Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: noviembre 2021

Vio a dos hermanos, Simón y Andrés…

0

 30 de noviembre

San Andrés, Apóstol

Textos

† Del evangelio según san Mateo (4, 18-22)

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”.

Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

La Iglesia hoy recuerda el apóstol Andrés, el primero en ser llamado. Esta efeméride nos recuerda que el cristiano es ante todo un discípulo, es decir, un hombre, una mujer, que escucha al Señor y lo sigue. Andrés, hijo de Jonás y hermano de Simón Pedro, era originario de Betsaida y era un pescador junto a su hermano. Jesús lo llamó mientras arreglaba las redes; las dejó inmediatamente y siguió a aquel maestro.

Según la tradición Andrés anunció el Evangelio en Siria, en Asia Menor y en Grecia y murió en Patras, crucificado como su Maestro. La ortodoxia lo venera como el primer obispo de la Iglesia de Constantinopla. El Evangelio de Marcos lo une a los llamados primeros cuatro. Todos, efectivamente, después del encuentro con Jesús empezaron a seguirlo.

La Iglesia, toda comunidad cristiana, toda experiencia religiosa empieza siempre con un encuentro. Pero no se trata de saludos apresurados, ni de distracciones de salón. ¡Cuántas veces llenamos nuestro tiempo con conversaciones fútiles o derrochamos un mar de palabras! Aquí tenemos una invitación directa y clara de Jesús: «Síganme y los haré pescadores de hombres».

Andrés y Simón, llamado Pedro, toman en serio esta invitación, dejan las redes y lo siguen. ¿Por qué seguirlo? Es dificil explicar el futuro de Dios a quien, como nosotros, es analfabeto de su palabra y de su amor. Y aquel maestro explica el futuro de Dios de la única manera en que esos pescadores pueden entenderlo, quizás en la única manera en que puede entusiasmarlos: «seguirán siendo pescadores, pero pescadores de hombres». Para este tipo de pesca hay que dejar la barca de siempre y ponerse en camino, no sobre el agua, sino por la tierra de los hombres, quizás más móvil e insegura que las aguas de aquel lago.

Ya no están en un mar de agua, es el mar de hombres y mujeres, es la multitud de personas que como un mar los absorberá y los arrollará. Andrés, junto a los otros tres, acoge la invitación de Jesús. No eres tú el que elige, es otro el que te mira, te ama y te llama. En realidad, Jesús es el primer «pescador de hombres», y llama a aquellos pobres pescadores.

No somos nosotros los que tenemos que juzgar si somos o no somos dignos, o si los otros lo son; estos juicios siguen una lógica mundana. En la perspectiva del Evangelio nosotros solo tenemos que escuchar la invitación, acogerla y responder, como hicieron aquellos cuatro. Seguir a Jesús no es una elección de héroes o de espíritus superiores. Los cuatro primeros eran comunes pescadores: escucharon a Jesús, confiaron en él y lo siguieron. Este es el secreto de la fe y de la Iglesia.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 433-434..

Se le acercó un oficial romano…

0

Adviento

Lunes de la I semana

Textos

Del libro del profeta Isaías (2, 1-5)

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.

El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor. Palabra de Dios.

+ Del evangelio según san Mateo (8, 5-11)

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico y sufre mucho”. El le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano.

Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande.

Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

La voz del profeta Isaías, predicador de la esperanza en el siglo VIII a C, resuena  para remover las conciencias y dar una nueva visión del proyecto de Dios en el  mundo; su mensaje nos ayudará durante el adviento para vivir el itinerario que va de la oscuridad a la luz, esto es, de las tinieblas de nuestros miedos, sufrimientos y angustias y de todo lo que causa el mal en la humanidad, a la revelación luminosa de la obra poderosa que Dios realiza con la llegada del Mesías.

Un mirada rápida al mundo en que vivimos, nos hace constatar que uno de los más grandes anhelos de la humanidad es la paz. El mundo en el que vivimos es conflictivo y violento la palabra de Isaías arroja toda su luz de esperanza: el advenimiento del Señor transformará la historia: de las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas.

En el evangelio contemplamos el encuentro de Jesús con el centurión romano en Cafarnaúm. Quien pide la ayuda de Jesús es un soldado extranjero, pagano, representante del poder imperial que se ha enseñoreado sobre el pueblo de Israel; en pocas palabras, es una persona impura. Ante Jesús este hombre no se presenta como un guerrero, su arma no es la espada sino la fe y la compasión; se presenta expresando un profundo sentido de indignidad y reconociendo que el poder de la Palabra de Dios, manifestado en Jesús, no tiene fronteras. Así como el experimenta la eficacia de sus órdenes con sus subalternos, con mayor razón será eficaz la palabra de Jesús para sanar a su siervo enfermo.

El adviento abre el horizonte de la salvación a todos; nadie está excluido y ninguna circunstancia es excepción. Lo escuchamos de Isaías y lo contemplamos en el evangelio. Aprovechar esta oportunidad salvífica nos pide ponernos en camino, desinstalarnos, salir de la modorra espiritual, dejar el miedo, la cobardía y bajar la guardia para acercarnos a Jesús, como lo hizo el centurión romano, para interceder por otros y por nosotros mismos, convencidos que una Palabra suya basta para hacer nueva nuestra historia y la de la humanidad.

¡Velen! ¡Estén despiertos!

0

Adviento

Domingo de la I Semana. 

