Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

No he venido a abolir la ley sino a darle plenitud

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Sermón de la MontañaTiempo Ordinario

Miércoles de la X semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (5, 17-19)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

La novedad del Evangelio que Jesús vino a traemos no representa una ruptura total con la tradición bíblica. Al contrario, Jesús afirma claramente que ha venido a cumplir la alianza que Dios estableció con su pueblo.

Toda la historia de amor que Dios ha ido construyendo hasta ahora con su pueblo, llega al culmen, a su verdadera realización con Jesús. Aquel amor que hizo que Dios bajara del cielo para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, aquel amor por el que el Señor acompañó a Israel en la larga travesía por el desierto y durante los siglos posteriores, se plasma ahora en Jesús.

Con Jesús se cumple la manifestación de Dios en la tierra. Jesús materializa la palabra de Dios que resuena en la tierra desde Abrahán. Jesús no sortea las disposiciones de Dios, no las borra; las lleva hasta sus últimas consecuencias. No cambia ni siquiera una iota (la letra más pequeña del alfabeto griego), porque no hay que dejar de lado ni una sola palabra de las Escrituras, ni siquiera la más pequeña.

Al igual que el Maestro, también el discípulo debe llevar a cabo en la vida de cada día lo que está escrito en la Biblia. y el corazón de las páginas bíblicas, la columna vertebral que las une, se puede resumir en las palabras finales de Jesús a final de este capítulo: «Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo», unas palabras que ya encontramos en el Levítico en boca de los miembros del pueblo de Israel: «Sean santos, porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19, 2).

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 245.

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