Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXVII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (11, 5-13)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: ‘Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’.

Pero él le responde desde dentro: ‘No me molestes.

No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados’. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.

Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pan, le dé una piedra? ¿O cuando le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán? Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?” Palabra del Señor.

Audio

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

El pasaje de hoy parece casi un comentario y una continuación del padrenuestro. Si creemos que Dios nos ama como Padre, tendremos confianza en él. Esa confianza se ejerce de manera concreta y se pone a prueba por la insistencia y la constancia en la oración, expresada en esta triple confesión: «Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá». Quien confía en la bondad del Padre pide con constancia y no se cansa, porque sabe que no pide en vano. 

La oración confiada e insistente resulta, por tanto, eficaz e infalible. Ahora bien, Lucas nos reserva una sorpresa: la oración confiada e insistente obtiene siempre al Espíritu Santo. No obtiene necesariamente bienes útiles y deseados, siempre transitorios, sino más bien el don por excelencia, el don que introduce en el Reino, da la fuerza que permite vivir en y para el Reino, sostiene en la tentación, ayuda en el perdón de las ofensas y permite hacer la voluntad de Dios. 

Es el don que cumple las peticiones de la oración del Señor, implicando también como coprotagonista a aquel que ora. Los dones deseados por la naturaleza humana no han de ser despreciados, puesto que también pueden sernos concedidos. Con todo, la oración, sumergiendo al orante en el mundo de Dios, le otorga el don divino más precioso, para que pueda entrar en el mundo divino, o sea, en el Reino.

La bondad del «papá que está en el cielo» es tal que usa nuestras necesidades para hacemos descubrir la necesidad de fondo, escondida en todas las otras necesidades: la de entrar a forma parte de su Reino; por eso, a quien pide con constancia se le dará el Espíritu Santo, la llave para entrar y para progresar en su designio de salvación universal. (Zevini (12), p. 77-78) 


[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año.12., 77-78

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