Ecos de la Palabra

Textos bíblicos, comentarios y reflexiones pastorales

El Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños

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oveja pérdida

ADVIENTO

Martes de la II semana

Textos

† Del evangelio según san Mateo (18, 12-14)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron.

De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”. Palabra del Señor.

 

Voz: Marco Antonio Reyes Fernández
Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

Jesús pronuncia estas palabras en un momento de polémica con los fariseos, que pretendían ser la guía del pueblo de Israel. Pero eran malos pastores. Su legalismo les llevaba a despreciar y a ser intolerantes con los débiles y los pecadores.

Jesús se presenta como el buen pastor cuya primera tarea es la de ser misericordioso. Y narra la parábola de la oveja perdida: «¿Qué ocurre si una oveja se pierde?». La reacción espontánea del buen pastor es dejar todas las demás en el redil y ponerse a buscar la que se ha perdido hasta encontrarla.

Jesús no entra en consideraciones acerca de la culpa de la oveja, solamente llama a la responsabilidad del pastor. El extravío de la oveja, incluso de una sola, no disminuye el cuidado del pastor hacia ella, es más, lo acrecienta.

El evangelista añade que si la encuentra-desgraciadamente no siempre la búsqueda llega a buen término- «se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron». Jesús aclara que la voluntad del Padre es que ninguno se pierda. Es más, el Padre le ha enviado a la tierra precisamente para esto, para encontrar lo que se había perdido.

¡Qué diferencia frente al descuido que tenemos unos de otros! Contrariamente a nuestra indiferencia, el Señor cuida de cada uno a partir de los que se han extraviado. Podríamos decir que se hace mendigo de cada uno de nosotros. He aquí la calidad del amor que debe reinar en la vida de las comunidades cristianas; un amor que no conoce límites.

Cada discípulo debe tener el mismo cuidado de Dios hacia cada hermano y hermana. De un amor como éste es de donde nace la alegría y la fiesta de la fraternidad. Escuchando este Evangelio no podemos dejar de interrogamos sobre la calidad del amor que practicamos entre nosotros y dentro de nuestras comunidades cristianas. ¡Cuántos sufren o se alejan sin que nadie se haga cargo de ellos! Jesús, buen pastor, nos llama a la primacía del amor por los demás, sobre todo de los débiles y de quienes se dejan atropellar por el mal.

 

[1] Cfr. V. Paglia – Comunidad de Sant’Egidio, La palabra de Dios cada día, 2018, 23-24.

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