Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

¡Velen! No saben qué día va a venir su Señor.

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XXI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (24, 42-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor.

Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre.

Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.

Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas.

Entonces todo será llanto y desesperación”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús nos advierte que no sabemos ni el día ni la hora de los «últimos días». Por eso se nos pide que estemos atentos. Para explicarlo, Jesús utiliza la parábola del «siervo fiel y prudente», y dice que cada discípulo recibe una misión que debe llevar a cabo. Pero no la recibimos para servirnos o realizarnos a nosotros mismos, sino para el crecimiento de la comunidad. 

Haremos bien en recordar que el Señor no nos salva individualmente, sino reuniéndonos en una familia, en un pueblo. Por eso Jesús habla de la tarea de vigilar a los siervos para darles la comida. La vigilancia evangélica no es una espera vacía, ni un empeño en agitarse solo para uno mismo. Dicha vigilancia es la fidelidad atenta y laboriosa a la vocación que el Señor nos ha confiado consistente en guardar toda la casa, evitando la actitud tanto de quien actúa en calidad de señor como la de quien se acomoda en la pereza y la irresponsabilidad. 

Cada creyente, con independencia del trabajo que lleva a cabo en la casa, es responsable de los demás. Y esa es la verdadera felicidad del discípulo, su verdadera realización, como dice Jesús: «Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber». 

Esta enseñanza evangélica nos previene de aquel individualismo religioso que se ha infiltrado en la mentalidad de muchos creyentes y que rebaja la sustancia del Evangelio y debilita la comunidad. Y un cristianismo individualista favorece los enfrentamientos y las incomprensiones, los abusos y las envidias, condenándonos así a la tristeza y a la insatisfacción de las que habla el Evangelio. Dichosos seremos nosotros si abrimos nuestro corazón al amor atento que acoge, guarda y defiende a todos.


[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 330

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