Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

He venido a traer fuego a la tierra y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo

0

Tiempo Ordinario

Jueves de la XXIX semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (12, 49-53)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “He venido a traer fuego a la tierra y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega! ¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres.

Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

Descargar los textos en PDF

Mensaje[1]

Jesús, mientras exhorta a los discípulos a vigilar, les dice que ha llegado el momento de la decisión. Con él han llegado los últimos tiempos y no se puede aplazar la decisión de seguir el Evangelio. Y para que los discípulos comprendan su preocupación apostólica, utiliza la imagen del fuego que él mismo ha venido a traer al a tierra: « He venido a traer fuego a la tierra y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!». 

El Apocalipsis retomará esta imagen a propósito del ángel que al final de los tiempos arroja fuego sobre la tierra (8, 5). Jesús quiere que los discípulos abandonen las actitudes de pereza, de retraso, de frialdad, de cerrazón, para vivir su misma preocupación, su misma inquietud: él estará inquieto hasta que la llama del amor no prenda en el corazón de los hombres. El discípulo, por tanto, no está llamado a una vida avara y tranquila, cuyo objetivo sea el bienestar personal o de su grupo. 

Impulsado por la urgencia de comunicar el Evangelio, el discípulo debe sumergirse en él y quedar como bautizado («sumergido», precisamente) en él. La adhesión al Evangelio absorbe la vida entera del discípulo, es como si en cierto modo el Evangelio lo poseyera. Por eso para seguir a Jesús hay que distanciarse de la vida antigua, la vida basada en los lazos viejos, incluso los de parentela. 

Los lazos de sangre -que evidentemente son importantes- no constituyen la salvación. Solo el Evangelio es el fuego que salva, que cambia el mundo, empezando por el corazón de cada persona. 

Pablo dirá que Cristo es nuestra paz (Ef 2, 14) y el mismo Señor dijo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz». No hay contradicción en este caso entre la paz y la espada. La paz que trae Jesús no es como la que da el mundo (Jn 14, 27), no es avara tranquilidad o seguridad de nuestras tradiciones. 

Para poder gozar de la paz que viene del Evangelio es necesaria una purificación a través del fuego, una separación entre el mal y el bien, un discernimiento entre la luz que Jesús viene a traer al mundo y las tinieblas del mal. La paz es un don y una conquista, es aceptar el Evangelio y cortar con el egocentrismo.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 393-394.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: