Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: octubre 2020

La mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios

0

Tiempo Ordinario

Lunes de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 10-17)

Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga.

Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo.

Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.

Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?” Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

El Evangelio nos presenta a Jesús que está enseñando como hacía habitualmente, en una sinagoga. Había entre los presentes una mujer a la que una artrosis deformadora había encorvado sobre sí misma. Ya hacía dieciocho años que vivía de aquel modo doloroso. No podía ni siquiera mirar a la gente a la cara, de tan doblegada como estaba. Y a su vez, nadie bajaba hasta su altura para mirarla a 1a cara . ¡Y cuántas mujeres hay como aquella, esclavizadas por la violencia y por la opresión! 

Aquella mujer está allí, frente a Jesús. No es capaz de levantar la mirada y tampoco osa pedirle ayuda, como hacen otras mujeres. Pero Jesús, al verla, se conmueve y la llama para que se acerque. Sin pronunciar muchas palabras le dice inmediatamente: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». 

En esta pequeña escena de Jesús inclinado sobre aquella mujer podemos comprender cuál debe ser la actitud de los creyentes ante los débiles Y los enfermos, cuál debe ser nuestra manera de mirarlos. Pero hay algo más que debemos aprender: la fuerza de la palabra que cura. Los creyentes han recibido como un don la fuerza misma de Jesús: las palabras dichas con el corazón, con la misma conmoción de Jesús, son eficaces, hacen erguirse a quien está doblegado, como aquella mujer. Sin embargo, los que presenciaron aquella escena no dejaron que llegara a su corazón lo que habían visto. El jefe de la sinagoga incluso se indignó por aquel milagro. 

Si tenemos el corazón lleno de nosotros mismos y de nuestras convicciones ni siquiera los milagros podrán reblandecer su dureza. Jesús replica las acusaciones del Jefe de la sinagoga con la grandeza de la misericordia que vino a traer sobre la tierra. Si los fariseos, con el corazón endurecido, se escandalizaban, la gente, en cambio, hacía fiesta: «la gente se alegraba con las maravillas que hacía». Dichosos los discípulos que se dejan envolver por el misterio de la misericordia del Señor, porque harán fiesta como la gente de entonces.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 398-399.

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo

0

Tiempo Ordinario

Domingo de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (22, 34-40)

En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él.

Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?” Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”Palabra del Señor.

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús se encuentra todavía en el templo. La confrontación con los fariseos se vuelve cada vez más áspera. 

El contexto del evangelio de hoy está marcado por la voluntad de los fariseos de tender una trampa más a Jesús para obligarle a tomar posición frente a un tema religioso, ya lo habían intentado con la cuestión del tributo al César y también lo hicieron los saduceos con el problema de la resurrección de los muertos. 

Señala Mateo que los fariseos se habían reunido para decidir el argumento; el que interviene es, por consiguiente, su portavoz. El objeto de la pregunta está tomado de un debate que estaba de actualidad en las escuelas rabínicas: ¿cuál es, entre todos, el primero de los mandamientos? Quieren conocer la opinión del nuevo maestro sobre cuál es el principio que inspira la ley. Nada más simple y correcto, a primera vista.

La respuesta de Jesús está montada sobre dos citas: una tomada del Deuteronomio (6,5) y otra del Levítico (19, 18). Esos dos textos constituían el corazón de la espiritualidad del pueblo de Israel. El primero, el mandamiento del amor total a Dios, estaba escrito en las jambas de las puertas, bordado en las mangas, y era recitado por la mañana y por la noche, para que estuviera siempre presente en el ánimo del creyente, como celebración continua de la alianza. El auditorio no podía dejar de estar de acuerdo.

La novedad que aporta Jesús se encuentra en los versículos 39 y 40. Se trata del vínculo entre el amor a Dios y el amor al prójimo, a los que declara inseparables y de igual importancia. Por otra parte, está la relación del mandamiento del amor con toda la revelación bíblica de la voluntad de Dios con su pueblo; los dos mandamientos constituyen el punto de apoyo, el centro de donde brota todo lo demás, el que ilumina, purifica y transforma todo.

