Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: abril 2020

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna.

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ultima cena 2 

Jueves III de Pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (6, 44-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios.

Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida.

Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

Continuamos meditando el discurso del Pan de Vida. En el pasaje de este día, Jesús utiliza imágenes accesibles a todos, pues forman parte de la vida diaria, son imágenes fuertes para expresar lo que sucede en el encuentro vivo con Él.

En Jesús la vida encuentra una nueva satisfacción porque Él es la respuesta a nuestras búsquedas más profundas. El hambre termina cuando conocemos a Jesús y, por medio de él, a Dios. En Él, el corazón inquieto encuentra su reposo, el corazón hambriento se halla colmado en sus más profundos deseos. La vida deja de ser un mero “subsistir”, un mero “vegetar”, o un campo de batalla indeseable donde nos derrotan las soledades y las frustraciones, para convertirse en una aventura llena a la vez de emoción y de paz.

La frase sobre el hambre y la sed que se sacian definitivamente, nos muestra además que cada momento de nuestra vida tiene un toque eternidad; cada instante de nuestra existencia es verdaderamente vida si está lleno de Dios.

El evangelio ha dejado claro que la comunión con Dios sólo es posible por medio de Jesús y por eso Él es “pan” imprescindible para la vida en Dios. Sin Él nunca habría sido posible participar de la vida divina, por ello, es necesario entrar en relación con Jesús, pero no cualquier tipo de relación.

“Venir” a Jesús es lo mismo que “creer” en Él. Con estos términos se describe la fe como una dinámica relacional, como un acudir a Él mediante sucesivos acercamientos. A Jesús lo vemos cara a cara en la Sagrada Escritura, en la Eucaristía, en los hermanos -especialmente en los pobres y en los que sufren-, pero “creer” es más que verlo: hay que acercarse a él, hay que dar el paso de la fe, esto es, hacerlo amigo, conocerlo, crecer en una relación de intimidad con él.

La dinámica de la fe es similar a la de la búsqueda del alimento. Cuando tenemos hambre nos movemos en busca de algo para comer, lo mismo hacemos cuando tenemos sed. Quien tiene fe, se pone en movimiento para acercarse a Jesús; no se le debe mirar a distancia, hay que aproximarse a Él, es accesible y podemos tratarlo como a un amigo.

Entonces, nuestra vida se fundamenta en Él, nuestro ser arranca y crece en un impulso de libertad, y nos sentimos a gusto con Dios y con la vida. La vida que Jesús ofrece es directamente proporcional a esta relación. Los horizontes del corazón se abren en la medida en que se ahonda la intimidad con el Señor.

Quien vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Quien se nutre de Jesús -que es el pan de la vida- no morirá. Quien en la fe, interioriza su Palabra y asimila su vida, vivirá para siempre.

 

 

 

 

El que viene a mí no tendrá hambre

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Pan de Vida 3

Miércoles de la III semana de pascua

Textos

† Del evangelio según san Juan (6, 35-40)

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Yo soy el pan de la vida.

El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero como ya les he dicho: me han visto y no creen.

Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.

La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El pasaje del evangelio que leimos ayer concluía con una de las expresiones consideradas entre las más bellas de toda la Biblia, “Yo soy el pan que da la vida:  quien viene a mí no pasará hambre,  quien cree en mí nunca tendrá sed”, con las que inicia el pasaje que leemos este día.

Nos encontramos con el primer «Yo  soy» que antecede a una preciosa secuencia de imágenes con las que se identifica Jesús en el evangelio de Juan: «Yo soy la luz  del mundo», «…el buen pastor», «…el camino, la verdad y  la vida», «…la vid y vosotros los sarmientos».

Con la expresión «Yo Soy», Jesús nos remite a la revelación de Dios a Moisés en el monte Horeb; en aquella ocasión, Dios le reveló su nombre: “Yo soy el que soy”; definiéndose a sí mismo esencialmente por el hecho de estar presente en medio de su pueblo.

Adjudicándose el «Yo soy», Jesús dice que en Él Dios se hace presente entre nosotros, por nosotros y para nosotros. Jesús en persona es la nueva y definitiva forma de la presencia de Dios, cuya misión es no sólo ser protección y guía, sino sobre todo ser comunión personal de vida. Jesús no quiere darnos solamente pan, sino también la comunión personal de vida con Dios para siempre.

¿Por qué Jesús se compara con el pan? Porque el pan -que es una manera de referirse al alimento en general- es imprescindible para vivir. La relación que una persona tiene con el alimento no es opcional, es vital. No podemos decir sin más que viviremos sin comer; dependemos del alimento en forma irrenunciable, pues es básico para nuestra existencia, para nuestra vida.

