Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: noviembre 2020

Subamos al monte del Señor… para que él nos instruya en sus caminos

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Adviento

Lunes de la I Semana

Textos

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (2, 1-5)

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén: En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.

El será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor. Palabra de Dios.

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Mensaje[1]

La invitación del Adviento es dedicar un poco mas de tiempo a la escucha de la palabra de Dios para que “él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”.

Durante el Adviento, en la liturgia, la voz del profeta Isaías (s. VIII a. C) se deja oír para remover las conciencias; quiere darnos una nueva visión del proyecto de Dios en el mundo. Sus profecías nos llevarán de la mano en este itinerario espiritual para recorrer el camino que va de la oscuridad a la luz, es decir, de los miedos, sufrimientos y angustias que causa el mal en la humanidad al anuncio gozoso de la obra que Dios realiza en la historia con la llegada de su Mesías.

En el momento que vivimos uno de los más grande anhelos de la humanidad es la salud y la paz. Nuestro mundo está enfermo y es conflictivo. Sobre la oscuridad de una pandemia, de la guerra, la división, la violencia, la destrucción de la vida humana y del medio ambiente, la voz del profeta ofrece un horizonte de esperanza: «¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor»

Veamos algunos aspectos relevantes de la profecía de Isaías que leemos hoy:

PRIMERO. La humanidad es convocada para pensar su historia desde otro punto de vista. La profecía de Isaías inicia con una hermosa imagen: un monte firme, que domina todo el paisaje, al que concurren procesionalmente ríos de gente que lo escalan por todos sus costados.

Los peregrinos no son sólo israelitas, sino la humanidad entera: «hacia él confluirán todas las naciones».

El punto de convergencia de la humanidad peregrina es el monte Sion, coronado por el Templo del Señor. Desde el monte, altura geográfica y espiritual, se ve el mundo con los ojos de Dios y no con desde los intereses egoístas humanos.

SEGUNDO. Los peregrinos cantan su deseo de aprender la Palabra de Dios. Descrito el paisaje, el profeta poeta nos ofrece un canto con el que los peregrinos se animan unos a otros a caminar, a subir el monte santo: «Vengan, subamos al monte del Señor».

La frase expresa el propósito de la peregrinación, la atracción irresistible que ejerce sobre ellos el monte del Señor. La subida es impulsada por el deseo de ser educados por Dios, iniciar una nueva vida según sus criterios, escuchando y viviendo su palabra: «para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas».

TERCERO. Las diferencias se diluyen en un proyecto común de fraternidad. El efecto de aprender la Palabra de Dios es que los distintos pueblos dejan sus diferencias y se transforman en un solo pueblo reconciliado.

Hay un doble movimiento: La atracción hacia Dios, expresada en la subida al monte santo, se transforma en irradiación hacia el mundo. La gente que baja ha vivido un cambio que se proyecta en la vida y se reconoce como perteneciente a un solo pueblo:

  • Por la experiencia de Dios, vivida en la obediencia a su palabra y no por la soberbia humana que excluye a Dios del proyecto de la vida,
  • Por la comprensión entre si y no por la fragmentación de lo que defienden sus propios proyectos e intereses.
  • Por el crecimiento de todos por igual y no por la competencia que genera dominaciones.

En el monte, todos se vuelven comunidad. La historia es camino hacia la plenitud de la vida que supera las contradicciones históricas del exterminio de los adversarios; es el camino de una humanidad que trabaja solidariamente para generar las condiciones necesarias para su bienestar.

Este pueblo unido por la experiencia de la Palabra camina, realizando una gran peregrinación, que le hace ascender, no geográfica sino espiritualmente. Delante de Dios se hacen alianzas, pues se encuentran motivos de entendimiento y para generar proyectos comunitarios que promueven la vida y el crecimiento de todos. La justicia de Dios genera paz.

El profeta lo describe con dos imágenes poderosas:

«De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas» Los instrumentos de exterminio y de muerte se transforman en instrumento de trabajo comunitario agrícola, es decir, para generar el alimento que sostiene la vida y genera la comunión familiar.

«Ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra». Se llega a la decisión de nos destruirse más entre ellos mismos, ni dar espacio a los campos de entrenamiento militar.

Este es el nuevo pueblo de Dios, proyectado ya desde el Antiguo Testamento. Un pueblo que no camina a la luz de intereses egoístas que generan toda clase de confrontaciones, sino a la luz del proyecto de Dios que es el de la comunidad que se construye en la fraternidad.

La profecía se realiza en Jesús.

En torno a Jesús y a su Palabra es posible la comunidad que se construye a la luz del proyecto de Dios.

