Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Este es el Cordero de Dios

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Juan señala al Cordero

Tiempo Ordinario

Domingo de la II semana

Ciclo A

Textos

+ Del santo Evangelio según san Juan (1, 29-34)

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacía él, y exclamó: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’.

Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martin Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje

La escena que contemplamos este domingo se encuentra al inicio del evangelio según san Juan en el texto conocido como Prólogo. Este texto abre solemnemente el evangelio y condensa la visión que el evangelista tiene de Cristo y que después desarrollará de manera narrativa.

Conforme a la tradición, el ministerio del Bautista estaba vinculado al inicio del ministerio de Jesús. El prólogo intercala dos menciones del Bautista, la primera para aclarar que él no es la luz sino que da testimonio de la luz; la segunda, que es la que escuchamos este domingo, para dar su testimonio sobre Jesús, a quien presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cordero de Dios

Jesús a primera vista es un hombre ordinario, conocido como carpintero en Nazaret. Juan inspirado lo reconoce y lo designa como Cordero de Dios. Él mismo dice que lo ha reconocido porque tuvo una revelación y una señal divina le ha permitido reconocerlo; esa señal tuvo lugar en el Bautismo, lo sabemos por los otros evangelistas, que refieren que cuando Jesús recibió el bautismo el Espíritu Santo se manifestó en forma corpórea descendiendo sobre él en forma de paloma.

Los israelitas no eran muy dados a identificar a las personas con algún animal; sin embargo, el cordero o la oveja tiene un profundo significado simbólico, veamos por qué:

  • El cordero es la víctima del sacrificio (cf. Gn 22,7)
  • El pueblo se identifica con las ovejas del rebaño de Dios (Sal 99,3);
  • La sangre del cordero está relacionada con la preservación de la vida y la liberación de la esclavitud (cf. Ex 12);
  • El cordero simboliza el sufrimiento redentor, el del inocente que entrega la vida (cf. Is 53,7),
  • El cordero además simboliza la mansedumbre.

Los sacrificios de la antigua alianza no podían quitar los pecados (Cf. Heb 10.4) porque los animales sacrificados eran víctimas expiatorias sin voluntad ni conciencia. Jesús, el Cordero de Dios, en cambio se ofrecerá como víctima inocente y sin mancha y con este sacrificio quitará el pecado del mundo.

Que quita el pecado

Quitar el pecado significa eliminar lo que se opone a la vida que Dios ofrece, lo que se opone a los valores del Reino; incluye el perdón y la posibilidad real de arrancarlo de raíz. En la mentalidad judía el pecado no consistía sólo en la transgresión de un precepto o en portarse mal como diríamos nosotros, expresa también la falta de claridad que impide acertar en la orientación que se da a la vida.

El Cordero de Dios purifica y ofrece las capacidades para que el pecado se vaya erradicando del mundo. No se trata de retirar el pecado de cada persona, o de un grupo; la redención de Jesús va más allá, quitará el pecado del mundo. Si la humanidad se apropia la redención obrada por el sacrificio de Jesús, el Cordero de Dios, tenemos la seguridad de que el pecado que deshumaniza se eliminará de raíz.

Juan presenta a Jesús como Cordero de Dios con el propósito de que  lo sigan y el evangelio nos narra como dos de sus discípulos se fueron tras de Él. Con esta presentación el evangelista también deja clara la distinción y superioridad de Jesús respecto al Bautista. Había quienes creían que Juan era el Mesías y para despejar las dudas el evangelio nos presenta la identidad y la función de Juan que es ser testigo del Cordero de Dios, facilitar que se encuentren con Él y que lo sigan.

Jesús con su muerte redentora en la cruz nos redime del pecado; con su vida y su Palabra abre un gran horizonte a nuestra vida para que esta tenga sentido, para que tengamos claridad sobre la finalidad de nuestra existencia y que para lograr esta finalidad es muy importante saber distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira, el amor del odio.

En la medida en que nos identifiquemos con Jesús y nos incorporemos a su obra salvadora el pecado del mundo irá perdiendo terreno y existirán condiciones reales para vivir en fraternidad pues seremos capaces de reconocernos hijos de Dios. Ser discípulos de Jesús nos pide entregarnos con Él, y como Él enfrentar con mansedumbre el poder del pecado y de la muerte sabiendo que es Dios quen nos sostiene y su Espíritu el que nos hace fuertes.

 

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