Ecos de la Palabra

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Señor, si quieres, puedes curarme

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Viernes de la XII semana

 Textos

+ Del evangelio según san Mateo (8, 1-4)

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud.

De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje [1]

Con la frase “cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud” (8,1) termina el gran Sermón de la Montaña que hemos venido leyendo. Debemos volver una y otra vez a ese conjunto de enseñanzas porque en ellas está plasmado el perfil del discípulo de Jesús.

Lo que Jesús ha dicho tuvo un buen efecto que tuvo en sus oyentes: ahora lo sigue una muchedumbre. Esto da paso a una nueva sección, caracterizada por los milagros que manifiestan la potencia de Jesús para salvar.

En la siguiente sección, capítulos 8 y 9,, nos encontramos con 10 milagros -o diez acciones de poder de Jesús-. Las narraciones que vienen a continuación destacan la acción misericordiosa de Jesús con los necesitados y se va viendo cómo va formando –desde diversas procedencias y situaciones- un pueblo bendecido por las gracias del Reino de los Cielos.

De esta forma, Jesús revela a Dios Padre en su infinito amor por los hombres y en el poder que da la salvación, así convalida su mensaje sobre el Reino de los Cielos.

Los milagros que en los siguienes días consideraremos y que están contenidos en esta sección son: la curación de un leproso y de la suegra de Simón; la tempestad calmada, el exorcismos de los endemoniados de Gadara,  la curación de un paralítico y de la mujer que padecía flujo de sangre, la resurrección de la hija de Jairo, de los dos ciegos del camino y el exhorcismo del endemoniado mudo.

En medio de esta serie de milagros van apareciendo algunos “momentos de reposo” que permite releer lo narrado en función de una mayor comprensión de la persona de Jesús y también del discipulado.

Hoy consideramos la primera acción misericordiosa de Jesús que se dirige a un leproso (Mateo 8,2-4). Él es el primero de la serie de tres excluidos que aparecen en la sección, son quienes por su condición ven restringidos sus derechos.

El leproso es el ejemplo típico de la persona marginada por la Ley que declara lo puro y lo impuro, según la cual un leproso no tenía acceso a Dios en el Templo; allí no había espacio para él, como tampoco lo había en la ciudad, en donde se le negaban los derechos de los ciudadanos. Los leprosos eran sometidos a la vergüenza pública, a donde quiera que fueran tenía que gritar para que todos se apartaran. 

Las mismas leyes de higiene de la sociedad se le aplicaban a la relación con Dios. Por eso, en nombre de Dios, se podía excluir personas que ya, de por sí, tenían suficiente sufrimiento con el peso de su enfermedad y su pobreza.

En la escena que contemplamos el leproso toma la iniciativa, ve en Jesús una posibilidad de salvación. Rompe con la norma y se aproxima a Jesús para pedirle la curación.  Lo hace con los bellos términos de un pobre del Reino: «Señor, si quieres, puedes curarme».

También Jesús rompe la norma cuando lo toca: “extendió la mano, le tocó…” (8,3a). Y sucedió algo inédito: ¡el puro toca al impuro y lo purifica! Todo lo contrario de lo que pensaba la gente.

Jesús hace posible la entrada en el ámbito de bondadosa paternidad de Dios, al mismo tiempo que deslegitima las costumbres que marginan. Su gesto es misericordioso porque se inclina hasta la situación de la persona y la atrae hasta el Corazón de Dios.

Sin embargo, Jesús no está yendo en contra del Templo ni de las instituciones. Por eso envía al leproso a cumplir con la norma de Moisés para los casos de sanación de leprosos. Lo importante es que «probar [la] curación» para que con legitimidad pudiera reintegrarse a la comunidad.

[1] Oñoro, F. Misericordia que salva (I): Jesús salva de la marginación. Pistas para la Lectio Divina. CEBIPAL/CELAM.

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