Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

No he venido al mundo para condenarlo, sino para salvarlo

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Cristo Luz IV Miércoles de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (12, 44-50)

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo quedecir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna.

Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Seguimos profundizando nuestra participación en la muerte y resurrección de Cristo por medio del bautismo. Uno de los símbolos de este sacramento es la luz significa a Cristo Luz del mundo y la iluminación por la fe. El texto que hoy contemplamos evoca la identidad del Señor que es presencia de Dios en medio de su pueblo como Luz que vence a las tinieblas.

La estrecha relación del Padre y del Hijo, su inefable amor, se hicieron visibles al mundo por medio de Jesucristo, que es Verbo de Dios hecho carne. En el texto que leemos se establece un paralelo entre “ver” y “creer”: quien “ve a” y “cree en” Jesús, en realidad está “viendo a” y “creyendo en” Dios Padre, que es quien lo ha “enviado”.

El creyente es una persona “iluminada” por el fulgor de la gloria de Jesús, que ha venido como Luz que penetra en lo más recóndito de la vida humana. Entonces las tinieblas se transforman y es posible caminar en el proyecto de vida de Jesús: “Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas”.

Jesús enseguida urge la respuesta. El “creer” tiene que concretarse en la “escucha” de la Palabra y en su puesta en “práctica”. Jesús enuncia esto en positivo y en negativo, como las únicas dos alternativas posibles. Cualquier camino que se escoja tiene una consecuencia: el “creer” lleva a la “salvación” y el “rechazar” a Jesús lleva al “ser juzgado”. Jesús quiere la salvación, pues para eso ha venido al mundo, no para condenarlo.

El mandamiento del Padre “es vida eterna”. Todas las palabras y acciones de Jesús tienen esta finalidad. Jesús insiste en que ha sido fiel a su misión: “Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar.”

Quien acoge a Jesús -Luz del mundo- escapa de las tinieblas de la muerte, de la incomprensión, del pecado y se salva a sí mismo de la ceguera espiritual; esto, porque cree en Él,  guarda en su corazón sus palabras y las pone en práctica.

 

 

 

 

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