Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

Archivos Mensuales: diciembre 2019

Herodes va a buscar al niño para matarlo

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Huida a Egipto

Octava de Navidad 

28 de diciembre

Los Santos Inocentes

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (2, 13-18)

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes.

Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente honran a los santos inocentes, asesinados por Herodes para eliminar a Jesús. «¡Todavía no hablan y ya confiesan a Cristo! Todavía no son capaces de afrontar la lucha … y sin embargo ya llevan triunfantes la palma del martirio», canta un antiguo Padre de la Iglesia.

La crueldad de Herodes resulta estremecedora. El miedo a perder el poder, incluso ante un niño, le empuja a una crueldad inaudita. Verdaderamente Herodes parece personificar la fuerza violenta del mal. En su corazón está la furia homicida que desencadena dolor, llanto, gritos y lamentos. Herodes quiere salvar su poder a toda costa, incluso perpetrando una masacre terrible. La fuerza del mal es contrastada por José, privado de cualquier tipo de poder, fuerte sólo de la fe. Él, una vez más, escucha al ángel y obedece a su palabra: «Toma consigo al niño y a su madre» y huye a Egipto.

Esta página evangélica no presenta sólo un hecho del pasado; también en nuestros días y en muchos lugares de la tierra, continúan produciéndose matanzas de pequeños y de indefensos. Sí, millones de niños son asesinados por el hambre y la enfermedad; muchos son objeto de violencia, de atracos y de explotación. Y cuántos niños en estos tiempos encuentran la muerte mientras huyen de la guerra y los conflictos, en medio de la cruel indiferencia de quien no consigue conmoverse ni siquiera por estos pequeños a los que podemos considerar «nuevos mártires inocentes».

La crueldad hacia los niños es una terrible plaga que sigue golpeando transversalmente al mundo entero. Es necesario que crezca la indignación contra esta crueldad. Y es urgente que crezca el número de cristianos y de hombres de buena voluntad que hoy, como entonces José, tomen consigo a los pequeños y a los débiles para salvarles de la fuerza homicida del mal.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 41.

Los dos iban corriendo juntos

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Juan y Pedro

Octava de Navidad

27 de diciembre

                                                        San Juan apóstol y evangelista

 Textos

+ Del evangelio según san Juan (20, 2-9 )

El primer día después del sábado, María Magdalena vino corriendo a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso, llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Juan es uno de los primeros cuatro discípulos llamados por Jesús. De aquel encuentro -que tuvo lugar a orillas del lago de Tiberíades-  el evangelista recuerda incluso la hora: eran las cuatro de la tarde. ¿Cómo podría Juan olvidar aquel encuentro que le cambió la vida? Fueron las horas que marcaron para siempre su vida, junto a la de Pedro. Desde aquel momento Juan se convirtió en discípulo de Jesús.

La tradición lo señala como «el discípulo a quien Jesús amaba». En efecto, durante la última cena, fue el único que pudo reclinar su cabeza sobre el pecho del Señor. Y, junto a Pedro y Santiago, acompañó a Jesús en el huerto de los Olivos durante la agonía. Pero, al igual que los demás discípulos, también huyó, aunque más tarde volvió sobre sus pasos y llegó hasta la cruz donde acogió la invitación de tomar consigo a María.

Temprano en la mañana del día de Pascua, corre con Pedro hacia el sepulcro. Como es más joven que Pedro llega antes, ve las vendas por el suelo, pero no entra. Espera a Pedro, más avanzado en años. Los Padres comentan: el amor corre más deprisa y llega antes. Sin embargo, Juan sabe esperar a que llegue el otro hermano para entrar juntos en la tumba. Nunca se corre solos. Juan había aprendido que Jesús mandaba siempre a los discípulos «de dos en dos». Aquella mañana también entraron en dos al sepulcro. Y en cuanto entró, Juan «vio y creyó». Comprendió que el cuerpo de Jesús no había sido robado, a la vista estaban los lienzos en el lugar donde lo habían depositado, y creyó.

Su testimonio, recogido en el cuarto Evangelio y en las Cartas, se centra completamente en la predicación del amor de Dios y de los hermanos entendido como el corazón del mensaje del Maestro. Se cuenta que, bien entrado ya en años, Juan era llevado sobre una silla a la asamblea de los cristianos y repetía siempre el mandamiento del amor. Y cuando le preguntaban por qué seguía repitiéndolo, decía: «¡Porque es el mandamiento del Señor! Si se practica, con eso basta».

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 40

No serán ustedes los que hablen… el Espíritu hablará por ustedes

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san estebanOCTAVA DE NAVIDAD

26 de diciembre

San Esteban

Textos

+ Del evangelio según san Mateo (10, 17-22)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los injurien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque, en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre, a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin se salvará”. Palabra del Señor.

Voz: Marco Antonio Fernández Reyes
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Acabamos de celebrar el santo misterio del nacimiento de Jesús. La liturgia nos hace contemplar hoy el nacimiento al cielo del primer mártir cristiano, Esteban. Él es el primer fruto maduro de la predicación del Evangelio del amor, aquel amor que empujó a Dios mismo a enviar a su Hijo sobre la tierra y a poner su tienda entre nosotros.

En estos días, a partir de hoy, a través de la memoria de diferentes testigos, la Iglesia nos muestra cuál es el fin de la encamación del Hijo de Dios: llevar a los hombres al cielo de su amor un amor gratuito que no conoce límites.

El pasaje evangélico que la Liturgia propone forma parte del discurso misionero de Jesús a los Doce: «Mirad que yo los envío como ovejas en medio de lobos». Esta palabra es la que da razón de la misión misma de Esteban, como de la de los testigos de todo tiempo. Los discípulos comprendieron inmediatamente las palabras del Maestro y se preocuparon. Pero Jesús les aseguró que Él mismo estaría siempre con ellos y su Espíritu les sostendría.

Esteban es el primero de los mártires, el primer cordero sacrificado a imitación del Maestro. Condiscípulo de Pablo en la escuela de Gamaliel, Esteban se unió a la predicación de los apóstoles y fue después elegido uno de los siete diáconos para el servicio de la caridad. Estaba «lleno de gracia y de poder, realizaba entre el pueblo grandes prodigios y señales», narran los Hechos. No podía callarse el Evangelio que había recibido y que le había cambiado también la vida. Y no se rindió cuando las oposiciones y la violencia se abatieron sobre él. Siguiendo el ejemplo de su maestro, mientras era lapidado pidió a Dios que acogiera su espíritu y perdonara a sus perseguidores.

Esteban conduce el cortejo de todos los que, en todo lugar y en todo tiempo, también hoy y de forma verdaderamente numerosa, han dado testimonio y siguen dando testimonio del Evangelio hasta el derramamiento de su sangre. Todos ellos, que han «visto los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios», hoy ven a Dios «cara a cara». A nosotros nos dejan un precioso ejemplo de cómo escuchar el Evangelio para seguir a Jesús.

 

[1] V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 39.