Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Te seguiré, Señor; pero primero…

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXVI semana

Textos

 Del evangelio según san Lucas (9, 57-62)

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

A otro, Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús acaba de empezar su viaje desde Galilea hacia Jerusalén y plantea inmediatamente el problema de seguirle. Algunos se acercan, se presentan a Jesús y piden seguirle. Nada más entrar en Samaria, son tres las personas que se presentan o que son llamadas. En las respuestas de Jesús emergen las condiciones para poder convertirse en discípulos suyos. Y es curioso que las tres respuestas aludan de algún modo a las relaciones con la familia. 

Al primero que le pide seguirle, es decir, compartir su mismo destino, Jesús le dice que el Hijo del hombre, a diferencia de las zorras que tienen guaridas y las aves que tienen nidos, no tiene ni siquiera donde reclinar la cabeza. El discípulo debe vivir con la misma pobreza del maestro. No era así con los «rabinos» de entonces, que garantizaban a sus seguidores un lugar donde vivir. Es una advertencia severa para los que quisieran una vida asegurada y, al fin y al cabo, tranquila. 

La segunda persona es llamada directamente por Jesús. Y ante su petición de que le permita ir a enterrar a su padre, Jesús le contesta afirmando que seguirle y escuchar el anuncio del Evangelio tienen el primado incluso por encima de los deberes más delicados de la familia, como es enterrar al padre. 

Al tercero que se acerca Jesús le dice que si quiere seguirle no debe aflorar la vida que ha dejado. La vida que recibe quien sigue a Jesús no admite miradas atrás. Y es más importante que los lazos familiares. En otra ocasión había dicho: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío» (Lc 14, 26). El Evangelio requiere cortar con la vida pasada y abandonar el egocentrismo y las tradiciones de cada uno para elegir a Jesús como único Señor de la vida. 

Seguir a Jesús es sin duda una decisión radical y también paradójica. Pero es así porque el amor de Jesús por nosotros es total, radical, paradójico, único. Podríamos decir que Jesús es el primero que vive esta radicalidad en la obediencia al Padre y su designio. El discípulo vive del mismo amor que Jesús tiene por el Padre. Ese es el amor que nosotros y el mundo necesitamos para ser liberados de la esclavitud del pecado y de la muerte. 


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 368.

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