El evangelio de hoy nos presenta al centurión romano que busca a Jesús. Es el paso firme de un extranjero que empieza a subir el monte de la justicia y de la paz. Es un soldado, viene de lejos, ha hecho el juego de la guerra pues esta al servicio del sometimiento imperial de los pueblos, mediante la opresión.

El centurión es un peregrino que viene en busca de la Palabra de Jesús que sana. Frente a Jesús, se supera la diferencia entre patrón y criado. Con el paso de la fe su peregrinación lo lleva a ubicarse en el corazón del Reino de los Cielos que irrumpe en la persona y en el ministerio de Jesús.


[1] Oñoro F., Un pueblo congregado que inaugura un nuevo tiempo, CEBIPAL/CELAM.

No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo

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Adviento

Domingo de la I Semana. 

Ciclo B

Texto

† Del evangelio según san Marcos (13, 33-37) jkjkj

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento.

Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada.

No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo.

Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”.  Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

Con el adviento, iniciamos un nuevo año litúrgico, que se prolongará lo que resta de este año hasta finales de noviembre del año próximo. A este nuevo año litúrgico corresponde en el ritmo dominical el Ciclo B, y al ciclo ferial el año I, o año impar.

El texto que leemos este domingo es la conclusión del discurso final de Jesús: Jesús invita a sus discípulos a la perseverancia en la espera de su venida.

En el credo nosotros decimos que el Señor “de nuevo vendrá con Gloria; esta “venida” del Señor (en griego se dice Parusía), es interpretada generalmente como el “retorno del Señor” que se simboliza en retorno del dueño de una casa, que ha ido de viaje, que al marcharse hizo a sus servidores diversos encargos.

Detrás del lenguaje simbólico encontramos la invitación a vivir con confianza y perseverancia, apoyados en la fidelidad de Dios, que se manifiesta en el rostro de Jesucristo su Hijo y Señor de la Historia. 

Los cristianos no esperamos el “regreso” del Señor resucitado. Nuestra vida transcurre en la espera de su venida. Somos hombres y mujeres de esperanza.

EL CONTEXTO

El pasaje que leemos se ubica en la última gran lección de Jesús a sus discípulos. Es la parte conclusiva del discurso escatológico de Marcos y la palabra que hace resonar en los oídos de los discípulos es “¡Velen!”  Se trata de una enseñanza fundamental del discipulado.

Los discípulos en el su caminar en la historia, han de estar atentos ante los peligros externos -falsos profetas, persecución- y los peligros internos -perder de vista al Señor-. Pero no todo es negativo, en medio de la oscuridad, brilla la esperanza. En la última parte del discurso, Jesús cuenta dos parábolas: comienza con la parábola de la higuera y termina con la parábola del patrón ausente, que es la que leemos este domingo.

El tema de ambas parábolas es la venida del Hijo del Hombre. Las imágenes nos ponen ante situaciones de ausencia provisional a la que corresponde la expectativa del regreso; cuando la higuera reverdece, las ramas tiernas anuncian que el verano está por venir; cuando los empleados están encargados de la casa, el patrón está ausente pero a su tiempo llegará y les pedirá cuentas.

Al inicio del capítulo 13, en el que se encuentra el pasaje que leemos, nos encontramos con la inquietud de Pedro, Santiago y Juan, quienes ante la advertencia de que el Templo de Jerusalén llegaría a su fin, preguntaron: ¿Cuándo sucederá esto? ¿Cuál es la señal? Nadie sabe el día ni la hora del final de los tiempos ni de la segunda venida del Señor, lo sabe “sólo el Padre”. Ante esta realidad ¿cuál debe ser su actitud en el tiempo de la espera?

EL TEXTO

El texto que leemos lo podemos dividir en cuatro partes. La primera la exhortación; la segunda la parábola ilustrativa; la tercera, la aplicación de la parábola a la exhortación y la cuarta, la repetición de la exhortación.

1. La exhortación

El pasaje comienza con un llamado a estar atentos: ““Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento”. Es un llamado reiterado. En el mismo capítulo 13 lo encontramos en cuatro ocasiones: “fíjense que nadie los engañe” (v.5), “Vean por ustedes mismos” (v.9), “vean que se los he predicho” (v.9) y “Estén preparados…:” (v. 33).

La manera concreta de ejercitar la atención en los momentos difíciles de la historia y ante la expectativa de la venida del hijo del hombre es la vigilancia: ¡Velen! En el texto que leemos este imperativo se repite tres veces y es el eje de la enseñanza. Los discípulos deben percibir con mirada lúcida y aguda la venida del Señor en este tiempo en que no saben “cuando será el momento”.

¿Qué es lo que Jesús pide en el mandato ¡Velen!?

