Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Le basta al discípulo ser como su maestro

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Discípulos 4 

Tiempo Ordinario

Sábado de la XIV semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (10, 24-33)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Lebasta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.

No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.

A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

En el evangelio de hoy, encontramos una invitación a no perder la alegría del evangelio cuando se presentan dificultades en la misión de anunciarlo con la vida y la palabra.

En la misión las cosas pueden salir de manera distinta a como quisiéramos y de ello se sigue el deseo de echarse para atrás, de desistir. Es la situación que vivieron los cristianos a los que Mateo dirigía su evangelio: vivían en un ambiente de escepticismo y desencanto provocado por fracasos y problemas que se presentaron en la comunidad; el evangelista los anima a vivir su fe en medio de las dificultades y a luchar por mantenerse fieles a ella.

Lo peor que nos puede pasar a los cristianos es tener miedo, pues el miedo paraliza, encierra en falsas seguridades, acaba con los proyectos, genera resistencias internas que llevan a ceder en las opciones que se han hecho; el evangelista sabe el gran daño que hace el miedo a la misión y por ello recuerda las palabras de Jesús para fortalecer a sus discípulos, ofreciendo tres certezas que deben grabar en su corazón.

La primera. No olvidar la finalidad y el estilo de la misión. El discípulo no debe enfrentar a sus perseguidores, sino continuar predicando, sin miedo, públicamente, desde lo más alto: «Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.» Así es como actúa quien vive la «mansedumbre» y con «pureza de corazón», que al no tener nada que esconder no tiene nada que temer.

El mensaje, del que son portadores los discípulos de Jesús, se manifestará por la fuerza de la Palabra, nadie podrá paralizarlo o encubrirlo: «No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse». El discípulo sabe que el mensaje no es suyo, que lo ha recibido para proclamarlo a los demás; lo que Dios ha comunicado en su interior es lo que debe proclamar: «Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas».

La segunda. La vida del discípulo misionero está en los brazos del Padre. Fue la certeza que acompañó a Jesús particularmente a la hora de la Cruz. El discípulo puede confiar en Dios, la vida está segura en sus manos: «hasta los cabellos de su cabeza están contados.», cada persona vale mucho para Dios. Esta certeza debe acompañarse con la vigilancia, lo más grave para el misionero no es que puedan atentar contra su vida física sino que consigan desviarlo de su opción por el Reino. Es una conocida estrategia de los perseguidores, que tratan de seducir a los profetas, para cambiar su manera de pensar. El misionero debe estar siempre centrado en su opción; con la mirada puesta en el Reino, de lo contrario, lejos de cambiar al mundo, el mundo terminará cambiándolo a él.

La tercera. Jesús es fiel con quienes Él envía. En el momento de la prueba, el “sí” por Jesús, no caerá en el vacío: «A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos». Este «reconocer» describe la perseverancia del discípulo a quien las circunstancias orillan a esconder o negar su identidad discipular

Estas tres certezas custodiadas en el corazón del discípulo misionero le dan fuerza interior para ejercer la misión, para superar la crisis y perseverar en su vocación.

 

 

 

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