Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza

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semilla de mostazaTiempo Ordinario

Lunes de la XVII semana

Textos

Del evangelio según san Mateo (13, 31-35)

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto.

Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”. Les dijo también otra parábola: “El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas conparábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Esta parábola probablemente respondía a la pregunta de los primeros oyentes de Jesús: ¿cómo es posible que el reino de los Cielos se pueda presentar de manera tan oculta? El grano de mostaza se considera una de las semillas más pequeñas. Pero cuando crece alcanza una altura de dos o tres metros y puede acoger a pájaros en sus ramas.

Jesús dice que pasa lo mismo con la obra del Evangelio: al inicio se presenta modesta, insignificante, débil, como la más pequeña de las semillas. Y es así. ¿Qué hay que sea más débil que el Evangelio? Es tan solo una palabra que puede ser desatendida, olvidada y alejada. No se impone pisoteando nuestras voluntades: si la acogemos y la hacemos crecer, termina por ser bien visible y extiende su influencia más allá de nosotros.

A menudo nosotros despreciamos los inicios humildes, queremos ver los frutos evidentes, el fin de las adversidades y también de nuestra misma fragilidad. ¡Precisamente de la más pequeña e insignificante de las semillas nace la realidad más grande!

La siguiente parábola retoma esta lección. Una mujer quiere hornear pan. Añade a la masa de la harina una pequeña cantidad de levadura; lo amasa todo y luego lo cubre con un pafio y lo deja fermentar toda la noche. Por la mañana toda la masa ha fermentado gracias a aquella poca levadura. También en este caso el evangelista destaca la desproporción entre la humildad del inicio y la grandeza del final. Eso mismo pasa con el Evangelio.

Estas palabras nos dicen que no importa el pequeño número y la debilidad; ante Dios lo importante es ser realmente levadura. La levadura se debe perder en medio de la harina para hacer que crezca. Pasa lo mismo con la semilla que solo si cae en la tierra y muere puede dar fruto.

Es el secreto del amor: solo dándose, perdiéndose por los demás puede abrirse y mostrar su fuerza. Aquellos que quieran conservar su vida la perderán. Pasa lo mismo con la comunidad de los creyentes: es pequeña y débil, pero si deja que el Espíritu del Señor la guíe se convierte en una planta que acoge a muchos y en una levadura que hace fermentar la vida de los hombres. (Paglia, p. 296-297)

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 296-297.

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