Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

La multitud que lo rodeaba lo escuchaba con agrado

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Tiempo Ordinario

Viernes de la IX semana

Textos

† Del evangelio según san Marcos (12, 35-37)

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies.

Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado. Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

Jesús cita una afirmación del salmo 110 –que escribió David– en el que Dios invita al Mesías a sentarse a su diestra, mostrando así su superioridad sobre él. 

La conclusión es que el Mesías es Señor de David porque viene del cielo, y es su descendiente en el plano de la generación humana. «La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado», apunta el evangelista. Finalmente había encontrado a un maestro que sabe interpretar con inteligencia las Escrituras y sabe decir palabras verdaderas y concretas para su vida. 

Es una gran lección para todo aquel que tiene la responsabilidad de predicar y, en cualquier caso, de comunicar el Evangelio, tarea que hay que llevar a cabo con la intención de tocar el corazón de quien escucha, sabiendo que eso solo es posible cuando el Evangelio ha tocado el corazón de quien está llamado a comunicarlo. Por eso no se puede escuchar de manera distraída o superficial. 

Por su parte, la comunicación del Evangelio no puede ser fría y abstracta. La gente necesita escuchar palabras verdaderas. Tras las penurias de este tiempo especialmente difícil, ha crecido en la gente el deseo de recibir palabras que ayuden y consuelen. Jesús invita a todos a abandonar el camino de los «escribas», el camino de la soberbia, del orgullo, del egocentrismo y de la saciedad. No olvidemos que es fácil sentirse «escriba», sabio. 

Solo quien sigue siendo discípulo y escucha fielmente la Palabra de Dios tiene la autoridad de comunicar el Evangelio con eficacia. Y la gente lo escucha «con agrado». No busca el halago de la gente ni un consenso alcanzado sin el esfuerzo que requiere toda responsabilidad. Escuchar y comunicar con fidelidad la Palabra nos salva del pecado y nos acompaña a la plenitud del Reino.

[1] Paglia, Vincenzo. La Palabra de Dios cada día. Comunidad de Sant’Egidio. 2021. pp. 246-247

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