Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Mirando Jesús a sus discípulos, les dijo: “Dichosos ustedes…”

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXIII semana

Textos

† Del evangelio según san Lucas (6, 20-26)

En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo: “Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!” Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Comienza ahora el primer discurso formativo de Jesús, quien describe el perfil de un discípulo suyo en cuatro lecciones. 

Primera lección: El giro profundo que ocurre en la vida de un discípulo. Los discípulos son distintos, eso es claro. ¿Pero en qué son distintos? ¿Qué ha sucedido en ellos desde que conocieron a Jesús? 

La proclamación de las bienaventuranzas responde a estas preguntas. Retomemos el conjunto de las bienaventuranzas y notemos:  

1. La manera como habla Jesús dice mucho: pronuncia las bienaventuranzas mirando de frente a sus discípulos. Es como si estuviera diciendo: “¡tomen conciencia de lo que les digo!” 

2. Las bienaventuranzas muestran cómo se vive en la esfera del querer de Dios. 

3. La obra de Dios en el discípulo tiene un punto de partida: el reconocimiento de su necesidad personal. Por eso son los “pobres” los “hambrientos” los que están “de luto” los “rechazados”. Su conciencia de la carencia les abre el corazón al don de Dios, mientras que los autosuficientes, los que creen tenerlo todo (los ricos los hartos, los que ríen, los famosos) perderán lo que creen tener.

4. Pero lo que importa es el punto de llegada: el don de Dios, el cual está caracterizado como: consolación, plenitud y fiesta. 

5. Todos los dones se resumen en uno solo: el Reino de Dios, que es ese giro profundo en la realidad del hombre, que es la obra creadora de Dios que transforma el estado de perdición en estado de salvación. 

6. La vida del discipulado apunta al proyecto de vida de cada uno en la dirección de la “alegría” mientras que una opción equivocada en la vida lleva a la ruina total que aquí se expresa en el grito de lamentación “ay”. 

7. La vida según las bienaventuranzas, conduce a la identidad de vida con Jesús: el discípulo será un profeta como él en el mundo y este es el sentido de su apostolado. Pero compartir la gloria junto con Jesús, en la alegría perfecta, implicará también el mismo camino de sufrimiento, de fracaso y de humillación del Maestro. No hay gloria sin cruz.

La bienaventuranza es un camino que abarca la visión del evangelio entero.

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