En un primer nivel de comprensión, Jesús nos está diciendo que así como el alimento es necesario para la vida, Él es necesario para nosotros. Hay que buscar a Jesús con la misma motivación con que buscamos el pan de cada día. ¡Jesús  debe ser para nosotros una necesidad vital!

Pero todavía hay más. Jesús es pan que “da la vida”; se trata de algo más que sobrevivir; la vida verdadera es la nueva relación con Dios, esa relación de amor y confianza que se realiza en la amistad con Jesús. Esta comunión de amor es la verdadera vida, la existencia plena; de ahí que sin Jesús podemos sobrevivir satisfaciendo las necesidades básicas y con Jesús podemos vivir en plenitud.

 

 

 

Yo soy el pan de la vida

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panPascua

Martes de la III semana

Textos

† Del evangelio según san Juan (6, 30-35)

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo.

Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”. Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.

Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida.

El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

El discurso del pan de vida que comenzamos a leer ayer desarrolla una catequesis basada en preguntas y respuestas. Cuando se lee despacio y con atención, se descubre el itinerario que se nos invita a recorrer. Jesús va conversando con la gente y la va llevando como si  estuviera subiendo una escalera: cada paso lleva a un nivel más alto.

Observemos el itinerario básico. En la primera parte de la catequesis sobre el pan de vida notamos los siguientes pasos: a) El nuevo encuentro con Jesús en “la otra orilla del mar”; b) purificar los motivos de la “búsqueda”; c) dar un salto cualitativo en la “búsqueda” dejándose orientar por la nuevas pistas dadas por Jesús; d) Hacer la comunión vivificante entre el hombre y Dios, acogiendo el “Pan  de Vida” que es Jesús.

Los dos primeros los consideramos ayer, hoy nos detenemos brevemente en los dos últimos puntos.

En primer lugar:, los interlocutores de Jesús, teniendo en cuenta que Jesús se presenta como el que “obra” de parte de Dios, se remiten inmediatamente a una de las grandes  acciones de Dios en favor de su pueblo durante el camino en el desierto y le piden que actúe de manera semejante. La multiplicación de los panes, les hizo recordar el don del maná en el desierto, cuando Dios alimentó milagrosamente al pueblo peregrino y lo salvó de morirse de hambre.

Los judíos interpelan a Jesús que les pide que “crean en el enviado” y lo desafían para que actúe igual que Dios, que en el desierto dio “pan del cielo” al pueblo de Israel. La respuesta de Jesús: “Es mi Padre quien da el verdadero pan del  cielo…” En su respuesta, con palabras precisas, Jesús abre los horizontes de la mente y el corazón de sus interlocutores para que puedan descubrir en su persona la presencia y la obra de Dios.

Al decir “es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo”, se afirma que en la nueva pascua de Jesús, el Padre está ofreciendo un nuevo maná en el que no hay ambigüedades. Si bien el maná en  el desierto fue toda una bendición para “sobrevivir” y que les mató el hambre sólo por un tiempo; en el “pan” que ofrece Jesús, que es el pan que da el Padre, y del cual la multiplicación fue un primer signo, se ofrece un alimento  infinitamente superior que va más allá de la sobrevivencia y mata el hambre definitivamente, por eso es “verdadero pan”

Jesús les dice que el maná no había sido el verdadero pan de  Dios, sino apenas un símbolo. El “pan de Dios” tiene dos características: la primera, “baja del cielo” y la segunda, “da vida al mundo”.

La ultima etapa del diálogo de la gente con Jesús, es la petición y el ofrecimiento de ese pan que Jesús poco a poco ha hecho anhelar: “Señor, danos siempre de ese pan”; con esta súplica que parte del fondo del corazón, se deja entender que “Jesús” rebasa las expectativas de satisfacción de las necesidades vitales del  hombre. Por fin la gente ha entendido que no hay que buscar en el Maestro únicamente el pan terreno; se reconoce que él puede, y de hecho quiere, dar un regalo incomparablemente mayor que viene de lo alto.

En un determinado momento, la muchedumbre da la impresión de haber comprendido: «Señor, danos siempre de ese pan» (v. 34). Pero la verdad es que la gente no comprende el valor de lo que piden y anda lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, excluyendo cualquier equívoco, precisa: « Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre» (v. 35). Él es el don del amor, hecho por el Padre a cada hombre. Él es la Palabra que debemos creer. Quien se adhiere a él da sentido a su propia vida y alcanza su propia felicidad.