Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden

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enseñanzaTiempo Ordinario

Jueves de la XVI semana

Textos

Del evangelio según san Mateo (13, 10-17)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús sus discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no.

Al que tiene se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Jesús acaba de narrar la parábola del sembrador. Es una parábola ejemplar, en el sentido que si no se comprende esta, es difícil entender las demás. Efectivamente, con esta parábola Jesús enseña su nueva manera de predicar el Evangelio, que es, precisamente, con parábolas.

En las parábolas los conceptos se mezclan con las imágenes y los acontecimientos de la vida de cada día que son bien comprensibles por quienes escuchan. El Evangelio tenía que llegar a todas partes. Cualquiera podía escucharlo y ser ayudado. Los apóstoles, sorprendidos por aquella decisión de Jesús, le preguntan directamente: «¿Por qué les hablas en parábolas?».

El anuncio del Reino de Dios, que es el corazón de la predicación evangélica, debía comunicarse de manera clara pero sin que fuera malinterpretado.

Para los judíos el Mesías tenía que instaurar el Reino por medios políticos y en algunos casos con violencia, como predicaban los zelotas. Jesús no quería que lo malinterpretaran. Por eso eligió un lenguaje que llegara a entrar en el corazón. Quien tenía sed de amor, iba a recibir más. Quien no tiene sed de amor, la agotará aún más.

Podríamos entender las palabras de Jesús así: a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. El lenguaje parabólico implica a quien lo oye y desarma a los fariseos. Además, Dios decidió revelar los «misterios del reino» a los pequeños y a los débiles. Ellos son los destinatarios del Reino. Por eso dice a los discípulos: «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!». Ellos, así como los débiles, reciben la gracia de poder tocar, escuchar y ver con sus ojos a Jesús. Él es «la parábola» de Dios entre nosotros.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 292-293.

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