Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: septiembre 2020

Le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue.

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Tiempo Ordinario

Domingo de la XXVI semana

Ciclo A

Textos

† Del evangelio según san Mateo (21, 28-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’.

El le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue.

El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo.

Este le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue.

¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.

Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios.

Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”. Palabra del Señor.

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Mensaje[1]

El contexto de la enseñanza de Jesús en este pasaje es la discusión que tiene Jesús con los jefes religiosos; de hecho, es a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo a quienes se dirige la parábola. El texto que contemplamos se relaciona con otros textos.

Podría encontrarse relación con la parábola referida a la responsabilidad de dar frutos: “por eso les digo que se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos” (v. 43); los sumos sacerdotes que aparecen en el v. 45 son los mismos que ya habían sido mencionados en el v. 23 y forman parte del grupo que escucha ambas parábolas (vv. 28-44). 

Podríamos también pensar que la parábola de los dos hijos, tiene relación con el pasaje que habla de la higuera que no daba más que hojas. Puede decirse por tanto que el pasaje que leemos tiene como contexto un ambiente polémico con los jefes de Israel relacionado con el tema de los frutos.

El punto central de la parábola es la pregunta que lanza Jesús a los dirigentes judíos “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del Padre?”. Hacer la voluntad del Padre es lo que distingue al verdadero discípulo. Por eso el mismo evangelio de Mateo desde el comienzo ha dejado claro que no basta con decir “Señor, Señor” (así se ha dirigido el segundo a hijo a su padre) sino hacer la voluntad del Padre; se trata de oír y poner en práctica (v. 24). Más aún, la escucha de la Palabra y su cumplimiento es lo que define el verdadero parentesco con Jesús: “todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (12, 50). Hacer la voluntad del papá equivale a hacerle caso, no sólo saber lo que dice. 

De acuerdo a la parábola hacer la voluntad del padre no es dirigirse a él de manera educada y bonita solamente; de hecho, el segundo hijo le dice “señor”, una palabra que estaba reservada para los esclavos se dirigieran a sus amos. Es más, le promete obediencia. Pero ¡no va! En cambio, el otro hijo había respondido: “no quiero” pero después se arrepintió y fue. El verbo “arrepentirse” (en griego metamélomai) tiene el sentido de “decidirse en otra dirección”, “recapacitar”. Tendríamos dos hijos arrepentidos: el primer hijo de la parábola se arrepiente de haber dicho no y va; el segundo, se arrepiente de haber dicho sí, y no va. Y es que la viña no se cultiva a fuerza de buenas intenciones sino con trabajo.

El hijo que hizo la voluntad del padre no era el que simulaba portarse como hijo sino el que realmente le hacía caso. Esta parábola deja claro lo que expresa el refrán: “del dicho al hecho hay mucho trecho”.el que cumple la voluntad del papá es el que hace, no el que dice que hace. 

Pero el evangelio va más allá todavía. No se trata sólo de hacer algo sino de ír a trabajar en la viña del padre. No es suficiente con hacer o cumplir algo bueno; eso es relativamente fácil y hasta tranquilizante. Se trata de hacer la voluntad del Padre; no se trata de ser buenos, sino de comportarnos como Hijos de Dios. No se trata ni siquiera de cumplir mandamientos sin más sino de cumplirlos desde el principio del amor y del seguimiento .

Es decir, no se trata de ser buenos en lo que a nosotros nos parezca mejor o de cumplir lo que nos dé cierta tranquilidad de conciencia, sino de hacer la voluntad del Padre, es decir, vivir los principios que Dios quiere que pongamos en práctica aquí y ahora. Aquí se ubican las fortísimas palabras de Jesús dirigidas a los dirigentes judíos: “les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que ustedes al Reino de Dios” 


[1] T. Tapia Bahena, Del encuentro con Jesucristo a la misión. Itinerarios de encuentro con la Palabra a través de la Lectio Divina. Ciclo A., 232-234.

Presten mucha atención a lo que les voy a decir

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Tiempo Ordinario

Sábado de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 43-45)

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El evangelio de hoy nos habla del segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 

Los discípulos no entendieron la palabra sobre la cruz, porque no son capaces de entender ni di aceptar a un Mesías que se hace siervo de los hermanos. Ellos siguen soñando con un mesías glorioso.

Hay un contraste muy grande: Por un lado la gente vibra y admira todo lo que Jesús hace y dice. Jesús representa todo lo que la gente sueña, cree y espera. Por otro lado, la afirmación de Jesús que será entregado en manos de los hombres; la opinión de las autoridades sobre Jesús es totalmente contraria a la opinión de la gente.

