del pecado y de la muerte.

El primer paso de esta historia de salvación se produce a partir del corazón que acoge la Palabra. Es lo que se nos pide en Navidad: renacer con Jesús. La Navidad es, por tanto, acoger en el corazón el Verbo (Jesús) y dejarle que se convierta en nuestra misma carne, es decir, historia nueva y santa. Conociendo bien esta dinámica de la fe, Silesius, un místico del siglo XVII, decía: «Aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no lo hace en tu corazón, estarías perdido para siempre».

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra De Dios cada día, 2018, 34-35.