Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará

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Adviento

Lunes de la II semana 

Primera lectura

Del libro del profeta Isaías (35, 1-10)

Esto dice el Señor: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial.

En la guarida donde moran los chacales, verdearán la caña y el papiro. Habrá allí una calzada ancha, que se llamará ‘Camino Santo’; los impuros no la transitarán, ni los necios vagarán por ella.

No habrá por ahí leones ni se acercarán las fieras. Por ella caminarán los redimidos. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de jubilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado”. Palabra de Dios.

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Mensaje[1]

La profecía de este día podría llamarse el «Himno de la alegría» de Isaías. Después de unas duras palabras de juicio el profeta comienza a predicar en positivo infundiendo esperanza, alegría, vitalidad para un pueblo de “manos cansadas”, “rodillas vacilantes” y «corazón apocado».

De repente cambia el paisaje, el escenario se transforma: la tierra reverdece, el desierto se cubre de flores. Comienza una fiesta de la vida.

Descrito el escenario el profeta da paso a las canciones de fiesta de un pueblo transformado. Los actores de esta fiesta van apareciendo uno a uno en la medida conforme desaparecen los factores que causan muerte al ser remplazados por signos de vida.

Los últimos en aparecer son quienes pertenecen al pueblo de «los redimidos» que entra solemnemente en procesión, culminando en Sion el regreso del exilio «Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sion con cánticos de jubilo, coronados de perpetua alegría».

Desglosemos los elementos del himno, así podremos apropiárnoslo y participar en la fiesta:

El escenario. Se describe al ritmo del recorrido. Aparece el Líbano, el Carmelo, el Sarón y termina en Sion. En orden de aparición se describe el desierto, la estepa, el páramo y en contraposición las aguas, los torrentes, el estanque, el manantial; luego aparecen los chacales, los leones, los impuros y los necios y en contraposición los ciegos, los sordos, los cojos y los mudos.

Los actores: Yahvé con su gloria y esplendor y los redimidos de Yahvé

El ambiente: Diez veces se repiten cuatro términos: alegría, gozo, júbilo y regocijo.

La postura: los que cantan realizan una marcha que acompaña a los redimidos, a los que Dios ha rescatado del sufrimiento. Sus manos, rodillas y corazones han sido fortalecidos.

El tono. El gozo mayor. En la medida en que se canta va fluyendo un hilo sonoro que todo lo atraviesa y vivifica.

El motivo. Es la gloria de Yahvé, su recompensa, su salvación.

Una certeza. Se canta con convicción que la esperanza es tan segura que la transfiguración del desierto ya se ve como un hecho real, en la medida que los peregrinos afirman sus pasos en la ruta; lo que les rodea poco a poco adquiere las características de la tierra prometida.

La gran peregrinación festiva es parecida a la del adviento: en cada paso se da la alegría es mayor. No sólo se camina hacia el encuentro con Dios, de hecho él acompaña el caminar: lo gloria del Señor no se restringe a Sion, ya desde el principio viaja al lado de los exiliados que caminan por el desierto. Su presencia santifica los caminos: «Habrá allí una calzada ancha, que se llamará ‘Camino Santo’».

Esto gozo festivo de los peregrinos es el baño de gloria que reciben de Yahvé a lo largo del camino: «regocijo y alegría les acompañarán» (Is 35, 19).

Esta profecía se realiza en Jesús

El himno de la alegría es entonado por el pueblo del evangelio: «hoy hemos visto maravillas» al ver la realización de uno de los signos mesiánicos anunciados por Isaías: «saltará como un venado el cojo».

La curación del paralítico llevado por sus amigos ante Jesús es fruto de su fe. El milagro se realiza por la fe de aquellos amigos, una fe hecha de amor, de tenacidad, de perseverancia. Querían llevar al amigo enfermo a donde Jesús y, cuando encuentran la multitud agolpada ante la puerta, deciden subir al tejado y abrir en él un boquete para poner a su amigo delante del Señor.

Jesús viene a realizar todas estas acciones transformadoras por parte de Dios, restaurando por medio del perdón a los pueblos doblegados por el mal. Con él, todos los “redimidos”, continuarán por el camino proclamando la salvación, celebrando liturgias festivas en su honor y transformando en fuerza de vida la aridez que encuentren a su paso.


[1] Oñoro, F., El Himno de la Alegría: Isaías 35, 1-10. CEBIPAL/CELAM

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