Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Ay de ustedes… por fuera parecen hermosos… por dentro están llenos de podredumbre

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Tiempo Ordinario

Miércoles de la XXI semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (23, 27-32)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas.

¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!” Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Hoy, nos encontramos con las dos últimas -sexta y séptima- invectivas o ¡ayes! de Jesús contra los fariseos.

Sexto “¡ay!”: Cuando la apariencia externa es bella pero el corazón está corrompido

Es tan importante el quinto “¡ay”! que se enfatiza ahora en el sexto. Las costumbres funerarias de los tiempos de Jesús comprendían los siguientes pasos: 1) el difunto era envuelto en una sábana, 2) el cadáver se colocaba en una tumba construida en una gruta o una roca excavada, 3) una año después se recogían los huesos en una canasta y eran finalmente sepultados en un campo o en otra gruta, las conocidas “casas de los huesos”, 4) estos lugares de sepultura era pintados con carburo para poder reconocerlos fácilmente, 5) la pintura era renovada cada año, especialmente después del tiempo de lluvia.

Todo esto porque se quería: a) ser muy respetuosos con el difunto y b) evitar cualquier impureza por el contacto con cadáveres. 

Jesús de manera sarcástica observa la preocupación exagerada con el difunto mientras en la vida terrena se descuidan los deberes morales: el comportamiento con los vivos que debe ser recto y puro. Y así como en los sepulcros, la pintura sólo esconde penosamente los huesos de los muertos, así la justicia de los fariseos es meramente exterior. Del discípulo de Jesús se esperaría: comprender y vivir la verdadera pureza que está en el corazón.

Séptimo “¡ay”!: Cuando veneramos la memoria de los mártires pero no imitamos su conducta ni obedecemos su mensaje nos colocamos al nivel de sus asesinos. 

En continuidad con el ¡ay! anterior pasamos al mundo de las estatuas y de los grandes monumentos funerarios. En los tiempos de Jesús, a la orilla de los caminos, en los lugares visibles de las ciudades, en medio de los campos se encontraban muchos monumentos sepulcrales de profetas y grandes personajes de la historia de Israel. 

Jesús llama la atención sobre la memoria histórica que solemos hacer de los antepasados, la cual también puede estar también llena de hipocresía. Pues bien, esta memoria debe estar acompañada de un cambio de mentalidad que le ponga fin a la cadena de muerte y de injusticia que se ha venido incubando en la historia. 

El análisis de la historia nos debe llevar a transformarla. Del discípulo se esperaría una visión crítica de la historia y coherencia de vida.

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