Una ley tiene valor si está penetrada por el amor. Las buenas obras tienen valor en la medida en que son obras de amor a Dios y al prójimo. Eso es lo que proclamaban los profetas cuando llamaban a la conversión del corazón. Jesús lo puede afirmar porque «conoce al Padre». Él no ha venido a abolir la ley, sino a darle cumplimiento; por consiguiente, es su intérprete autorizado y el realizador de la ley de vida expresada en la voluntad del Padre. Lo mostrará en su entrega en la cruz. El conflicto se convierte, una vez más, en lugar de revelación y en acontecimiento formativo para los suyos.


[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año., XI, 145-146

Yo soy el Buen Pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí

0
San Rafael Guízar24 de octubre

San Rafael Guízar y Valencia, Obispo

Fiesta en México

Textos 

Del evangelio según san Juan (10, 11-16)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar.

Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

En la fiesta de San Rafael Guízar (1877-1938), la liturgia nos presenta el evangelio del Buen Pastor, imagen de Jesús que inspiro a san Rafael, que encarnó en su ministerio como obispo de Veracruz, aprendida de insignes pastores, como de quien fuera su obispo en la Diócesis de Zamora, el siervo de Dios José María Cázares y Martínez (1832-1909).

Jesús se presenta como el «buen pastor», es decir, como aquel que reúne y guía a las ovejas hasta ofrecer la vida por su salvación; y añade que el que no da su vida por las ovejas no es pastor sino asalariado. Para indicar el peligro, emplea la imagen del lobo que «el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa».

Si lo consideramos con detenimiento, la obra del lobo congenia con la actitud de asalariado, pues a ambos les interesa solo su provecho, su satisfacción, su propia ganancia y no la de las ovejas. De aquí sale una especie de conjura diabólica de los indiferentes y de los egoístas.

Si pensamos en el enorme número de personas que han perdido el sentido de la vida y vagan sin ningún objetivo, si vemos a los millones de refugiados que abandonan sus tierras y su deseo de una vida mejor sin que nadie se preocupe, si observamos la dispersión de los jóvenes en busca de la felicidad sin que haya alguien que les indique el camino, por desgracia debemos constatar la triste y cruel alianza entre los lobos y los asalariados, entre los indiferentes y quienes buscan solo obtener ventajas personales de tales dispersiones.

El profeta Ezequiel escribe: «Mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca» (Ez 34, 6). El Señor Jesús afirma: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas». Es lo que hizo en los días de la Pasión cuando amó a los suyos hasta el final, hasta la efusión de la sangre. Todo el Evangelio no habla de otra cosa más que de este vínculo entre las muchedumbres abandonadas, extenuadas y sin pastor, y Jesús que se conmueve por ellas.

«¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?», dice el Señor. Se atribuye a san Carlos Borromeo la frase: «Para salvar un alma, aunque fuera solo una, iría hasta el infierno». Este es el ánimo del pastor, ir hasta el infierno es decir, hasta el límite más bajo para salvar a una persona. Se puede comprender también bajo esta perspectiva la «bajada a los infiernos» de Jesús en el Sábado santo. Como buen pastor, fue a buscar a quien estaba perdido, a quien estaba y está olvidado, a quien estaba y está en los infiernos de este mundo que el mal y los hombres han creado.

El papa Francisco insiste en que los pastores tengan en sí mismos «olor» a oveja; y debemos intensificar la oración para que el Señor conceda a su Iglesia jóvenes que escuchen la invitación a ser «pastores» según su corazón. Sin embargo, es de una comunidad de creyentes que se preocupan por los demás de donde pueden nacer «pastores». De hecho, el buen pastor no es un héroe, sino una persona que ama.

Amar a los demás significa tener sentimientos amplios como los de Jesús, «También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor». El amor de Dios hace que nos conmovamos por quienes vagan en nuestras ciudades buscando llegar a su destino, por aquel hombre o aquella mujer cercana o lejana que espera consuelo y no lo encuentra.

Toda la comunidad cristiana, unida al Señor Jesús, está llamada a conmoverse por las muchedumbres, y con Jesús reza para que no falten los obreros para la viña del Señor. Asimismo, cada creyente, ante Dios y ante «los campos, que blanquean ya para la siega» (Jn 4, 35), debe decir con el profeta: «Aquí estoy: envíame» (Is 6, 8).

San Rafael Guízar es patrono de la Conferencia del Episcopado Mexicano, oremos por los Obispos de México.

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 185-186.