Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa

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Signo-de-jonás Tiempo Ordinario

Lunes de la XVI semana

Textos 

+ Del evangelio según san Mateo (12, 38-42)

En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: “Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa”. El les respondió: “Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará, será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.

La reina del sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

¡Cuántas veces también nosotros, como aquellos escribas y fariseos, pedimos un signo que nos tranquilice! Parece algo razonable, legítimo, en el fondo. También Felipe había pedido: «muéstranos al Padre y nos basta».

En el fondo parece normal que para creer debamos tener pruebas suficientes, signos claros que nos convenzan. Aquella petición está llena de ambigüedad y revela desconfianza. No creemos que sea suficiente el ejemplo de Jesús con lo que hizo y dijo; buscamos pruebas seguras que nos libren del esfuerzo de tener que elegir y decidir.

En realidad, como para los hombres del Evangelio, también para nosotros el Señor lleva a cabo muchos milagros, en los que podemos ver su presencia, no para que nos convenzamos sino para que nos demos cuenta de su poder de amor, que es también el nuestro.

El mismo Jesús no puede dar otro signo que el de Jonás, es decir, el misterio de su muerte y resurrección. Efectivamente, del mismo modo que Jonás fue retenido durante tres días en el vientre del pez y luego Dios lo rescató y lo envió a predicar a Nínive, también el Hijo del hombre estará tres días en la tierra y luego el Padre lo resucitará para ser el salvador de todos. Por ese motivo en las lápidas de las catacumbas a menudo se le representaba como Jonás. Jesús es el signo que Dios dio a los hombres, signo infinitamente más grande de lo que Jonás fue para Nínive.

No obstante, nosotros nos resistimos a creer en Jesús, a convertirnos a él, a confiar en su palabra. La reina de Saba hizo un largo viaje para escuchar la sabiduría de Salomón. Y a nosotros nos cuesta enormemente el mero hecho de abrir el Evangelio y leerlo.

Hoy no hacen falta signos extraordinarios, asombrosos, esotéricos, sino una fuerte y clara predicación del Evangelio junto a una amplia manifestación de misericordia sobre todo con los más débiles. Estos son los signos que Jesús mismo practicaba y que confió a los discípulos de todos los tiempos.

Esta página evangélica pregunta a todos los discípulos y a todas las comunidades cristianas si son realmente un «signo» de amor y de misericordia. Es la tarea que Jesús continúa confiando a su Iglesia: ser luz y sal del mundo.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 289-290.

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