Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Quienes ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águila

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Adviento

Miércoles de la II semana

Textos

Primera Lectura

Del libro del profeta Isaías (40, 25-31)

“¿Con quién me van a comparar, que pueda igualarse a mí?”, dice el Dios de Israel. Alcen los ojos a lo alto y díganme quién ha creado todos aquellos astros.

El es quien cuenta y despliega su ejército de estrellas y a cada una la llama por su nombre; tanta es su omnipotencia y tan grande su vigor, que ninguna de ellas desoye su llamado.

¿Por qué dices tú, Jacob, y lo repites tú, Israel: “Mi suerte se le oculta al Señor y mi causa no le preocupa a mi Dios”? ¿Es que no lo has oído? Desde siempre el Señor es Dios, creador aun de los últimos rincones de la tierra.

El no se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable. El da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía.

Hasta los jóvenes se cansan y se rinden, los más valientes tropiezan y caen; pero aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas; les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan. Palabra de Dios.

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Mensaje[1]

El adviento es tiempo de esperanza que es don y tarea del creyente; pero la esperanza no se vive en automático, hay que cultivarla. Uno de sus enemigos es el cansancio; cansarse de esperar promesas que no se cumplen, de luchar sin conseguir resultados, cansarse de Dios y de sus exigencias, de los hermanos en la fe y de cargar con sus cansancios, cansarse incluso de uno mismo. Cuando nos cansamos andamos con los brazos caídos, sin entusiasmo para las iniciativas, con sentimientos negativos en relación con nuestro futuro y al de la sociedad.

Ante esta situación existencial Isaías nos confronta: «aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas; les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan». Para llegar a esto, el profeta propone un camino espiritual que tiene pasos bien definidos.

Dios es poderoso

La pregunta inicial implícita: ¿qué pasa con Dios que no se deja sentir? El profeta inicia con una vigorosa presentación de Dios que no tiene rival ni comparación. Para ello coloca al hombre frente al espectáculo de una noche estrellada y hace una pregunta: «Alcen los ojos a lo alto y díganme quién ha creado todos aquellos astros».

El pueblo se da un poco de tiempo para ver y entender. Nota como el universo tiene animación y ésta ayuda a entender la obra de Dios en la tierra. Se trata de un movimiento parecido al que Dios realizaba con su pueblo cuando lo sacaba de Egipto como si fuera un ejército o al que un pastor realiza cuando llama a las ovejas por su nombre. La conclusión es que todo esto sucede porque Él: «da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía».

La propia vida está bajo la mirada de Dios

El profeta nos recuerda que Dios conoce muy bien a cada hombre y no se olvida de ninguno, que Dios sigue haciéndose responsable de cuanto existe sobre la tierra.

Cuando el hombre entiende el amor de Dios en su vida, entonces ya no puede seguir quejándose de Dios como si se hubiera olvidado, ya no puede decir: «mi suerte se le oculta al Señor y mi causa no le preocupa a mi Dios». No se puede dudar que Dios sea capaz de intervenir en la historia para salvarla. Su fuerza y su poder son grandes.

No se puede concluir que Dios se haya cansado de nosotros, ni que nos haya abandonado. Hay motivos para pensar lo contrario. Dios es eterno, no desfallece ni se cansa, es inteligente. «desde siempre el Señor es Dios, creador aun de los últimos rincones de la tierra. El no se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable».

El poder y el amor de Dios renuevan mis fuerzas

Al final aparece lo más bello. Dios comparte su fortaleza al hombre: «El da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía». Dios cura la fragilidad y restablece las fuerzas del que está cansado.

Dios da fuerzas al hombre para que no se canse, se supone que los jóvenes se fatigan menos puesto que están en la etapa de la plenitud de la fortaleza física. Sino embargo, la fortaleza juvenil no es nada en comparación con la fortaleza interior que Dios da a quien se abandona a él: «pero aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas». 

Quien apoya su vida en Dios nota como emerge desde dentro de él una continua y vigorosa juventud. Esto lo explica la profecía con el símbolo del águila: «les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan». En la Biblia el águila es símbolo de potencia y longevidad. La tradición hebrea pone mucha atención al águila real de Palestina , la cual, cuando llega a la vejez renueva la hermosura de su plumaje. Por eso es imagen de la renovación de la vida y de la ancianidad como una nueva juventud. En águila, entre más vieja es más bella.

Con el paso de los años la propia existencia biológica se desmorona, pero al mismo tiempo gana en Dios un valor extraordinario. De esta manera conscientes de nuestros límites, pero también de la cercanía de Dios, al ver el futuro brilla la esperanza.

Esta profecía se cumple en Jesús

Isaías dice que todo lo anterior lo viven «aquellos que ponen su esperanza en el Señor». En el evangelio que leemos hoy escuchamos a Jesús que dice a los que están cansados y agobiados por la carga: «vengan a mi» y nos invita a imitarlo en su humildad y mansedumbre.


[1] Oñoro, F., Es la hora de la fortaleza: Isaías 40, 25-31. CEBIPAL/CELAM.

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