Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: agosto 2020

Estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora

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Tiempo Ordinario

Viernes de la XXI semana

Textos

 Del evangelio según san Mateo (25, 1-13)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras.

Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara.

Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: ‘¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!’ Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: ‘Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando’. Las previsoras les contestaron: ‘No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo’.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’.

Pero él les respondió: ‘Yo les aseguro que no las conozco’. Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

También esta parábola gira en torno al tema de la vigilancia, como confirma la invitación final: «Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora». Sin embargo, ésta, en su procedimiento narrativo, contiene ciertas particularidades que la hacen única. 

En primer lugar, el escenario nupcial: la fiesta por excelencia, en el Antiguo Oriente, es la que se celebra con ocasión de las bodas. En ella todo debe concurrir a comunicar el lenguaje de la alegría y de la vida. El banquete, las luces, los trajes, la música, las danzas y, no precisamente en último lugar, el cortejo nupcial que acompaña al esposo a lo largo del camino: todo está al servicio de los esposos, todo se hace en su honor. 

Sabemos por el evangelio que la falta de vino (cf. el episodio de las bodas de Caná: Jn 2,lss) podía representar un grave motivo de vergüenza y de vituperio para la familia recién constituida, pues era como decir que no estaba en condiciones de ocupar el puesto que se le había asignado en la comunidad. 

No era anormal que el esposo se retrasara bastante; tal como discurren las cosas en Oriente, no es posible prever con certeza en estas ocasiones un tiempo para su llegada, y por eso era justificable el adormecimiento después de horas y horas de espera en el camino. Pero la luz de las lámparas debía permanecer encendida para salir al encuentro del esposo en el momento en que se señalara su presencia. 

Sólo las jóvenes sensatas estarán preparadas en el momento oportuno, mientras que las otras, al ver languidecer la luz de sus lámparas, no podrán hacer otra cosa que ir en busca de aceite, en un último intento desesperado … aunque inútil. 

Llega el esposo, se forma el cortejo, entra en el banquete, se cierra la puerta. El llanto de las excluidas obtiene como respuesta un «Yo les aseguro que no las conozco» (v. 12), expresión que subraya la distancia, la interrupción de las relaciones, la no comunión entre ellas y el esposo. 


[1] G. Zevini – P.G. Cabra – M. Montes, Lectio divina para cada día del año. 11., XI, 191-192

¡Velen! No saben qué día va a venir su Señor.

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (24, 42-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor.

Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas.

Entonces todo será llanto y desesperación”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús nos advierte que no sabemos ni el día ni la hora de los «últimos días». Por eso se nos pide que estemos atentos. Para explicarlo, Jesús utiliza la parábola del «siervo fiel y prudente», y dice que cada discípulo recibe una misión que debe llevar a cabo. Pero no la recibimos para servirnos o realizarnos a nosotros mismos, sino para el crecimiento de la comunidad. 

Haremos bien en recordar que el Señor no nos salva individualmente, sino reuniéndonos en una familia, en un pueblo. Por eso Jesús habla de la tarea de vigilar a los siervos para darles la comida. La vigilancia evangélica no es una espera vacía, ni un empeño en agitarse solo para uno mismo. Dicha vigilancia es la fidelidad atenta y laboriosa a la vocación que el Señor nos ha confiado consistente en guardar toda la casa, evitando la actitud tanto de quien actúa en calidad de señor como la de quien se acomoda en la pereza y la irresponsabilidad. 

Cada creyente, con independencia del trabajo que lleva a cabo en la casa, es responsable de los demás. Y esa es la verdadera felicidad del discípulo, su verdadera realización, como dice Jesús: «Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber». 

Esta enseñanza evangélica nos previene de aquel individualismo religioso que se ha infiltrado en la mentalidad de muchos creyentes y que rebaja la sustancia del Evangelio y debilita la comunidad. Y un cristianismo individualista favorece los enfrentamientos y las incomprensiones, los abusos y las envidias, condenándonos así a la tristeza y a la insatisfacción de las que habla el Evangelio. Dichosos seremos nosotros si abrimos nuestro corazón al amor atento que acoge, guarda y defiende a todos.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 330

Ay de ustedes… por fuera parecen hermosos… por dentro están llenos de podredumbre

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (23, 27-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas.

¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!” Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Hoy, nos encontramos con las dos últimas -sexta y séptima- invectivas o ¡ayes! de Jesús contra los fariseos.

Sexto “¡ay!”: Cuando la apariencia externa es bella pero el corazón está corrompido

Es tan importante el quinto “¡ay”! que se enfatiza ahora en el sexto. Las costumbres funerarias de los tiempos de Jesús comprendían los siguientes pasos: 1) el difunto era envuelto en una sábana, 2) el cadáver se colocaba en una tumba construida en una gruta o una roca excavada, 3) una año después se recogían los huesos en una canasta y eran finalmente sepultados en un campo o en otra gruta, las conocidas “casas de los huesos”, 4) estos lugares de sepultura era pintados con carburo para poder reconocerlos fácilmente, 5) la pintura era renovada cada año, especialmente después del tiempo de lluvia.

Todo esto porque se quería: a) ser muy respetuosos con el difunto y b) evitar cualquier impureza por el contacto con cadáveres. 

Jesús de manera sarcástica observa la preocupación exagerada con el difunto mientras en la vida terrena se descuidan los deberes morales: el comportamiento con los vivos que debe ser recto y puro. Y así como en los sepulcros, la pintura sólo esconde penosamente los huesos de los muertos, así la justicia de los fariseos es meramente exterior. Del discípulo de Jesús se esperaría: comprender y vivir la verdadera pureza que está en el corazón.

Séptimo “¡ay”!: Cuando veneramos la memoria de los mártires pero no imitamos su conducta ni obedecemos su mensaje nos colocamos al nivel de sus asesinos. 

En continuidad con el ¡ay! anterior pasamos al mundo de las estatuas y de los grandes monumentos funerarios. En los tiempos de Jesús, a la orilla de los caminos, en los lugares visibles de las ciudades, en medio de los campos se encontraban muchos monumentos sepulcrales de profetas y grandes personajes de la historia de Israel. 

Jesús llama la atención sobre la memoria histórica que solemos hacer de los antepasados, la cual también puede estar también llena de hipocresía. Pues bien, esta memoria debe estar acompañada de un cambio de mentalidad que le ponga fin a la cadena de muerte y de injusticia que se ha venido incubando en la historia. 

El análisis de la historia nos debe llevar a transformarla. Del discípulo se esperaría una visión crítica de la historia y coherencia de vida.