Ciclo C

Texto

+ Del evangelio según san Lucas (21, 25-28. 34-36)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra, las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación. Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de latierra.

Velen, pues, y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje

Con el adviento inicia un nuevo año litúrgico. Este año corresponde al ciclo C y por tanto será san Lucas quien nos acompañará en las celebraciones dominicales.

El adviento es tiempo de preparación para la Navidad y también tiempo de preparación para la última venida del Señor. Este Domingo los textos bíblicos nos hacen fijar nuestra mirada más en la segunda venida que en la primera.

¿Temor o esperanza?

El texto del evangelio nos pone frente al evento culminante de la historia. No se trata de una descripción del fin del mundo. La intención del evangelista no es aterrorizar, sino alimentar la esperanza de los discípulos que en medio de las dificultades nunca deben olvidar que el Señor vendrá de nuevo y que está promesa se cumplirá pues las palabras del Señor no dejarán de cumplirse.

El evangelista anuncia el cumplimiento de la promesa y habla de los signos que precederán a la segunda venida. Estos signos, conocidos como escatológicos, se presentan con el  lenguaje que los profetas utilizaron cuando anunciaron los grandes juicios de Dios sobre Israel y la humanidad asociando al universo entero a estos acontecimientos. En el lenguaje profético el ser humano al ser juzgado por Dios debía presentarse ante Él acompañado de toda la creación.

Los trastornos cósmicos que menciona el evangelio enseñan que cuando Dios deja de sostener el mundo la creación entera se ve amenazada y corre el peligro de derrumbarse. Cuando el mundo se desestabiliza sufre la humanidad y se angustia pues comienza a ver incierto su futuro.

Saber esperar..

El abrirse de los cielos da paso a la aparición del Hijo del Hombre, que viene a juzgar al mundo. Es el cumplimiento de la promesa, un anuncio de esperanza, pues quien juzga es Aquél que por nosotros y por nuestra salvación se hizo hombre. Por ello la invitación «Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza porque se acerca su liberación». Cuando el Señor vuelva, llegará la redención final de la opresión y de la aflicción del pueblo de Dios. Será la hora de la justicia que esperan con alegría quien han sufrido en la historia.

Esperar pues la venida del Señor es motivo de esperanza y no de miedo, pues la historia de nuestro mundo, en el que las fuerzas del mal campean y en el que en ocasiones es difícil percibir cómo obra la justicia de Dios, se completará con la venida de Jesucristo, el Señor que llevará a culmen su obra de justicia y hará que reine la fraternidad.

Pero la esperanza cristiana no puede vivirse sólo como expectación, supone actitudes concretas que los discípulos deben asumir ante la venida de Jesús. SI el Señor viene, debemos ponernos en movimiento, salir a su encuentro, no podemos esperarlo con los brazos cruzados y si no sabemos cuando vendrá entonces, para evitar sorpresas, es necesario estar preparados. Para ello nos instruye el evangelio.

Estar atentos…

En primer lugar «estar atentos». Es un llamado al discernimiento de los acontecimientos de la vida. Hay que estar listos para reconocer los signos y por tanto pendientes de la modorra espiritual que puede entorpecer el discernimiento. Lucas la describe como «corazón embotado». El corazón puede embotarse por el libertinaje, al que se llega por la pérdida de valores y la falta de criterios de comportamiento; además; también por la fuga de la realidad, Lucas alude al abuso del alcohol, nosotros podríamos añadir todo tipo de adicciones  y, finalmente, por las preocupaciones del mundo que podríamos identificar con el estrés al que nos sometemos por el exceso de trabajo y nuestras obsesiones consumistas.

Cuando el corazón se embota perdemos la tensión espiritual, el corazón se distrae y no puede reconocer al Señor que viene a nuestro encuentro. La advertencia es clara. Si queremos reconocer al Señor cuando vuelva debemos estar familiarizados con Él, y para ello es necesario dedicar tiempo a las «cosas espirituales» y no vivir obsesionados con las cosas terrenas.

Velar y orar…

Después del llamado a «estar atentos» Lucas nos exhorta a la vigilancia y para ello indica el camino de la oración. La «oración constante» es sinónimo de «vigilancia del corazón»: nos hace mantener fija la mirada en lo que es esencial; nos hace llevar a la presencia de Dios nuestras vivencias y nos ayuda a valorarlas confrontándolas con su voluntad; y anticipa la comunión de amor que da sentido a lo que hacemos y endereza nuestros pasos en la dirección de la plenitud.

La oración constante fortalece y ayuda mantenerse en la vocación de amar; quien ora aprende a ubicarse en los conflictos, manteniendo su identidad y su vocación de comunión y por ello puede salir  ileso de ellos; ser constante en la oración ayuda también a permanecer disponibles en el servicio y aguardar sin miedo el último día.

El fin de los tiempos no se prepara pues haciendo cábalas sobre cuándo y cómo será el fin del mundo. Al creyente eso no le interesa, porque ya sabe que al final nos espera el juicio y la justicia de Dios sobre la historia y esto le llena de esperanza.

El discípulo de Jesús espera confiado el regreso de su Señor y lo hace encontrándose con Él en los signos en los que Él ha perpetuado su presencia –Palabra, Eucaristía y Pobres-, orando con constancia, llevando una vida recta y permaneciendo siempre disponible en el servicio para que en el mundo reinen la fraternidad y la justicia.