Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

La mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios

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Tiempo Ordinario

Lunes de la XXX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (13, 10-17)

Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga.

Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo.

Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.

Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?” Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El Evangelio nos presenta a Jesús que está enseñando como hacía habitualmente, en una sinagoga. Había entre los presentes una mujer a la que una artrosis deformadora había encorvado sobre sí misma. Ya hacía dieciocho años que vivía de aquel modo doloroso. No podía ni siquiera mirar a la gente a la cara, de tan doblegada como estaba. Y a su vez, nadie bajaba hasta su altura para mirarla a 1a cara . ¡Y cuántas mujeres hay como aquella, esclavizadas por la violencia y por la opresión! 

Aquella mujer está allí, frente a Jesús. No es capaz de levantar la mirada y tampoco osa pedirle ayuda, como hacen otras mujeres. Pero Jesús, al verla, se conmueve y la llama para que se acerque. Sin pronunciar muchas palabras le dice inmediatamente: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». 

En esta pequeña escena de Jesús inclinado sobre aquella mujer podemos comprender cuál debe ser la actitud de los creyentes ante los débiles Y los enfermos, cuál debe ser nuestra manera de mirarlos. Pero hay algo más que debemos aprender: la fuerza de la palabra que cura. Los creyentes han recibido como un don la fuerza misma de Jesús: las palabras dichas con el corazón, con la misma conmoción de Jesús, son eficaces, hacen erguirse a quien está doblegado, como aquella mujer. Sin embargo, los que presenciaron aquella escena no dejaron que llegara a su corazón lo que habían visto. El jefe de la sinagoga incluso se indignó por aquel milagro. 

Si tenemos el corazón lleno de nosotros mismos y de nuestras convicciones ni siquiera los milagros podrán reblandecer su dureza. Jesús replica las acusaciones del Jefe de la sinagoga con la grandeza de la misericordia que vino a traer sobre la tierra. Si los fariseos, con el corazón endurecido, se escandalizaban, la gente, en cambio, hacía fiesta: «la gente se alegraba con las maravillas que hacía». Dichosos los discípulos que se dejan envolver por el misterio de la misericordia del Señor, porque harán fiesta como la gente de entonces.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 398-399.

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