Los discípulos lo escuchaban, pero no entendían las palabras sobre la cruz. Pero con todo, no piden aclaraciones. ¡Tienen miedo en dejar aflorar su ignorancia!

Los discípulos de Jesús no eran capaces de aceptar la figura de un Mesías siervo y menos aún, derrotado. Esperaban un Mesías vencedor al estilo del mundo y no un Mesías que salva entregando su vida para dar vida.

El título de Hijo del Hombre aparece con gran frecuencia en los evangelios. Al presentarse a los discípulos como a Hijo del Hombre, Jesús asume como suya esta misión que es la misión de todo el Pueblo de Dios. Y es como si les dijera a ellos y a todos nosotros: “¡Vengan conmigo! Esta misión no es sólo mía, sino que es de todos nosotros. ¡Vamos juntos a realizar la misión que Dios nos ha entregado, a realizar el Reino, humano y humanizador, que él soñó!” 

La misión del Hijo del Hombre, esto es, del pueblo de Dios, consiste en realizar el Reino de Dios como un reino humano. Reino que no persigue la vida, ¡sino que la promueve! Humaniza a las personas. Todo aquello que deshumaniza a las personas aleja de Dios. Fue lo que Jesús condenó, colocando el bien de la persona humana como prioridad encima de las leyes, encima del sábado.

Por causa de esta afirmación fue declarado reo de muerte por las autoridades. El mismo sabía de esto, pues había dicho: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate de muchos”.

Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XXV semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (9, 18-22)

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”.

El les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El capítulo 9 de Lucas gira en torno a la cuestión de la identidad de Jesús y el texto que leemos hoy, tomado de los versículos 18-22,  da luz clara al respecto.

Los relatos de la reacción de Herodes frente a la identidad de Jesús y de la multiplicación de los panes, nos abren las puertas para un momento grandioso en el evangelio: la confesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasión por parte de Jesús.

Lucas no nos dice en qué lugar se realizó la confesión de fe, más bien se preocupa por decirnos que el ambiente en la cual se realizó fue de oración.

Lucas presenta a Jesús orando precisamente en los momentos más importantes de su ministerio; esto significa que los acontecimientos están insertos dentro del querer del Padre, 

Descubrir la identidad de Jesús no es de ninguna manera algo secundario, es fundamental para el proceso que viene conduciendo el evangelio y que culminará en el relato de los peregrinos de Emaús, cuando los discípulos captarán a fondo el sentido de las palabras, las obras y la muerte del Señor.

Jesús retoma el camino recorrido para ver qué es lo que han entendido acerca de él; no lo hace en medio del bullicio de la gente, sino lejos, en momento de retiro y de silencio. Un espacio así nos invita a pensar y a hacer síntesis de lo que estamos viviendo.

El interrogatorio tiene dos preguntas: primero, qué dice la gente  y segundo, qué dicen los discípulos acerca de la identidad de Jesús.

Los discípulos han vivido junto a la gente la mayor parte de los acontecimientos que ha narrado el evangelio: las curaciones, los exorcismos, las enseñanzas, y por lo tanto, a la par de la gente, han podido hacerse una idea del Maestro. La opinión popular, según la cual Jesús podría ser Juan Bautista o uno de los profetas resucitados, ya había presentada. El mismo Herodes había descartado la primera posibilidad. Sólo quedaba la segunda, la del “profeta” escatológico; pero había que especificarla.

La pregunta dirigida a los discípulos, los que han estado con el Maestro desde el principio del ministerio y que no han faltado a ningún acto importante de la revelación de Jesús, invita a dar el paso que no ha dado la gente: reconocer la absoluta singularidad de su persona. 

Pedro dice que Jesús es “el Mesías de Dios”. Pedro capta la novedad de Jesús, una novedad que está en sintonía con la larga espera del pueblo de Israel: el  Mesías. El “Cristo” ha llegado y no hay que esperar más, en él está todo. Dios está obrando en medio de nosotros.

Pero a Pedro todavía le falta otra novedad por comprender: que el destino de gloria del Mesías llega por la vía de su sufrimiento, que es por medio de la oscuridad de la Cruz que se vislumbrará la extraordinaria grandeza, la gloria y el poderío de su Maestro.

La respuesta personal sobre la identidad de Jesús es decisiva en el camino del discipulado; la de Pedro es nuestro modelo; respuesta precisa pero existencialmente imperfecta, sólo el camino de la Cruz la llevará a plenitud.