Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados

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Tiempo Ordinario

Jueves de la XV semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (11, 28-30)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré.

Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, encontramos una invitación de Jesús llena de ternura, que amplía nuestro horizonte de esperanza.

La oración de Jesús lo lleva de la contemplación de la bondad del Padre a la contemplación de sufrimiento de los “pequeños” del Reino.

«Vengan a mí» Con estas palabras, Jesús hace una invitación directa a todos sus oyentes para que se hagan sus discípulos, son los que «están fatigados y agobiados por la carga» y que en el camino discipular encontrarán alivio.

La invitación de Jesús es sincera, se dirige al corazón de toda persona, en medio de sus agitaciones internas, de su búsqueda de sentido, de sus sueño y anhelo, para que se conviertan en discípulos de la sabiduría.

Entre los fariseos del tiempo de de Jesús se hablaba de “tomar el yugo de la Ley” como una manera de describir la decisión de asumir la Palabra de Dios como norma de vida. El “yugo”, como sucede en el caso de los bueyes, hace inclinar la cabeza y da docilidad.

Dadas las complicaciones en que había caído el estudio de la Palabra, convertida en materia de retórica jurídica, el “yugo” de la Ley del Señor se había convertido en un fuerte peso para el pueblo que se sentía “fatigado y agobiado” por ella.

«Tomen mi yugo sobre ustedes» El evangelio de Jesús revelado a los pequeños es el nuevo “yugo” que no oprime sino que libera. El evangelio está hecho no para aplastar sino para levantar. Curiosamente, Jesús conserva el término «yugo» que ya empezaba a tener un sentido peyorativo para la gente,  expresando el mejor de sus sentidos:

Jesús no impone una nueva carga, sino que intercambia con nosotros la suya: Él toma los fardos pesados de nuestra vida sobre sus hombros y a cambio nos da su corazón “manso y humilde”.

Jesús toma nuestras preocupaciones y dificultades y nos entrega luego la “carga” de la misión, del anuncio de la Buena Nueva del Reino. Nos invita a acogerlo con sencillez, esta vez con una bella novedad: Él nos acoge primero con todo lo que tenemos y nos sumerge en la dulzura de su corazón.

Es así como viviremos siempre unidos a Él, teniéndolo como apoyo que da “descanso” a nuestro corazón inquieto y como modelo -«aprendan de mí»- que inspira nuestra vida.

 

 

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