Ecos de la Palabra

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El que quiera venir conmigo… cargue con su cruz y que me siga

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Viernes de la VI semana

Textos

+ Del evangelio según san Marcos (8, 34–9, 1)

En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga.

Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”. Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”Palabra del Señor.

 

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Pedro, como ya hemos visto, ha confesado el mesianismo de Jesús, aunque sin saber muy bien lo que decía. La prueba es que inmediatamente después, cuando Jesús habla de la necesidad de que el Hijo del hombre sufra mucho, Pedro lo coge aparte y trata de disuadirlo.

Entonces Jesús considera que ha llegado el momento de decir con toda claridad a sus discípulos que su destino doloroso, el rechazo de los hombres, son realidades que ellos mismos deben asumir, realidades que deben llevar junto con él: «Si alguno quiere venir detrás de mi, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga».

Se trata de renunciar a sí mismo, a los propios puntos de vista, a la propia voluntad, a los propios sueños de grandeza. Más aún, Jesús lleva a cabo un cambio radical de perspectiva que nos recuerda este dicho de Isaías: «Mis pensamientos no son sus pensamientos, sus caminos no son mis caminos, oráculo del Señor» (Is 55,8). En la práctica, es siempre lo contrario lo que resulta verdadero: si nosotros pensamos una cosa, es que Dios piensa otra; si nosotros recorremos un camino, es que Dios nos pide que recorramos otros.

Hay un dicho de Jesús que aparece varias veces en los cuatro evangelios, un dicho que posiblemente presente más posibilidades que ningún otro de ser una ipsissima vox Iesu, un dicho históricamente auténtico de Jesús. Este dicho, que no tiene paralelos en toda la literatura rabínica, suena precisamente así: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia la salvará» (8,35). ¿Queremos salvar nuestra vida? En realidad, ya la hemos perdido. ¿Hemos perdido nuestra vida? En realidad, la hemos salvado.

 

[1] G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. 9., 289-290

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