El termino en griego, significa “estar despierto”. Esto no quiere decir que los discípulos no deban dormir, lo que físicamente sería imposible. En el contexto del evangelio de san Marcos tiene dos significados especiales: 

a) Estar despiertos significa ejercitar una vigilancia atenta, es la actitud de la comunidad que en medio del mundo evangeliza, haciéndolo en medio de las contradicciones y amenazas que surgían por el camino. Los discípulos no pueden bajar la guardia hasta que no regrese triunfante el Hijo del hombre, deben permanecer sobrios y vigilantes. 

b) Velar significa también reconocer continuamente que uno es siervo y que tiene responsabilidad con el patrón, que la vida debe concentrarse en el cumplimiento del encargo recibido y que el estilo de vida debe corresponder a la condición de un siervo responsable.

2. Una parábola ilustrativa

La comparación es muy simple: es como el dueño de una casa, que cuando emprende un viaje, toma precauciones y da a su empleado una encomienda y al encargado de la puerta le pide estar vigilante: “Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada uno lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando

3. Aplicación de la parábola a la exhortación

Encontramos dos novedades. Los servidores no saben a que hora va a llegar el dueño de la casa y la tarea encomendada al cuidador de la puerta vale también a todos los siervos. Entonces la aplicación de la parábola lleva a su punto más fuerte “velen… No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo”.

Los centinelas saben que el tiempo más crítico es la noche, no sólo por la llegada de un ladrón sino también por la venida del dueño de la casa. Por eso, no pueden dormirse, deben estar despiertos en su puesto de vigilancia.

La frase “pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa” está acompañada de cuatro indicaciones temporales que corresponden al cambio de turno de los centinelas: atardecer, media noche, al cantar el gallo, a la madrugada. Son las cuatro vigilias de la noche que nos dicen que los servidores deben tomar las mismas actitudes de los centinelas.

A lo largo de la historia, en el seguimiento de Jesús, los discípulos corren un riesgo: el Señor no está presente de manera visible, pueden olvidarse de Él y de sus tareas. Los siervos “vigilantes” son los que siempre están listos para recibirlo y para responder a su voz,

4. Repetición de la exhortación

La exhortación se encuentra de nuevo al final: “Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta”. Hay un dato nuevo, lo que Jesús dice a los discípulos que fueron llamados, vale para toda la comunidad. 

Es una frase que tiene un valor misionero: los discípulos tienen el encargo del Señor de comunicar a todos los pueblos lo que aprendieron de Jesús. Hay que enseñar al mundo entero a vivir “vigilantes” en la historia. 

ENSEÑANZA: VIGILANTES EN ADVIENTO

El texto que hemos leído recalca la vigilancia en la noche. La asamblea dominical de los primeros cristianos duraba la noche entera. Lo hacían en espera del alba del primer día de la semana, el día del Señor (Domingo). Los cristianos esperaban la venida del Señor resucitado y lo recordaban cada semana, así aprendían a vivir la intensidad de la espera, siempre estaban en Adviento.

Nosotros no podemos perder el valor significado de la vigilia del Adviento. No se trata de “olvidar” las preocupaciones de cada día. La noche simboliza el tiempo de crisis, de soledad, de temores y angustias. La noche se hace más intensa cuando se han más oscuros los significados y los valores de la vida.

Esperar la venida del Señor no significa aguardar pasivamente la solución de los problemas personales, familiares o sociales, como un cambio espectacular que acontece de repente. Una espera en transformaciones mágicas sólo provoca desilusiones.

El discípulo sabe que cuenta con la fidelidad de Dios, quien se manifiesta en los signos de la historia y en cada encuentro cotidiano, donde es llamado a comprometer toda su responsabilidad.


[1] F. Oñoro, En la espera del Señor: como siervos en turno de vigilia durante la noche. Marcos 13, 33-37. CEBIPAL/CELAM.

La Corona de Adviento I

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corona de adviento

La corona de adviento, más que un adorno, es un recurso simbólico oportuno para la celebración del Adviento en nuestra comunidad de fe, comenzando por la familia.

Veamos lo que dice un libro litúrgico[1] al respecto:

«La “Corona de Adviento” o “Corona de las luces de Adviento” es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

La Luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

La primera semana

La invitación es a la Vigilancia.

Encendemos la primera vela, como aquél que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En la primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperar preparados al Señor, para recibirlo con alegría. Reconocemos que muchas sombras nos envuelven, muchos halagos nos adormecen. Queremos estar despiertos y vigilantes, porque el Señor nos trae la luz más clara, La Paz más profunda y la alegría más verdadera. [2]

Rito para encender la primera vela de la Corona de Adviento

(Se sugiere hacerla en familia después de haber asistido a la misa dominical a la que se lleva a bendecir la Corona)

[1] Bendicional, Nos. 1235-1237.

[2] Cf. Delfín Poso Marcelino, Corona de Adviento en familia y celebraciones para vivir la Navidad, p. 67-68