Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

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En cuanto Isabel oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno

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21 de diciembre

Textos

Del libro del Cantar de los Cantares (2, 8-14)

Aquí viene mi amado saltando por los montes, retozando por las colinas. Mi amado es como una gacela, es como un venadito, que se detiene detrás de nuestra tapia, espía por las ventanas y mira a través del enrejado. Mi amado me habla así: “Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. Mira que el invierno ya pasó; han terminado las lluvias y se han ido.

Las flores brotan ya sobre la tierra; ha llegado la estación de los cantos; el arrullo de las tórtolas se escucha en el campo; ya apuntan los frutos en la higuera y las viñas en flor exhalan su fragancia. Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas, en las grietas de las peñas escarpadas, déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz, porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”. Palabra de Dios.

+ Del evangelio según san Lucas (1, 39-45)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El texto del Cantar de los Cantares, poema lírico, de autor desconocido, escrito en los siglos VI-V a.C. utilizando material antiguo que pudiera remontarse hasta Salomón (siglo X), exalta con delicadeza el amor humano entre esposo y esposa. Tal amor, descrito de moto espontáneo e inspirado, describe la vuelta del esposo a casa tras el largo invierno en busca de pastos para su rebaño. La alegría de la esposa por la venida de su amado, unidad al tierno afecto, es tan intensa, que las palabras utilizadas de densa inspiración poética y las imágenes primaverales, aun las más elevadas, parecen insuficientes para manifestar la emoción interior de la persona amada.

En la tradición de la Iglesia la imagen “esposo”-“esposa” siempre se ha entendido como símbolo de la relación nupcial entre Dios y el pueblo y entre Cristo y la Iglesia. La liturgia utiliza este simbolismo entre Cristo y María y entre Cristo y el creyente: ls Virgen es figura de la Iglesia que sale al encuentro con gozo de Cristo-esposo que viene, y así también cada miembro de la comunidad cristiana, que viene esperando acoger el Señor para que le hable directamente al corazón.

La visita de María a su pariente Isabel en el pueblecito de Ain Karin en las colinas de Judá es una página rica de reminiscencias bíblicas, de humanidad y espiritualidad. María recorre el mismo camino que hizo el arca, cuando David la transportó a Jerusalén, y es el camino que hará Jesús cuando decididamente se dirija a Jerusalén a cumplir su misión. Se trata siempre de Dios, que, en diversos momentos de la historia de la salvación, se dirige al hombre para invitarlo a la salvación.

La narración de la visitación está estrechamente vinculada con la de la anunciación, no sólo por su clima tan humano, manifestando en actos de servicio, sino también porque la visitación es la verificación del “signo” que el ángel dio a María . Los saltos del Bautista en el seno de su madre representa la alegría desbordante de todo Israel por la venida el Salvador. las palabras de bendición, inspiradas por el Espíritu, que Isabel dirige a María, son la confirmación de la especial complacencia de Dios con la Virgen. La salvación que lleva en el secreto de su propia maternidad es el fruto de su fe en la Palabra del Señor: «Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».

Encuentro, es la Palabra que identifica a los textos de esta quinta feria privilegiada del adviento. Es el encuentro de los que se aman, el encuentro de los dos testamentos el antiguo y el nuevo, representados en Isabel y María, en Juan el Bautista y Jesús; es el encuentro de dos mujeres que se maravillan por la obra de Dios realiza en ellas; es, en una palabra, el encuentro de Dios con la humanidad, representado de distintas maneras. El tiempo de Navidad está lleno de momentos de encuentro, que vivimos con distintas intensidades y emociones, encuentros institucionales, encuentros amistosos, encuentros festivos, encuentros familiares. Contemplando a María que en su encuentro con Isabel lleva en su seno a Jesús, bien podemos preguntarnos qué llevamos con nosotros, en nuestro interior, para compartir con las personas que encontramos en estos días.

[1]  G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 264-267

Se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor

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21 de diciembre

Feria mayor de adviento

Textos

+ Del evangelio según san Lucas (1, 39-45)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena delEspíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El Evangelio de la «visitación» quiere implicarnos en la prisa del encuentro con Jesús. El evangelista advierte que María, después de haber sabido por el ángel que Isabel esperaba un hijo, corrió «con prontitud» hacia ella. 

