Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Se levantó, dio una orden a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

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tempestad 2Tiempo Ordinario

Martes de la XIII semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (8, 23-27)

En aquel tiempo, Jesús subió a una barca junto con sus discípulos.

De pronto se levantó en el mar una tempestad tan fuerte, que las olas cubrían la barca; pero él estaba dormido.

Los discípulos lo despertaron, diciéndole: “Señor, ¡sálvanos, que perecemos!” El les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Entonces se levantó, dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.

Y aquellos hombres, maravillados, decían: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?” Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Después de leer el largo discurso de Jesús conocido como Sermón de la Montaña, en la sección que ahora consideraremos se muestra cómo la fuerza del Reino se revela a través de los signos o señales que Él hace. En los siguientes dos capítulos -8 y 9 de san Mateo- encontramos nueve milagros: la curación de un leproso, la curación del sirviente del centurión; la curación de la suegra de Pedro, la tempestad calmada, que consideramos hoy y otros cinco.

Los discípulos representan a los cristianos del tiempo de Mateo que, después de haberse hecho discípulos de Jesús, experimentan la adversidad y están a punto de perecer.

Seguir a Jesús supone afrontar una existencia insegura y llena de adversidades, en la que muchas veces los discípulos, hombres de poca fe, pierden la confianza. Jesús se lo reprocha y enseguida, con la actitud propia del resucitado -se levantó se dice en griego con la misma palabra que resucitó-, les muestra su poder sobre los elementos de la naturaleza para hacerles comprender que Él sigue en medio de ellos para salvarlos y alentarlos en su misión.

Jesús se despierta, no por las olas, sino por el grito desesperado de los discípulos. Se dirige a ellos y dice: _”¿Por qué tienen miedo? ¡Hombres de poca fe!”_ Luego, él se levanta, amenaza los vientos y el mar, y todo queda en calma.

Queda la impresión de que no era necesario aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando llegas a casa de un amigo, y el perro, que está junto al del dueño de la casa, empieza a ladrarte; sabes que no hay nada que temer porque tu amigo está presente y controla la situación.

¿Quién es Jesús para nosotros, para mí? Esta debe ser la pregunta que nos lleva a continuar la lectura del Evangelio, todos los días, con el deseo de conocer más y más el significado y el alcance de la persona de Jesús para nuestra vida.

 

 

 

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