El Evangelio mete prisa, nos empuja a salir de nosotros mismos, de nuestras costumbres, para realizar lo que anuncia; y nos exhorta a no concentrarnos en las preocupaciones y los pensamientos de siempre. ¡Podemos fácilmente imaginar cuántas preocupaciones tendría María después que el ángel le hubiera cambiado la vida! Sin embargo, dejó Nazaret para ir donde la anciana prima Isabel, embarazada desde hacía ya seis meses, y que ciertamente necesitaba ayuda. 

Pero podemos también pensar que la joven María quisiera confiar a la anciana prima lo que le había sucedido. Es una sabia decisión confiarse a quien se ama. En todo caso, no era fácil para María, por su gran juventud, afrontar un viaje tan largo y difícil a través de una «región montañosa». El Evangelio empuja a acudir en ayuda de quien sufre y tiene necesidad de apoyo. El amor es siempre grande, incluso cuando se trata de un simple encuentro con los pobres. 

El amor es siempre una decisión, la de ir más allá de nosotros mismos. María se dejó tocar el corazón por la necesidad de la prima y, sin dudarlo, acudió donde ella. En cuanto Isabel la vio acercarse se alegró en sus entrañas. Es la alegría de los débiles y de los pobres cuando son visitados por los «siervos» y las «siervas» del Señor, es decir, por los que «han creído que se cumplirían las cosas que les fueron dichas de parte del Señor».  De la boca de los pobres brota la bendición hacia todos los que acuden junto a ellos con amor. En esos momentos se produce una auténtica y verdadera epifanía del Espíritu Santo. 

La sonrisa de los pobres es la sonrisa de Dios, su alegría es la misma de Dios. Y los creyentes sentirán cómo vuelve hacia ellos la belleza y la fuerza de esa alegría provocada en lo más profundo del corazón de los pobres. Aquel abrazo entre la joven María y la anciana Isabel es el icono del amor entre los cristianos y los pobres. Es el encuentro que los cristianos están llamados a dar al mundo para que se aleje de la vía de la injusticia y de la violencia y emprenda el camino del encuentro y de la paz.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 32-33.

Dichosa tú, que has creído

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visitacion

Adviento
Ferias Mayores

21 de diciembre

Textos 

+ Del evangelio según san Lucas (1, 39-45)

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El Evangelio de la «visitación» quiere implicarnos en la prisa del encuentro con Jesús. El evangelista advierte que María, después de haber sabido por el ángel que Isabel esperaba un hijo, corrió «con prontitud» hacia ella.

El Evangelio mete prisa, nos empuja a salir de nosotros mismos, de nuestras costumbres, para realizar lo que anuncia; y nos exhorta a no concentrarnos en las preocupaciones y los pensamientos de siempre. ¡Podemos fácilmente imaginar cuántas preocupaciones tendría María después que el ángel le hubiera cambiado la vida! Sin embargo, dejó Nazaret para ir donde la anciana prima Isabel, embarazada desde hacía ya seis meses, y que ciertamente necesitaba ayuda.

Pero podemos también pensar que la joven María quisiera confiar a la anciana prima lo que le había sucedido. Es una sabia decisión confiarse a quien se ama. En todo caso, no era fácil para María, por su gran juventud, afrontar un viaje tan largo y difícil a través de una «región montañosa». El Evangelio empuja a acudir en ayuda de quien sufre y tiene necesidad de apoyo. El amor es siempre grande, incluso cuando se trata de un simple encuentro con los pobres.

El amor es siempre una decisión, la de ir más allá de nosotros mismos. María se dejó tocar el corazón por la necesidad de la prima y, sin dudarlo, acudió donde ella. En cuanto Isabel la vio acercarse se alegró en sus entrañas. Es la alegría de los débiles y de los pobres cuando son visitados por los «siervos» y las «siervas» del Señor, es decir, por los que «han creído que se cumplirían las cosas que les fueron dichas de parte del Señor».  De la boca de los pobres brota la bendición hacia todos los que acuden junto a ellos con amor. En esos momentos se produce una auténtica y verdadera epifanía del Espíritu Santo.

La sonrisa de los pobres es la sonrisa de Dios, su alegría es la misma de Dios. Y los creyentes sentirán cómo vuelve hacia ellos la belleza y la fuerza de esa alegría provocada en lo más profundo del corazón de los pobres. Aquel abrazo entre la joven María y la anciana Isabel es el icono del amor entre los cristianos y los pobres. Es el encuentro que los cristianos están llamados a dar al mundo para que se aleje de la vía de la injusticia y de la violencia y emprenda el camino del encuentro y de la paz.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 32-33.